Las Regencias
Regencia de María Cristina de Borbón (1833-1840)
María Cristina de Borbón-Dos Sicilias actuó como regente en nombre de su hija Isabel II desde la muerte del rey Fernando VII de España (1833) hasta su renuncia y sustitución por el general Baldomero Espartero (1840).
Fernando VII falleció en 1833, cuando su hija Isabel tenía poco menos de tres años. María Cristina gobernó como regente hasta 1840, año en que se vio obligada a entregar la regencia al general Baldomero Espartero.
A la muerte de Fernando VII, la titularidad de la Corona fue disputada por el infante Carlos, hermano del difunto rey, quien atribuía su derecho a la Ley Sálica. Este hecho dio lugar al inicio de la Primera Guerra Carlista. En este conflicto, el infante Carlos, al principio desde el exilio y después desde Navarra y el País Vasco, desarrolló una feroz campaña militar, siendo finalmente derrotado.
Durante su regencia, María Cristina se apoyó en los liberales para defender los derechos de su hija. Mediante el Estatuto Real de 1834 concedió algunas libertades, pero los progresistas exigieron un constitucionalismo pleno que llevó a la promulgación de la Constitución de 1837.
Tras varios intentos fallidos de mantener el poder, María Cristina hubo de entregar la regencia a Espartero y exiliarse, saliendo de España.
Regencia de Baldomero Espartero (1841-1843)
Espartero alcanzó la Regencia mientras María Cristina marchaba al exilio en Francia. No obstante, el Partido Progresista se encontraba dividido:
- Los trinitarios defendían el nombramiento de una Regencia compartida por tres miembros.
- Los unitarios, capitaneados por el propio Espartero, mantenían la necesidad de una Regencia unipersonal.
Finalmente, Espartero fue elegido el 8 de marzo de 1841 Regente único del Reino. Su modo de gobernar, dictatorial, personalista y militarista, provocó la enemistad con muchos de sus partidarios.
Esta situación de tensión interna entre los progresistas fue aprovechada por los moderados con el levantamiento de O’Donnell en 1841. El general Prim se sublevó en Barcelona, y le siguieron Granada y Madrid.
En 1843, Espartero se vio obligado a disolver las Cortes. Narváez y Serrano encabezaron un pronunciamiento conjunto de militares moderados y progresistas, en el que las fuerzas propias del Regente se pasaron al enemigo en Torrejón de Ardoz. Tras huir por Cádiz, Espartero marchó al exilio en Inglaterra.
El Reinado de Isabel II
Consolidación del Estado Liberal
Isabel II (1830-1904) fue reina de España entre 1833 y 1868. Tras la muerte de Fernando VII, subió al trono gracias a la abolición de la Ley Sálica por medio de la Pragmática Sanción. Esto provocó la insurgencia del infante Carlos, apoyado por los grupos absolutistas (los carlistas), dando inicio a la Primera Guerra Carlista.
Durante los treinta y cinco años de su reinado se consolidó el difícil tránsito en España desde un Estado absolutista a otro liberal-burgués. Este periodo se caracterizó por:
- La promulgación de la Constitución moderada de 1845, que agrandó la distancia entre liberales y moderados.
- El falseamiento de las instituciones y la corrupción electoral (ningún partido que hubiera organizado unas elecciones las perdió en ese periodo).
- La interferencia de la reina en la política de la nación, fácilmente manipulada por sus ministros y por la «camarilla» religiosa de la corte.
- La modernización del país con las líneas de ferrocarril, aunque la creación de la red ferroviaria sirvió a muchos para enriquecerse (incluida la madre de la reina, María Cristina).
- La reapertura de las Universidades, a pesar de que los equipamientos culturales eran muy pobres.
Crisis Definitiva del Reinado (1864-1868)
En la última etapa del reinado de Isabel II, la clase media y la clase obrera exigían un cambio en profundidad. La respuesta del régimen no fue otra que resistir mediante la fuerza.
Leopoldo O’Donnell fue llamado de nuevo por Isabel II a presidir el gobierno en 1865. Tuvo que sofocar la sublevación de los sargentos del cuartel de San Gil, apoyada por el general Prim. Las desavenencias con Isabel II le llevaron a entregar el gobierno a Narváez. La Unión Liberal participó activamente en el destronamiento de Isabel II en 1868.
En el último momento, con Narváez como presidente del gobierno, el régimen rozó el sistema dictatorial. El final llegó con la dura batalla de Alcolea (28 de septiembre de 1868), que abrió las puertas al triunfo de la revolución, la cual supuso el fin de Isabel II.
El Sexenio Democrático
“La Gloriosa” o Revolución de 1868
La Revolución de 1868, encabezada por los generales Serrano y Prim, derrocó a la reina Isabel II. Se inició así el periodo denominado Sexenio Democrático.
Características del Sexenio Democrático o Revolucionario
Este proceso se extendió desde el triunfo de la revolución de septiembre de 1868 hasta el pronunciamiento de diciembre de 1874, que supuso el inicio de la etapa conocida como Restauración Borbónica.
El Sexenio se inició con una revolución antidinástica que pretendía (y consiguió) derrocar a la reina Isabel II e implantar un régimen demoliberal como logro definitivo de la revolución burguesa.
La Constitución de 1869 y la Monarquía de Amadeo I
Se aprobó una nueva Constitución (1869) de carácter liberal, que, sobre el principio de soberanía nacional, establecía el sufragio universal y reconocía diversas libertades (culto, imprenta, reunión). Se adoptó el sistema monárquico de gobierno, pero como representante de la Nación; la función legislativa correspondería a las Cortes. La labor reformadora se completaba con legislación administrativa, judicial y local, y con la liberalización económica.
Las Cortes eligieron como monarca al duque de Aosta, Amadeo I de Saboya (noviembre de 1870), cuyo breve reinado (1870-1873) fue seguido por la implantación de la I República Española.
Etapas Políticas del Sexenio
En la actividad política de estos años participaron cuatro bloques políticos (unionistas, progresistas, demócratas y republicanos). Intervinieron también el movimiento obrero y la cuestión de Cuba, iniciada en esa época. El proceso político de los seis años de crisis revolucionaria se puede dividir en tres etapas:
- Monarquía constitucional (Amadeo I).
- República federal.
- República unitaria y presidencialista (Gobierno de Francisco Serrano, duque de la Torre).
Después de estas tres etapas, la situación política del país desembocaría en la Restauración Borbónica.