1. La Monarquía Hispánica de los Reyes Católicos
Entre 1492 y 1700 se gestó la formación de un Estado moderno que condujo a la monarquía hispánica, una hegemonía mundial y una profunda decadencia.
1.1. La configuración territorial de España
Con la unión matrimonial de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón podemos destacar una serie de hechos importantes:
- La unión de los reinos de Castilla y Aragón tras una guerra civil en Castilla.
- La culminación de la Reconquista con la toma del reino de Granada el 2 de enero de 1492. Esta guerra, además, estrecha los lazos de la monarquía con sus reinos, lo que da lugar a un ejército permanente y una burocracia social.
- La ocupación del reino de Navarra en 1512 tras una guerra civil. En 1515, las Cortes aprueban su anexión, aunque mantuvo su organización y los fueros navarros.
- La política matrimonial de los RR. CC. aísla políticamente a Francia y empareja a su hija Juana con Felipe el Hermoso (de Alemania) y a su otra hija Catalina con Enrique VIII de Inglaterra. Tras la muerte de los RR. CC., el poder caería en manos de su nieto Carlos I, dinastía de los Habsburgo, hijo de Juana y Felipe.
El Estado de los RR. CC. adopta un carácter confederal; la unidad de la corona integra y respeta las tradiciones políticas, sociales e institucionales de los reinos constituyentes al nuevo Estado peninsular, del mismo modo que a las posesiones en Italia y América. Sin embargo, la posición dominante de esta monarquía la ocupaba Castilla debido a su mayor extensión territorial.
Expansión territorial
La política de expansión por Europa y América obedece a una doble tradición:
- La aragonesa: que fuerza la devolución de Rosellón y Cerdeña a Cataluña, consigue el reino de Nápoles e inicia la expansión por el norte africano.
- La castellana: tras el Tratado de Alcáçovas-Toledo en 1479, reserva la costa africana en el camino a la India a los portugueses, y Canarias a Castilla. Isabel respalda el proyecto de Colón y surge el descubrimiento de América en 1492. Por último, el Tratado de Tordesillas.
Reorganización institucional
Con una firme política de reorganización social e institucional instaurada por los RR. CC., se produce un robustecimiento de las instituciones estatales y monárquicas frente a los privilegios feudales de los nobles y el clero:
- Se funda la Santa Hermandad, cuerpo armado defensor de las ciudades y campos.
- Se crea la figura del corregidor, alcalde delegado del rey, y se moderniza el Consejo Real sustituyendo burgueses por la alta nobleza.
- Se refuerza el aparato burocrático concentrando las cancillerías en Valladolid y los tribunales en Granada.
- Se sanea la Hacienda real con la recuperación de bienes estatales y la designación del propio monarca como maestre de órdenes militares.
- Se potencia la formación de un ejército profesional.
- Se establece el Tribunal de la Inquisición en 1478, que junto a la corona tiene jurisdicción sobre los reinos hispanos.
- Con respecto al estamento eclesiástico, se lleva a cabo un estricto control a la hora de nombrar los obispos, junto a una reforma para acabar con la vida disoluta del clero.
1.2. Población y economía del nuevo Estado
En el reinado de los Reyes Católicos, superada la crisis demográfica del siglo XIV, la población castellana continuó su crecimiento. Durante el siglo XV, Castilla pasó de 6 a 8 millones de habitantes. La corona de Aragón sufrió un descenso de población en el siglo XV y en el siguiente siglo inició un lento crecimiento que se mantuvo hasta el siglo XVII.
No obstante, se trata de una demografía propia del Antiguo Régimen, que basaba su crecimiento en altas tasas de natalidad y desorbitada mortalidad infantil. Con el tiempo, la emigración a América de varones jóvenes en edad de procrear, las pérdidas militares, etc., acabaron por minar la base demográfica, especialmente en Castilla, que entró en crisis en el siglo XVII.
Evolución económica
La economía seguía basada en la agricultura y pasó por dos fases diferenciadas:
- Siglo XVI: incremento de la producción gracias al periodo de paz posterior a la Reconquista.
- Siglo XVII: la agricultura, al encadenarse las malas cosechas, entró en crisis, que se agudizó por el incremento de los precios, lo que se conoce como “revolución de los precios”.
Por otro lado, a lo largo del siglo XVI se produjo un proceso de concentración de las tierras en pocas manos: los terrenos comunales pasaron a manos privadas por la venta o por las deudas de los ayuntamientos. La ganadería también se benefició de la creciente necesidad de alimentos y de la demanda inglesa de lana, hasta que la venta de lana a Inglaterra entró en crisis.
Al crecer la población y la demanda agraria, la producción manufacturera más extendida fue la industria textil (lana, lino y cáñamo), pero también se impulsaron el cuero, la metalurgia y la armería. El comercio beneficiaría a ciudades como Sevilla y, sin embargo, se estancan Barcelona y Valencia.