La poesía española tras la Guerra Civil
La Guerra Civil dejó devastado el país en todos los aspectos. La cultura, específicamente, se vio muy afectada, pues la mayoría de los autores eran republicanos. Tras el conflicto, el Grupo del 27 se disuelve: Lorca ha muerto y el resto de los poetas deben elegir entre el exilio interior y el exterior.
El exilio llevará a la poesía de Pedro Salinas a la nostalgia y a temas de profunda espiritualidad (El contemplado). Rafael Alberti se centrará en la poesía social (El poeta en la calle); Cernuda expresa su nostalgia y su decepción; el optimismo de Guillén en Cántico se transforma en una voz crítica contra la miseria, la guerra y la muerte (Clamor).
Años 40: Entre el formalismo y el existencialismo
En esta década destacan figuras como Miguel Hernández, el postismo y la poesía existencialista.
Miguel Hernández
La obra de Miguel Hernández parte de la unión de poesía pura, vanguardia, tradición popular y clasicismo que caracteriza a la Generación del 27, pero pronto encuentra su propio camino literario. Es un poeta que aúna una técnica depurada y un sentimiento vehemente y sincero.
- Perito en lunas: Gran influencia de Góngora y las vanguardias.
- El rayo que no cesa: Poemas amorosos influidos por Garcilaso de la Vega. El amor es un rayo que sacude el corazón y que inunda el alma de sufrimiento y pasión.
- Vientos del pueblo: Expresa el deseo de combatir la injusticia y luchar por un mundo más justo.
- El hombre acecha: Libro amargo donde se presiente la derrota de los valores políticos y sociales.
- Cancionero y romancero de ausencias: Escrito en gran parte durante su estancia en prisión.
Poesía arraigada y desarraigada
Los escritores afines al falangismo triunfante constituyen la corriente denominada poesía arraigada o formalismo, dando gran importancia a la forma del poema. Su poesía, recogida en revistas como Garcilaso o El Escorial, aborda temas como el amor, la patria y la religión. Sus principales representantes son Luis Rosales, Dionisio Ridruejo y José García Nieto.
A mediados de los años 40 surge el grupo Cántico, formado por poetas como Pablo García Baena, que pretendía recuperar la poesía pura y la senda de la Generación del 27. Al mismo tiempo, un grupo de poetas y pintores, entre los que destaca Carlos Edmundo de Ory, firma el manifiesto del postismo, que reivindica el espíritu del surrealismo y la irracionalidad.
Frente a esta poesía se escribirá otra, más atormentada y cargada de angustia, denominada desarraigada, publicada en la revista Espadaña. Su principal integrante es Dámaso Alonso. En Hijos de la ira, el poeta expresa el dolor del ser humano, la angustia ante el absurdo de la vida y el miedo ante el vacío, la soledad y la muerte.
Años 50: La poesía social
En la década de los 50 aparece una poesía social y comprometida, que pretende denunciar las injusticias y llegar a las conciencias de los lectores más humildes.
- Blas de Otero: Comenzó escribiendo poesía arraigada (Cántico espiritual), pero sufre una crisis personal que lo convierte en el máximo exponente de la poesía desarraigada. En Ancia, el poeta le pide consuelo a un Dios lejano y oscuro. Pido la paz y la palabra supone la apertura a la poesía social y el paso del «yo» al «nosotros», utilizando un léxico sencillo para invitar a la solidaridad.
- Gabriel Celaya: Su lenguaje es especialmente vehemente y violento. En Tranquilamente hablando y Cantos iberos aplica a los temas existenciales y sociales la fuerza del surrealismo. Concibe la poesía como un «arma cargada de futuro».
- José Hierro: Desarrolla dos subgéneros: el reportaje (historias cotidianas realistas) y la alucinación (irracional y visionaria).
Años 60: Generación del Medio Siglo
Son autores nacidos tras 1925. En ellos aparecen elementos autobiográficos, la amistad, el amor y la infancia. Su lenguaje es sencillo, de tono conversacional, con gusto por la ironía.
- Ángel González: En Tratado de urbanismo mantiene el compromiso social mezclado con un humor corrosivo para expresar el desencanto ante el franquismo.
- Jaime Gil de Biedma: Incorpora su propia figura como personaje en su obra. En Las personas del verbo expresa temas recurrentes: la adolescencia, la dificultad de encontrar una identidad propia, el paso del tiempo y la muerte de las ilusiones.
La Guerra Civil y la dictadura franquista supusieron el fin de una de las generaciones poéticas más brillantes, la del 27, condenando a España al aislamiento y centrando la poesía en la expresión de inquietudes existenciales y sociales.