Pensamiento utópico

1º El pensamiento utópico


“En realidad la utopía tiene dos aspectos: por una parte representa la crítica de lo existente; por otra, la propuesta de aquello que debería existir”). Esto parece bastante claro, por lo que no es necesario insistir más. — Resultará, en cambio, muy esclarecedor el que añadamos: el pensamiento utópico es un método. Y el método utópico puede definirse como «experimentación mental de posibilidades».. Lo mismo hace el pensador utópico: «El método utópico pertenece por su naturaleza al campo de la teoría y de la especulación. Sin embargo busca, s más bien se trata de un ejercicio o de un juego con las posibles ampliaciones de la realidad. […] Entender un hecho o un suceso significa penetrar en él, sin dispersarse, sin tomarlo como algo absoluto e inalterable. También es ver las posibilidades paralelas. Se entiende una cosa tan sólo cuando se piensa al mismo tiempo en toda la escala de posibilidades relacionadas con ella» Este método se parece mucho a las hipótesis de la ciencia, los mismos científicos elaboran a veces hipótesis que parecen verdaderas utopías; es el caso.

2º ¿Es la utopía “un imposible”?

Si así fuera, parecería inútil entretenerse en elaborar utopías; y sería irresponsable ofrecerlas a los demás. Pero no toda utopía se presenta como un imposible (aunque algunas, sí). Y sobre todo, es difícil saber cuáles son los límites de lo posible. En consecuencia, Maquiavelo recomienda al gobernante: «No tema caer en la infamia de aquellos vicios sin los cuales difícilmente puede salvar su Estado, pues si bien se mira habrá cosas que pareciendo virtudes significarán, si las observa, su ruina; y otras cuya apariencia es de vicio y cuya observación le proporcionará, empero, bienestar y seguridad»(El Príncipe, XV) Sin duda, Maquiavelo hace bien en decir que no hay que pensar que se vive en un mundo ideal; pero su antiutopismo conduce —parece— al inmoralismo de la pura y cruda aceptación de lo que hay y lo que se hace. Compáresé, en cambio, con lo que dice un filósofo moral como fue Kant: «La República de Platón se ha hecho proverbial como supuesto ejemplo sorprendente de perfección soñada, la cual sólo puede asentarse en el cerebro de un pensador ocioso. Brucker cree ridícula la afirmación del filósofo según la cual nunca regirá bien un príncipe que no participe de las ideas. De todas formas, en vez de dejar a un lado como inútil este pensamiento con el mísero y contraproducente pretexto de ser impracticable, sería más oportuno tenerlo más en cuenta e iluminarlo (allí donde el gran filósofo nos deja desamparados) con nuevos esfuerzos. […] La idea que presenta un máximum como arquetipo es plenamente adecuada para aproximar progresivamente la constitución jurídica de los seres humanos a la mayor perfección posible. En efecto, nadie puede ni debe determinar cuál es el supremo grado en el cual debe detenerse la humanidad, ni, por tanto, cuál es la distancia que necesariamente separa la idea y su realización. Nadie puede ni debe hacerlo, porque se trata precisamente de la libertad, la cual es capaz de franquear toda frontera predeterminada» La postura de Kant será definitiva para la concepción posterior de la utopía. Las ideas, en este caso, las ideas utópicas, poseen un carácter “regulativo”, es decir, guían al ser humano acerca de lo que se debe hacer, o al menos, acerca de lo que se debe intentar. Las utopías son ideales morales de la Humanidad, a los que ésta no puede renunciar. Si no, no le quedará más guía que la experiencia ordinaria de lo que se hace. «Es muy reprobable el tomar las leyes relativas a lo que se debe hacer de aquello que se hace o bien imitarlas en virtud de esto último» (ibid., A 319). Porque ¿quién tiene derecho a poner límites a lo que puede la libertad humana? Desde luego, las utopías no son, generalmente, susceptibles de una realización “tal cual” e inmediata: tal fue el reproche de Marx contra los que llamó ”socialistas utópicos”. Pero sí sirven para estimular los esfuerzos de la Humanidad hacia su progresiva mejora. .

3º Utopía y concepción de la realidad

El pensamiento anti-utópico presupone una ontología (concepción de la realidad, de lo que de hecho existe): identifica lo que puede ser con lo que de hecho es y convierte este ser actual en lo que debe ser, puesto que no hay otras posibilidades. Dicho de otra manera: hay lo que hay, y eso es todo; sólo se puede hacer lo que siempre se ha hecho, y eso es lo que se debe hacer. O también: la esencia del mundo y del ser humano, está en el pasado, en la conservadora inmovilidad. En consecuencia nada puede hacerse por cambiar lo que es así, ha sido y será.
Contra este pesimismo antropológico, Ernst Bloch (1885-1977) ha desarrollado una nueva ontología que dice: “La esencia del mundo no es la preteridad; por el contrario la esencia del mundo está en el frente”Lo real no es algo terminado sino un proceso siempre inacabado. . La sociedad y su organización, así como las leyes que la rigen, sean éticas o políticas, sólo puede ser entendida desde categorías como “lo que está en frente”, “lo nuevo” o “lo último” Pero no solamente la sociedad, sino que la vida humana completa es incomprensible y sobre todo invivible sin una actitud concreta del ser humano ante el mundo, que Bloch llama: “esperanza”. Concretada en los sueños y deseos, en los proyectos vitales y cada acción de la vida cotidiana, la esperanza es el motor que impulsa a todo humano a continuar su existencia con ilusión y con sentido. Sabemos que en la recuperación de un enfermo las ganas de vivir son decisivas para vencer la enfermedad. En los campos de la muerte, solamente quienes manténían la esperanza de ser liberados eran quienes sobrevivían. Incluso el sacrificio de quien ya lo ha perdido todo cifra su esperanza en mejorar la situación de sus hijos o seres próximos. En suma, necesitamos confiar en un futuro y en la confianza de que es mejorable.
Decía Luis Cencillo (1923-2008) que el ser humano es un ser desfondado porque la naturaleza no le ha dotado de un repertorio de instintos y reglas biológicas para organizar su vida, su sociedad y saber cómo actuar. Consecuencia de ello resulta la necesidad de orientar nuestra vida, somos desorientados a diferencia del animal que no lo necesita porque ya tiene la vida hecha.  Centro que hemos de ir construyendo, no existe, sino como resultado de nuestra acción dirigida a lograr lo que deseamos. Así vamos construyendo el futuro, eso que todavía no existe, pero que nos atrae hacia sí con fuerza irrefrenable. Por ello podemos decir que el hombre vive colgado del futuro. Esas metas, ese “todavía no” al que aspiramos, origina que nos impongamos como un deber las acciones para conseguirlo, naciendo así las normas éticas y las políticas, llamadas por este autor la praxis humana. En suma, sin futuro, sin esperanza, nuestra especie pierde el sentido de su vida y su mismo ser, lo cual explicaría la necesidad de evasión a través de adicciones, como las drogas, el juego (ludopatías), videojuegos, consumismo, la fama, … todos ellos mecanismos compulsivos de compensación de la falta se sentido. Y, en otros casos, cada vez más frecuentes en la cultura occidental, los suicidios En consecuencia, la esperanza en un futuro ideal, una utopía, donde las situaciones de injusticia, explotación e inhumanidad del presente se solucionen ha sido y sigue siendo una necesidad vital para nosotros.