El racionalismo de Descartes (S. XVIII)
Contexto: La filosofía de Descartes hay que entenderla a raíz de los cambios producidos en la revolución científica:
- Cambio del realismo aristotélico al idealismo platónico: la observación es importante, pero lo son aún más los conceptos y la razón.
- Idealismo conceptual: se unen los datos de la experiencia con los razonamientos matemáticos.
- Cambio en la materia de estudio: la ontología es sustituida por la epistemología. Ya no se busca la explicación de la realidad, sino saber cómo conocer la realidad.
- Recuperación total de la independencia de la razón para conocer por sí misma la verdad.
Descartes: realiza filosofía como matemático; es el iniciador de la filosofía moderna. Es platónico, idealista y racionalista; busca respuesta a la pregunta: ¿Cómo conocemos la realidad? Muestra un claro rechazo hacia el realismo aristotélico. El problema filosófico se centra en los principios y fundamentos del conocimiento (epistemología). No preocupa tanto el qué se conoce como el cómo se conoce; por tanto, el centro de reflexión filosófica pasa del objeto al sujeto. Descartes sigue el modelo deductivo de conocimiento de Platón (de lo general a lo particular), buscando encontrar un fundamento último donde asentar todo el conocimiento.
Por tanto, el pensamiento de Descartes se centra en dos aspectos:
- El establecimiento de un método (aspecto formal): se hace necesario para encontrar la verdad. Todos los humanos tienen la misma razón; por tanto, todo lo que el hombre conoce ha de fundamentarse en una única ciencia.
- Una metafísica (aspecto material): un único contenido que se llega a conocer por medio del método.
Es decir, el aspecto formal de conocer y el aspecto material de lo que es conocido no son separables. No hay ninguna diferencia entre la epistemología y la metafísica. La grandeza del pensamiento filosófico de Descartes no se asienta solo en su contenido, sino en la necesidad que establece de crear un método que garantice la verdad de todos los conocimientos que se alcancen.
Metafísica: aplicación del método a la filosofía
La búsqueda de principios indubitables nos lleva a descomponer y analizar las cosas en sus partes más simples; esas partes simples de las que resulte imposible dudar serán aceptadas como verdades por intuición. A partir de ellas y mediante un método deductivo iremos construyendo el árbol de la filosofía, el cual es un conocimiento del que no podemos dudar: duda, método, yo, Dios, mundo, cosas, filosofía práctica. (Descartes, como modelo metodológico, quiso invitar a la geometría).
La duda
Es el inicio de la filosofía cartesiana; está justificada por su actitud escéptica. Duda de la validez epistemológica de las ideas: el fundamento del conocimiento no se halla en el objeto, sino que ha de buscarse en el proceso de conocimiento, es decir, en el sujeto; por ello Descartes duda de todo. Se trata de una duda metódica: es una exigencia del método. Se encuentra, por tanto, en el inicio del proceso de construcción de la filosofía y está llamada a ser superada mediante el análisis, la intuición y, por último, la deducción, para poder construir de un modo absolutamente cierto el edificio de la filosofía.
Aplicación de la duda a los contenidos de la razón
- Comienza dudando de los sentidos, de las ideas adventicias, que son aquellas que provienen del mundo sensible y no pasan la prueba de la duda.
- La imposibilidad de distinguir entre la vigilia y el sueño le hace dudar de la existencia de la realidad exterior (mundo), e incluso del propio cuerpo.
- Duda de todos los conocimientos adquiridos por el estudio.
- Para extender la duda a las verdades matemáticas introduce la hipótesis del “genio maligno”, que supone que quizás mi entendimiento se equivoca necesariamente cuando piensa captar la verdad.
Del escepticismo al primer principio: el cogito
La duda le lleva al escepticismo hasta que encuentra una verdad absoluta: la existencia del propio sujeto que piensa y duda. Mi existencia como sujeto que piensa y duda está libre de todo error y duda posible. De esta verdad absoluta surge la expresión: “Pienso, luego existo”, constatación de que la idea de mi pensamiento se corresponde con la sustancia pensante, siendo la primera verdad que encuentra en sí mismo. Se trata, por tanto, de la primera idea innata: cogito, que se conoce mediante la intuición. Es el primer axioma no demostrable, pues es un conocimiento evidente; se convierte en el primer principio formal y material del edificio del conocer: formal porque posee todas las características necesarias que el método había establecido para que una idea sea verdadera.
Las ideas innatas son aquellas que la razón posee por sí misma y no provienen de la experiencia precedente y son comunes a todos los hombres. Esto supone establecer el yo (razón) como criterio de verdad: racionalismo. La primera dificultad que encuentra Descartes es la extensión a los demás de la seguridad que tiene de su propio cogito (solipsismo). Pretende resolver este problema mediante la idea de Dios (sustancia infinita).
Podemos decir que el hombre descubre estas ideas mediante la reflexión; una vez intuidas por el uso del método pasan a construir los principios de la filosofía. Tras el descubrimiento de la primera idea innata (el yo o res pensante), Descartes realiza una separación entre:
- Sustancia pensante (alma).
- Sustancia extensa / res extensa (cuerpo): dualismo antropológico; dos elementos cualitativamente distintos.
El método
Conjunto de reglas formales para dirigir la razón en la búsqueda de lo absolutamente indubitable, para construir la base del conocimiento evitando así el error. Descartes tiene como objetivo la creación de una única ciencia (ideal de la ciencia unificada). Construye el conocimiento de la ciencia unificada a través únicamente de la razón. Utiliza el método cartesiano o axiomático-deductivo, que consiste en que desde una base evidente se van construyendo los conocimientos.
El método cartesiano se concreta en cuatro reglas fundamentales, inspiradas en las matemáticas:
- a) Regla de la evidencia: establece como criterio de verdad la evidencia, entendiendo por evidente nada más que aquello que se presenta con tan claridad y distinción que no se puede razonablemente dudar de ello. Por tanto, las verdades evidentes son claras y distintas. Es el criterio que hay que aplicar para saber si algo es verdad en sentido absoluto y para alcanzar los primeros principios (axiomas) sobre los que construir el conocimiento:
- Claridad: presencia de un conocimiento en la mente.
- Distinción: separación respecto de todos los demás conocimientos.
- b) Regla del análisis: responde a cómo debe proceder la mente para llegar a las ideas simples. A través del análisis se divide las ideas complejas de la razón en partes más simples accesibles al conocimiento por intuición. Estas ideas simples, aplicando el criterio de la evidencia, deben ser claras y distintas; son los principios donde se asienta el edificio del conocimiento. Aquellas ideas que no sean evidentes y provoquen duda no deben ser tomadas como verdaderas; se las denomina ideas adventicias.
- c) Regla de síntesis o deducción: una vez obtenidas las ideas simples, mediante un proceso deductivo y ordenado se trata de reconstruir, ascendiendo gradualmente y de una forma correcta, el edificio del conocimiento.
- d) Regla de enumeración o comprobación: repasar todo el proceso anterior para asegurar la ausencia de error:
- Del análisis, mediante el recuento.
- De la síntesis, mediante la revisión.
El método es el criterio formal que da seguridad para opinar acerca de la realidad del mundo; no nos da información sobre el mundo, sino que nos indica qué criterios hay que adoptar para aceptar el criterio material de verdad en el conocimiento del mundo. Para Descartes, el criterio formal de verdad (el método) es un criterio lógico-racional que él expresa como intuición de verdades claras y distintas (fundamento epistemológico). El criterio material de verdad es la aceptación de ciertas verdades evidentes e intuidas (cogito, Dios y res extensa); es el fundamento ontológico del mundo.
El símil del árbol
Para Descartes la filosofía consiste en un saber universal en el que cada conocimiento se fundamenta en otro anterior; este hecho lo ejemplifica mediante el símil del árbol:
- Raíces: método (criterio formal) y metafísica (criterio material).
- Tronco: física.
- Ramas y hojas: política, ética, antropología.
Lo primero, por tanto, es conseguir un conocimiento total a partir de ideas que sean claras (no permitan duda) y distintas, y que estas constituyan el principio del conocimiento de todo sistema posterior.
La existencia de Dios
2ª idea innata: la existencia de Dios (sustancia infinita, posee las perfecciones y sus pruebas). Una vez probada la existencia del propio yo, Descartes reflexiona acerca de sus limitaciones: si mi razón es imperfecta (la duda es falta de seguridad) y yo la conozco como imperfecta, esta imperfección tiene que referirse a algo, por tanto tiene que existir un ser sumamente perfecto que haya puesto en mí la idea de perfección. Descartes propone dos pruebas de su existencia:
- Argumento ontológico: se asienta en el argumento ontológico de San Anselmo: entre las perfecciones del ser perfecto ha de encontrarse la existencia.
- Por el principio de causalidad:
- Descartes conoce que él es un ser limitado y finito; por tanto, no puede ser causa de sí mismo.
- Ningún efecto puede ser mayor que su causa.
- En base al principio de causalidad, la idea de perfección no puede provenir del propio cogito, pues este es imperfecto; entonces debe existir un ser ontológicamente superior y temporalmente anterior que haya puesto en mí la idea de perfección.
Estas demostraciones de la existencia de Dios, al igual que la existencia del yo (cogito), son racionalistas (intuición y deducción basadas en el análisis). Una vez constatada la existencia de Dios (sustancia infinita), este se convierte en garantía de verdad. Se incluye entre sus perfecciones la bondad: como ser absolutamente bueno no puede permitir que mi razón se equivoque; esta es la garantía de que el proceso inductivo-deductivo es el correcto y que las verdades alcanzadas por el método son verdaderas. Dios también es la garantía de verdad del mundo y de las ideas adventicias (ideas que se forman en mí a partir de los sentidos).
Idea de mundo (res extensa)
Conduce a Descartes a una concepción geométrica del mundo.
Física
- Una vez afirmada la existencia de la res extensa, la física mecanicista se encargará de realizar la explicación teórica de su funcionamiento.
- La física debe conectar la res extensa con la información sensible; por eso la física será la aplicación de las leyes universales descubiertas por la razón a la naturaleza (mundo sensible).
- Surge el mayor problema de la filosofía de Descartes: la comunicación de la sustancia extensa y la pensante. Dice Descartes que existe un punto de contacto entre ambas en el ser humano, que comprende:
- Sustancia extensa (cuerpo).
- Sustancia pensante (alma).
Esta situación hay que verla desde una concepción mecanicista del hombre:
- El cuerpo humano (mortal) como una máquina; por muy perfecta que sea, es un ente determinado en una dirección.
- El alma (inmortal) es algo completamente distinto del cuerpo que habita y no tiene por qué destruirse con él.
Continuadores del racionalismo (2ª mitad del S. XVIII)
Son Spinoza, Leibniz y Malebranche, que realizan un pensamiento distinto para dar una explicación unificadora de la realidad.
Hume (S. XVIII)
David Hume pretende crear una filosofía de la naturaleza humana, relacionando todo saber con el hombre. Esta naturaleza humana no se considera como razón, sino como sentimiento e instinto que lleva a aceptar o creer. Toda realidad queda reducida a la subjetividad empírica del hombre: se trata de un fenomenismo idealista; negación de la realidad del mundo independiente del sujeto, cuestionando la res extensa (mundo), aunque mantiene la validez epistemológica del cogito y de la sustancia infinita (Dios) en la medida en que no se pretende una demostración ontológica rigurosa.
Hume intenta, de forma ambiciosa, aplicar el método analítico-deductivo de Newton para crear la ciencia del hombre. La filosofía de Hume tiene dos ámbitos fundamentales:
- Teoría del conocimiento.
- Filosofía moral.
Acaba, en gran medida, cayendo en el escepticismo.
Teoría del conocimiento (Hume)
Hume, al igual que Locke, rechaza las ideas innatas y únicamente admite la validez del conocimiento sensible. Los elementos del conocimiento son solamente las percepciones, que pueden ser de dos tipos:
- Impresiones: datos que recogemos inmediatamente de la experiencia, lo inmediato. Hay dos clases:
- Impresiones de sensación: producto de la influencia del mundo físico sobre nuestros sentidos (lo inmediato que procede del exterior).
- Impresiones de reflexión: derivan de nuestras ideas y son consecuencia de la capacidad que tiene la mente para percibirse a sí misma, es decir, para reflexionar. Son originarias y anteceden a las ideas.
- Ideas: son copia de las impresiones. Si a una idea no le corresponde una impresión, esta será necesariamente falsa. Pueden ser:
- Simples: corresponden a una impresión.
- Complejas: están formadas por ideas simples; son propias de la ciencia y van más allá de lo particular.
Hume se pregunta qué principios rigen las relaciones entre ideas; nos habla de dos facultades que repiten y conexionan las ideas:
- La memoria: opera como facultad repetitiva; gracias a ella las impresiones reaparecen con una viveza intermedia entre las impresiones y las ideas.
- La imaginación: hace reaparecer las impresiones como nuevas ideas, como débiles copias. Se basa en Newton, queriendo encontrar en la imaginación una explicación total de la formación de las ideas complejas. Las ideas se atraen entre sí mediante unos principios de asociación que Hume toma como un dato de hecho:
- Identidad o semejanza: todas aquellas ideas simples parecidas tienden a unirse.
- Contigüidad espacio-temporal: aquellas que se encuentran en el mismo espacio y tiempo tienden a unirse.
- Relación de causa-efecto.
Los efectos de esta asociación de ideas que realiza la imaginación son las ideas complejas, que Hume divide en:
- Relaciones, que pueden ser:
- Naturales: la idea compleja es el resultado de los principios de asociación (semejanza, contigüidad, causa). Las ideas se conectan entre sí por la fuerza natural o la costumbre; son espontáneas.
- Filosóficas: las ideas simples se relacionan a voluntad siempre que tengan alguna cualidad similar. No hay necesidad de costumbre; se hacen libremente y son construidas mediante la reflexión.
- Modos: la idea compleja está formada por un conjunto de ideas simples unidas por la imaginación, que representan cualidades de carácter, formas de estar o de ser.
- Sustancias: conjunto de ideas agrupadas por la imaginación. La idea compleja se compone de cualidades particulares que hacen referencia a un algo desconocido; son resultado de los principios de asociación utilizados por la imaginación, principalmente por el de contigüidad.
Modos y sustancias no son más que un conjunto de ideas simples unidas por la imaginación; no derivan de impresiones de sensación ni de reflexión; por tanto, las ideas de modo y de sustancia, como tales, no existen. Mediante el principio de causalidad Hume niega legítimamente la idea de sustancia. No se trata de un planteamiento ontológico (no busca la existencia absoluta de las cosas), sino de un planteamiento epistemológico.
Diferencia dos funciones de la imaginación:
- Función asociativa categorial: gracias a ella constituimos un mundo determinado de una manera regular.
- Función constituyente: gracias a ella creemos en el mundo externo y en sus objetos.
Llegamos a la creencia, cuyo objeto son las verdades de hecho; la creencia no es una función del razonamiento. Aquí no caben ni la justificación ni la demostración estricta; solo es posible la prueba. La creencia es el fundamento de la objetividad en Hume: es donde asienta su teoría de la causalidad. La inferencia causal surge de la repetición y la costumbre, que generan la idea de conexión necesaria.
Hay que diferenciarla del conocimiento, cuyo objeto son las relaciones de ideas; en estas reina el principio de no contradicción y la demostración estricta. El tratamiento que hace Hume del principio de causalidad no cuestiona la conexión en sí, sino la legitimidad de la idea de causalidad en cuanto conocimiento necesario: entiende la causalidad como una relación derivada de la observación de la repetición; su origen está, por tanto, en la costumbre o el hábito. Es decir, el principio de causalidad se fundamenta en el hecho de que por hábito y costumbre nuestra mente acepta que el curso de los acontecimientos sigue un orden temporal y lineal, según el cual esperamos que un acontecimiento futuro ocurra como en el pasado.
La relación causal, según Hume, es imposible entre objetos e impresiones; tiene validez solo entre impresiones. Por ello, todo intento de trascender el mundo de las percepciones conduce al fracaso. Con ello Hume derrumba toda metafísica tradicional, proponiendo como solución la costumbre, el hábito y la creencia.
Crítica a la idea de sustancia individual (materia y espíritu)
Hume vuelve a aplicar, como en la crítica a la sustancia extensa, el principio de copia. La idea de sustancia individual es ilegítima al no corresponderse con ninguna impresión. Ninguna sustancia, tanto material como espiritual, puede provenir de una impresión pues ésta no se percibe. Hume afirma: «Que debería derivarse entonces de alguna impresión de reflexión, pero no parece probable que las pasiones y emociones representen una sustancia. Por tanto, no tenemos “ninguna idea” de sustancia que no sea el conjunto de cualidades particulares». La idea de sustancia es, entonces, un conjunto de ideas simples unidas por la imaginación, a las que se asigna un nombre particular para recordar ese conjunto.
Crítica a la idea de sustancia infinita (Dios)
Sobre la idea de Dios, Hume afirma que no es cierta epistemológicamente, ya que no le corresponde impresión alguna y que jamás podemos conocer por impresión algo que, de ser, sería necesario. Hume aplica los siguientes principios para corroborar su crítica:
- Aplicación del principio de la copia: no existe una impresión correspondiente a la idea de Dios; con esto niega la validez epistemológica de Dios como idea demostrable.
- Aplicación del principio de causalidad: las vías tomistas demostraban la existencia de Dios mediante la aplicación del principio de causalidad (de los sentidos ascendía la necesidad de una causa incausada). Hume, negando que la conexión necesaria proceda de la experiencia, desmorona la validez de la demostración tomista. Mientras que para Locke y Berkeley Dios era la causa de la existencia o de las impresiones, para Hume no hay causas necesarias, luego no hay demostración de Dios. No niega la existencia de Dios ontológicamente; lo que niega es la legitimidad epistemológica de la idea de Dios.
En cuanto a la pregunta de dónde vienen las impresiones que percibo, el escepticismo de Hume no da una respuesta definitiva. Podemos concluir que, para Hume, el escepticismo solo puede ser superado en los fines prácticos de la ciencia; si queremos llegar a fundamentos teóricos, el empirismo no nos puede librar del escepticismo.
La teoría del conocimiento de Hume acaba denominándose fenomenismo, pues reduce la realidad a los datos de la experiencia, es decir a las impresiones; no puede hablarse de sustancia o realidad última, solo de apariencias sensibles. La conclusión tras su crítica a la metafísica y a la ciencia es el escepticismo: duda (no puede estar seguro de nada más que de sus impresiones). La costumbre, el hábito y la creencia son las soluciones tras el derrumbamiento de la metafísica tradicional. La inferencia causal, posibilitada por la costumbre, es la que nos permite creer en el mundo externo. La creencia es un hecho de experiencia; ir más allá de las propias impresiones es imposible. Hume afirma que hay una serie de creencias elementales, universales y que condicionan al hombre de forma natural para actuar: creencia en el mundo externo, creencia en la homogeneidad de la naturaleza y creencia en el yo. No existe justificación racional de ellas. El resultado final es una duda escéptica que no tiene solución teórica absoluta.
Crítica a la idea de causa (parte fundamental de la filosofía de Hume)
Los racionalistas habían considerado la causalidad como un principio evidente; para Descartes es un instrumento válido para demostrar la existencia de Dios, y para Locke permitía aceptar la existencia de la realidad exterior y de Dios. Para Hume, la idea de causa constituye el fundamento de todos los razonamientos que el hombre hace sobre cuestiones de hecho cuando trata de ir más allá de las impresiones inmediatas y sus correspondencias (es decir, de nuestros sentidos y memoria). La idea que tenemos de mundo tiene su origen en el establecimiento de relaciones causales entre acontecimientos, creyendo poder predecir lo que va a suceder a partir de nuestras impresiones.
Hasta Hume la idea de causalidad estaba vinculada a la idea de conexión necesaria (relación causa-efecto). Hume afirma que no podemos saber qué efectos producirá una causa salvo mediante la experiencia; pero a través de la experiencia podemos conocer:
- La prioridad temporal de la causa respecto al efecto.
- La contigüidad espacio-temporal de la causa y del efecto.
- La conexión constante entre ellas.
El problema surge en el paso de la conexión constante a la conexión necesaria: este salto es ilegítimo para Hume, pues no procede de la experiencia. Ese salto lo realizamos en base a la creencia; los hechos se repiten, dando lugar al hábito y a la costumbre, lo que provoca la creencia de que van a seguir ocurriendo. Hume no acepta que porque creamos que va a pasar un hecho este sea necesario, cuestionando así la noción de necesidad. A partir de la experiencia solo podemos constatar la constancia, no la necesidad de los hechos. Por tanto, todo nuestro saber sobre cuestiones de hecho no son más que certezas probables, contingentes y que no se rigen por el principio de no contradicción. Solo a partir de la experiencia se puede afirmar la regularidad de una conexión, siempre que esta sea un conocimiento de lo particular. Hume aleja a la ciencia de toda postura dogmática.
Crítica a la idea de sustancia extensa (mundo exterior)
La idea de sustancia es la base de la filosofía racionalista; de ahí la importancia de la crítica. Entendemos por idea de sustancia una idea compleja construida por la imaginación a través de la asociación. Este análisis de Hume se aplica a la creencia en la existencia de un mundo independiente de nuestros sentidos. Cada percepción es una entidad distinta y no puede ser idéntica a una sustancia que tenga existencia en un mundo exterior. Hume dirá que estamos naturalmente dispuestos a asociar cada percepción con imágenes para mantener la continuidad y la unidad, pero esto no es más que una ficción que pretende resolver la contradicción entre la imaginación y la reflexión. Puesto que los elementos del mundo son percepciones, es absurdo suponer que los objetos continúen existiendo cuando no son percibidos.
Los pasos que utiliza para llegar a esta conclusión son:
- Aplicación del principio de la copia: una idea será válida lógicamente si se relaciona con una impresión; busca una impresión que se corresponda con la idea de sustancia extensa, sin encontrarla. Por tanto, la idea de sustancia extensa no es legítima.
- Aplicación del principio de causalidad: si el principio de causalidad surge de la creencia y no de la experiencia, no podemos aplicarlo como válido; esto conduce al escepticismo. No puede responder sobre el origen de las impresiones sensibles y, por tanto, Hume adopta una actitud fenomenista, afirmando que lo único que existe para nosotros es el conocimiento del mundo, la impresión del mundo.
Concluye Hume que la sustancia extensa no puede justificarse empíricamente y que la noción de objetos continuos e independientes fuera del acto de percepción es una construcción de la imaginación basada en la asociación y el hábito.
Filosofía práctica en Hume
Hume critica la idea de sustancia pensante (el yo, cogito): es una idea compleja que la imaginación construye mediante la asociación de todas las ideas de reflexión. La experiencia no nos descubre un conocimiento inmediato del yo (como pretendía Descartes) debido a que:
- No hay ninguna impresión constante e invariable durante todo el curso de la vida.
- La idea de un yo unitario e idéntico es incompatible con el hecho de que nuestras percepciones son distinguibles y separables.
No hay una experiencia única; por tanto no hay una impresión única de la sustancia del cogito, sino que es un conjunto de percepciones gobernadas por el principio de asociación. A lo que llamamos yo es una noción mediante la que fingimos la unidad de esas impresiones. Volvemos a encontrar la creencia: Hume niega el yo gnoseológico y cree en el yo psicológico; sobre esta creencia construye su filosofía moral.
Consecuencias prácticas de la crítica al cogito
En el aspecto práctico, Hume busca los principios por los cuales se legitimiza la acción. Tradicionalmente la razón era el principio de fundamentación, pero al ilegitimar el cogito, Hume fundamenta la acción moral en el sentimiento (emotivismo moral). Las perspectivas de placer o dolor son las que mueven las pasiones, entre las cuales se encuentra la voluntad. Esta está sometida al orden natural; por tanto, su libertad es una ficción.
En la ética de Hume, la finalidad del conocimiento moral se mide por el cumplimiento del deber entendido desde la sensibilidad. El fundamento del placer (bien) y del dolor (mal) del emotivismo no está en la razón; aquí nace el problema del subjetivismo, que dificulta la instauración de principios universales. Para ello, Hume acude a la naturaleza humana: aquello que produce placer será más o menos semejante a lo que produce placer en la mayoría, y lo mismo ocurre con lo que produce dolor; la minoría no debe ser tenida en cuenta en la explicación empírica que ofrece Hume.
Mediante el principio de utilidad, afirma que lo bueno es igual a lo útil (aquello que produce mayor satisfacción). Todos poseemos, por naturaleza, una tendencia simpática/empática que nos aproxima a los demás; esta tendencia está inscrita en la naturaleza humana y busca la utilidad del grupo, no solo la individual. La empatía no es incompatible con el egoísmo: no significa desvincularme de los demás, sino procurar el bien común del que también me veré beneficiado. Bien común = bien individual.
Empirismo (S. XVIII)
Nos referimos al empirismo moderno como corriente del pensamiento que tiene lugar en el S. XVIII, también llamado empirismo inglés. Es, junto al racionalismo, la corriente filosófica más importante de la modernidad. Según el empirismo, la base absoluta del conocimiento debe proceder de los sentidos, es decir, de la experiencia; tiene origen aristotélico.
Los racionalistas, desde Descartes, tenían como base de su teoría del conocimiento las ideas innatas, conceptos metafísicos que estaban por sí mismos en la razón. Para los racionalistas la razón guía al hombre. Destacan: Descartes, Spinoza y Leibniz. Los empiristas niegan las ideas innatas: no existen ni ideas ni principios que se encuentren por sí mismos en el entendimiento. Antes de la experiencia «nuestro entendimiento es como una página en blanco»; todo nuestro conocimiento procede de la experiencia.
La idea empirista de la experiencia se opone al ideal de la razón pura racionalista. Su ideal consiste en la creación de una filosofía experimental que, a través del análisis inductivo (de lo particular a lo universal), llegue a causas más universales. El modelo de ciencia del empirismo serán las ciencias experimentales, no las matemáticas como en el racionalismo. Se enmarca dentro de la Ilustración, caracterizada por su postura crítica que replantea los valores sociales admitidos, la lucha contra supersticiones y la reivindicación de la razón como base del conocimiento: la razón conduciría al hombre hacia la autonomía, la mejora social y el progreso indefinido.
El empirismo supone la crítica y la ruptura con la escolástica y con el racionalismo cartesiano. Además, intenta solucionar problemas del racionalismo como el solipsismo (problema para extender el conocimiento al exterior) y el dogmatismo (admisión como absolutamente verdaderas de las ideas innatas de la razón). Destacan los autores: Locke, Berkeley y Hume.
Locke
John Locke realiza una síntesis entre el empirismo inglés y ciertos planteamientos racionalistas cartesianos. Con él nace el principio fundamental empirista de que todos los contenidos del conocimiento se originan en la experiencia; esta es, por tanto, el camino hacia la verdad. Locke toma de Descartes el concepto de idea, con la diferencia de que para Locke las ideas provienen de la experiencia, negando las ideas innatas, y como consecuencia de esto también niega las verdades absolutas y necesarias: la verdad queda referida a lo sensible.
Da importancia a la relación causal entre los objetos externos y las ideas en la mente; no se trata de investigar cómo son las cosas en sí, sino el origen y los límites de nuestro conocimiento. A pesar de su crítica a las ideas innatas, en ocasiones acepta dogmáticamente la existencia de la res extensa cartesiana, lo que puede entenderse como una incongruencia.
Teoría del conocimiento (Locke)
Afirma que nuestro conocimiento de la realidad no es inmediato sino mediado por las ideas. Estudiar el conocimiento implica el análisis y la descomposición de nuestras ideas para explicar cómo se forman y cómo se relacionan. Por tanto, el conocimiento está limitado por nuestras ideas: no sabemos qué son las cosas en sí mismas; solo conocemos su existencia, ya que se sitúan en la causa de nuestras ideas simples, que son los datos inmediatos de la experiencia. Distingue entre sensación (experiencia externa) y reflexión (experiencia interna).
Dentro de las ideas simples de sensación, distingue:
- Cualidades primarias: se encuentran en los objetos de modo permanente.
- Cualidades secundarias: no existen realmente en los cuerpos; son producto de nuestra mente.
De la relación de ideas simples se forman ideas complejas: de modo, sustancia y relación. Las ideas universales se forman por un proceso de abstracción; no se originan en lo general, sino en lo particular.
Locke distingue tres tipos de conocimientos:
- Intuición: captación inmediata de la relación entre ideas; es un conocimiento indudable. El conocimiento del yo (cogito) es, para él, intuitivo.
- Demostración: relación entre ideas a través de otras intermedias; conocimiento que necesita ser probado. De la existencia de Dios tenemos certeza demostrativa aplicando al yo el principio de causalidad.
- Sensitivo: conocimiento de los objetos externos materiales.
Con estas afirmaciones, Locke introduce una tensión: afirma que hay conocimientos más allá de la experiencia, lo que parece contradecir el principio fundamental del empirismo según el cual la experiencia es el límite y el origen del conocimiento.