Insurrección de los españoles contra el Imperio napoleónico

5.1 LA GUERRA DE INDEPENDENCIA: ANTECEDENTES Y CAUSAS. BANDOS EN CONFLICTO Y FASES DE LA GUERRA


En 1807 Godoy firmó con Napoleón el Tratado de Fontainebleau por el que se autorizaba el paso de tropas francesas por España con el fin de invadir Portugal, en guerra con Napoleón. En 1808 las tropas francesas al mando del mariscal Murat ocuparon diversas ciudades estratégicas. Godoy decidíó trasladar a la familia real a Andalucía. Pero el 18 de Marzo de 1808 estalló el Motín de Aranjuez. Soldados, campesinos y servidumbre de palacio protagonizaron el motín, asaltando el palacio de Godoy, y obligaron a Carlos IV a despedir al valido y abdicar en su hijo Fernando, que se convirtió en Fernando VII. El motín fue urdido por la camarilla de nobles y clérigos absolutistas simpatizantes de Fernando, que odiaba a Godoy por las reformas que quería llevar a cabo para modernizar el país. Tras estos Napoleón decidíó hacer de España un estado satélite de Francia. Carlos IV escribíó a Napoleón pidiéndole ayuda y éste atrajo a Fernando VII y a Carlos IV a la ciudad francesa de Bayona, donde obligó a ambos a abdicar en su persona, y a su vez nombró rey de España a su hermano José Bonaparte -abdicaciones de Bayona, Abril de 1808. José I convocó una asamblea de notables españoles en Bayona, que firmaron el Estatuto de Bayona (Julio de 1808). El 2 de Mayo de 1808 estalló en Madrid un motín popular. Murat reprimíó la insurrección con gran dureza. En los días siguientes, se extendíó la insurrección por toda España, al unirse espontáneamente a la rebelión muchas ciudades y provincias. Había empezado la Guerra de la Independencia.

A. Rasgos generales de la Guerra:

La Guerra de la Independencia es una guerra de liberación nacional contra el invasor francés. Tiene un carácter popular. Se trata de un fenómeno en el que hay que distinguir tres vertientes: conflicto internacional, Guerra Civil y crisis política.  Fue un conflicto internacional, iniciado en 1792 en el que participaron Inglaterra, Portugal y España contra Francia.  Una Guerra Civil. Hubo dos actitudes de los españoles: una minoría apoyó a José I y su gobierno: los afrancesados, partidarios de la monarquía del Despotismo Ilustrado, pero no de la dinastía borbónica y que aceptaron al nuevo monarca porque pensaban que así evitarían la guerra, y que haría reformas necesarias para modernizar el país. La mayoría se levantó en una guerra de liberación contra los franceses y formó el frente patriótico, una heterogénea amalgama de clases e ideologías: los ilustrados, como Jovellanos y Floridablanca, deseaban la vuelta del rey para continuar las reformas, los liberales aspiraban a que la guerra permitiese hacer una revolución que transformase el Antiguo Régimen en un régimen liberal parlamentario, los absolutistas (querían la vuelta al Antiguo Régimen)  Una crisis política. Ante el vacío de poder creado por la ausencia de Fernando VII y la colaboración del Gobierno Provisional con los invasores, se improvisó un poder político alternativo, surgiendo las Juntas de Defensa. Primero fueron Locales y luego Provinciales. La Junta Central Suprema, establecida en Aranjuez y presidida por Floridablanca, coordinaba la actuación de todas y asumíó la tarea de dirigir la guerra y gobernar el país en las zonas no ocupadas. Se trasladó más tarde a Sevilla siendo sustituida en 1810 por una Regencia que se establecíó en Cádiz.

Rasgos de la guerra

Las formas típicas de lucha en la Guerra de la Independencia fueron las guerrillas y los sitios. La guerrilla es una forma espontánea y popular de lucha en el mundo rural con poca gente -soldados huidos del ejército, bandoleros, campesinos, clérigos- que atacaban con rapidez y por sorpresa a los franceses en la retaguardia y contaban con el apoyo del pueblo. Se organizaban 


en partidas, con un jefe elegido (Juan Martín El Empecinado, Francisco Espoz y Mina y el cura Merino). Los sitios es la forma de resistencia de las ciudades para entretener y desgastar a las tropas enemigas permitiendo la resistencia en el resto del país Desarrollo y fases de la guerra:
1.

De Mayo a Noviembre de 1808

La resistencia popular espontánea se extiende por todo el país. El ejército del general Castaños vencíó al francés del mariscal Dupont en Bailén (19 de Julio de 1808). Los franceses se replegaron y sólo conservaron el país vasco-navarro y las plazas de Barcelona y Figueras. José I abandonó Madrid para establecerse en Vitoria.

2. De Noviembre de 1808 a Julio de 1812

Napoleón en persona dirige la contraofensiva con la Grande Armée. Expulsa a los británicos y avanza hasta Madrid (batalla de Somosierra) donde restablece a José I. Obligado a volver a París sus generales continuaron la ocupación de la Península. Zaragoza y Gerona, defendidas por los generales Palafox y Álvarez de Castro respectivamente, resisten por sitios; también Cádiz. Las guerrillas populares actúan por todas partes. Los ingleses, dirigidos por Wellington, tras ganar en Talavera (1809) se repliegan y resisten en Portugal.

3. De Julio de 1812 hasta Diciembre de 1813:

los ejércitos angloespañoles pasan a la ofensiva. Wellington ocupa Badajoz y Ciudad Rodrigo y gana la batalla de Los Arapiles (Salamanca), lo que le permite ocupar Madrid. Nuevas derrotas francesas (Vitoria y San Marcial, 1813) consiguen la expulsión de España de los franceses. Napoleón firma el Tratado de Valençay, a fines de 1813, por el que devuelve la corona a Fernando VII y concluye la guerra.

Consecuencias de la guerra:

Además de muertos – más de 300.000- y heridos, las destrucciones y saqueos causaron hambre, epidemias, la ruina de la agricultura y la ganadería, la paralización del comercio y de la incipiente industria y el aumento de la enorme deuda estatal. Por otro lado, los españoles se acostumbraron a resolver sus conflictos por la violencia. La guerrilla popular fue una auténtica escuela de rebelión colectiva, utilizada tanto por liberales como por absolutistas a lo largo del Siglo XIX.

5.2 LAS CORTES DE CÁDIZ Y LA CONSTITUCIÓN DE 1812

Las Abdicaciones de Bayona habían creado un vacío de autoridad en la España ocupada. Muchos españoles se negaron a obedecer a una autoridad que se veía como ilegítima. Para llenar ese vacío y organizar la espontánea insurrección contra los franceses se organizaron Juntas Provinciales que asumieron la soberanía. Las Juntas Provinciales sintieron desde un principio la necesidad de coordinarse. En Septiembre de 1808, se constituyó la Junta Central dirigida por el conde de Floridablanca) que, en ausencia del rey legítimo, asumíó la totalidad de los poderes soberanos y se establecíó como máximo órgano de gobierno. La Junta Central convocó reuníón de Cortes extraordinarias en Cádiz y en Enero de 1810, la Junta cedíó el poder a una Regencia, que convocó Cortes (24 de Septiembre de 1810) La celebración de las elecciones en situación de guerra propició que se reunieran unas Cortes con preponderancia de elementos burgueses y cultos, procedentes de las ciudades comerciales del litoral. Se formaron dos grupos de diputados enfrentados: liberales (partidarios de reformas revolucionarias, inspiradas en los principios de la Revolución Francesa), absolutistas o “serviles”: (partidarios del mantenimiento del Antiguo Régimen: monarquía absoluta, sociedad estamental, economía mercantilista). La mayoría liberal, aprovechándose de la ausencia del rey, inició la primera revolución liberal burguesa en España, con dos objetivos: adoptar reformas que acabaran las estructuras del Antiguo Régimen y aprobar una Constitución que cambiara el régimen político. Las principales reformas políticas, 


económicas, sociales y jurídicas adoptadas por las Cortes de Cádiz fueron aprobados en los siguientes decretos: Libertad de imprenta (1810), desamortización de algunos bienes de la iglesia, abolición del régimen señorial, supresión de la Inquisición (1813), abolición de los gremios y libertad económica, comercial, de trabajo y de fabricación (1813).

La constitución de 1812

Aprobada el 19 de Marzo de 1812 y popularmente conocida como “La Pepa”, este texto legal fue la primera constitución liberal del país (aunque no fue un acto revolucionario, ni de ruptura con el pasado). Contiene diez títulos y 384 artículos. Los diputados liberales Agustín Argüelles, Diego Muñoz Torrero y Pérez de Castro son las figuras más destacadas en su elaboración. Los rasgos principales de esta Constitución:  Soberanía nacional. El poder reside en la nacíón, idea opuesta a la soberanía monárquica.  División de Poderes: – Poder legislativo: Cortes Unicamerales que representan la soberanía nacional. – Poder judicial: tribunales y jueces. Se establece la unidad de códigos – Poder ejecutivo: el Rey, cuya figura es inviolable e irresponsable, pero con importantes limitaciones Sus órdenes deben ir validadas por la firma del Ministro correspondiente, no puede disolver las Cortes, veto suspensivo transitorio durante dos años, nombra a los ministros, pero estos deben ser refrendados por las Cortes (“doble confianza”)  Nuevo derecho de representación. La nacíón ejerce su soberanía mediante sus representantes en Cortes.  Sufragio universal masculino indirecto (parroquia, partido, provincia) y derecho de voto para todos los hombres mayores de 25 años, que elegían a unos compromisarios que a su vez elegían a los diputados.  Igualdad de los ciudadanos ante la ley. Esto supuso el fin de los privilegios estamentales. Se omite la referencia a los territorios con fueros.  Reconocimiento de derechos individuales (importados de la Revolución Francesa): a la educación (escuelas primarias a cargo de los ayuntamientos), libertad de imprenta, inviolabilidad del domicilio, a la libertad y a la propiedad.  División del estado en comarcas y provincias (cierta descentralización). La provincia se establece como división administrativa y electoral.  Creación de la Milicia Nacional (reconocimiento legal de los ciudadanos combatientes en la guerra de independencia). Estaba separada del ejército regular y los oficiales eran elegidos por la tropa (treinta milicianos por cada mil trescientos habitantes). Su función era la seguridad y el orden público, la defensa de la constitución y del régimen liberal.  El catolicismo es la única confesión religiosa permitida. La participación del clero en la lucha contra los franceses y la necesidad de aprobar la constitución, explican este rasgo contrario al espíritu avanzado del liberalismo.

5.3 EL REINADO DE Fernando VII: LIBERALISMO FRENTE A ABSOLUTISMO. EL PROCESO DE


INDEPENDENCIA DE LAS COLONIAS AMERICANAS


Tras el Tratado de Valençay (1813), Fernando VII entró en España el 22 de Marzo de 1814. El 12
de Abril un grupo de diputados absolutistas le presentaron el Manifiesto de los Persas en el que le reclamaban la vuelta al absolutismo. Fernando VII el 4 de Mayo de 1814 emite en Valencia un decreto por el que disolvía las Cortes, abolía la Constitución de 1812 y toda la labor legislativa de las Cortes de Cádiz y restablecía el absolutismo.

El Sexenio Absolutista (1814-1820)

El decreto de 4 de Mayo inició un periodo caracterizado por la sistemática anulación de las reformas de las Cortes gaditanas y la vuelta al antiguo régimen y al absolutismo. Con una economía empobrecida por la guerra recién terminada y con unas colonias americanas que no producían ningún


beneficio a la metrópoli, Fernando VII, se negó a emprender cualquier reforma fiscal que incrementara los ingresos de un estado en quiebra. El gobierno de Fernando VII se centró en la represión de los enemigos de la restaurada monarquía absoluta: los afrancesados y los liberales. Muchos militares, antiguos héroes de la guerra de la Independencia, optaron por las posturas liberales y para hacer frente a la represión se integraron en sociedades secretas de ideología liberal como la masonería. Estos militares protagonizaron diversas intentonas de golpe militar o pronunciamiento: Espoz y Mina en Navarra (1814), Díaz Porlier en La Coruña (1815), Lacy y Milans del Bosch en Barcelona (1817), Van halen en Murcia (1818). Los pronunciamientos en la España del Siglo XIX no fueron una mera rebelión militar, sino que implicaban una intención de actuar sobre el gobierno y estaban conectados con las fuerzas políticas del país. Todos los intentos de golpe fueron duramente reprimidos.

El Trienio Liberal (1820-1823)

Un pronunciamiento liberal terminó por triunfar. Poniéndose al frente de un ejército que estaba acantonado en Cabezas de San Juan (Sevilla) para marchar hacia América , el teniente coronel Riego se puso al frente de este contingente y proclamó la Constitución de 1812. La insurrección se generalizó y el 9 de Marzo de 1820, Fernando VII juró la Constitución de 1812. Fernando VII, trató de obstruir desde un principio la labor de los gobiernos liberales y el normal funcionamiento constitucional. Esto va a provocar una fractura política entre los liberales: por un lado, los “doceañistas” pretenderán modificar la Constitución buscando una transacción con el Rey, por otro lado, los “veinteañistas” pedían simplemente la aplicación estricta de la Constitución de 1812. Los liberales en el poder durante el Trienio van a aplicar una política claramente anticlerical: expulsión de los jesuitas, abolición del diezmo, supresión de la Inquisición, desamortización de los bienes de las órdenes religiosas …. Otras medidas fueron la supresión de los mayorazgos, la libertad de imprenta, la libertad de contratación y la desamortización de tierras de propios y baldíos. Pronto surgieron movimientos de protesta contra el gobierno liberal en Madrid. La contrarrevolución realista se concretará en la aparición de partidas de campesinos fuertemente influenciados por la Iglesia en el País Vasco, Navarra, Aragón y Cataluña. La oposición absolutista se aventuró a crear la Regencia Suprema de España en Urgel. Trataban así de crear un gobierno español absolutista, alternativo al liberal de Madrid. Otro intento fueron los sucesos del 7 de Julio de 1822 (sublevación de la Guardia Real desde El Pardo para asaltar el Palacio Real donde se encontraba Fernando VII, y que fue detenida por la Milicia Nacional). El fracaso de la Regencia de Urgel hizo evidente para Fernando VII y los absolutistas que la única salida para acabar con el régimen liberal era la intervención de las potencias absolutistas europeas.
Las grandes potencias absolutistas (Prusia, Austria, Rusia y la Francia de Luis XVIII), reunidas en 1822 en el Congreso de Verona, acordaron la intervención en España. El 7 de Abril de 1823 un ejército francés, conocido como los “Cien Mil Hijos de San Luis”, entró y, sin encontrar resistencia
popular, conquistó fácilmente el país y repuso como monarca absolutista a Fernando VII.

La Década Ominosa (1823-1833)


Fernando VII liberado por los Cien Mil Hijos de San Luis promulgó un decreto por el que anulaba todo lo legislado durante el Trienio. Inmediatamente se inició la represión contra los liberales. Riego fue ahorcado en Madrid en Noviembre y, aunque la Inquisición no llegó a ser restablecida, se crearon Juntas de Fe que ejercieron la función


inquisitorial y represiva. Las conspiraciones militares liberales continuaron. El monarca pidió a Francia que se
mantuvieron los Cien Mil Hijos de San Luis mientras se reorganizaban las fuerzas armadas. El régimen absolutista abordó la depuración de la administración, lo que llevó a la expulsión de miles de funcionarios, especialmente docentes. Uno de los pocos factores positivos de esta última década absolutista fue la reforma de la Hacienda para reducir la deuda pública, emprendida por el ministro López Ballesteros.

La emancipación de la América española

Diversos factores explican el desencadenamiento del movimiento independentista: El creciente descontento de los criollos, que tenían vedado el acceso a los grandes cargos políticos en las colonias, las limitaciones al libre comercio y al desarrollo económico de las colonias impuestas por el régimen colonial, la influencia de las ideas ilustradas y el ejemplo de la independencia de los Estados Unidos de América, la crisis política producida por la invasión napoleónica, que privó de legitimidad a las autoridades que representaban a la monarquía de José I en las colonias.

En el proceso de independencia se pueden distinguir dos grandes etapas:


1a 1808-1814

Los territorios americanos se declararon independientes de la España napoleónica, pero mantuvieron sus lazos con las autoridades de Cádiz, enviando representantes a las Cortes. Surgirán juntas revolucionarias como en España, pero que no reconocen a la Junta Central. Se produjeron levantamientos en Méjico (el cura Hidalgo), en Ecuador (Sucre), en Paraguay-Uruguay (Artigas) en Argentina (San Martín) y en Venezuela-Colombia (Bolívar). Cuando Fernando VII fue repuesto en el trono, todas las colonias, excepto Argentina, volvieron a unirse a la Corona española y los líderes fueron encarcelados o exiliados.

2a 1814-1824

La vuelta al absolutismo propició pronunciamientos militares que derivaron hacia posturas independentistas apoyadas por Inglaterra, que rápidamente se hizo con la influencia económica en la zona, y por Estados Unidos . En el Congreso de Tucumán (1816), se proclama la independencia de las Provincias Unidas (Argentina, Uruguay y Paraguay). Sobresalen las figuras de San Martín (independencia de Chile en 1818) y Bolívar (victorias de Boyacá, Carabobo y Pichincha, que supusieron la liberación de Ecuador, Venezuela y Colombia). En 1822 se proclama la independencia de México y con la derrota española en Ayacucho (1824) y la liberación de Perú y Bolivia, se puso fin a la dominación española en América.

6.1 EL REINADO DE Isabel II (1833-1868): LA PRIMERA GUERRA CARLISTA. EVOLUCIÓN POLÍTICA, PARTIDOS Y CONFLICTOS. EL ESTATUTO REAL DE 1834 Y LAS CONSTITUCIONES DE 1837 Y 1845.

Fernando VII no logró tener descendencia hasta su cuarto matrimonio con Ma Cristina de Nápoles, con la que tuvo dos hijas. En 1830 restablece la Pragmática Sanción, aprobada por Carlos IV en 1789 pero no promulgada, que restablecía la Ley de las Siete Partidas, que permitía reinar a las mujeres. Se originó una grave cuestión sucesoria, ya que estaba vigente el Auto Acordado de 1713 entre Felipe V y las Cortes que establecía la preferencia en la sucesión de los varones sobre las mujeres. En 1832 el infante D. Carlos protagoniza el “Motín de la Granja” y consigue la anulación de la Pragmática (aprovechando la enfermedad de Fernando VII), pero Fernando VII se recupera y restablece la Pragmática poco antes de morir. Las guerras carlistas constituyeron el telón de fondo de la evolución política de los primeros años del reinado de Isabel II. A los partidarios de ambas soberanas (Ma Cristina e Isabel) se les conocíó como isabelinos o cristinos. El otro bando, los carlistas, reivindicaban que Carlos, el hermano de Fernando VII, debía ser rey de España (Carlos VI). Los 


carlistas eran enemigos del liberalismo (su divisa era: Dios, Patria y Rey, y defendían el Antiguo Régimen y la monarquía de origen divino. Reivindicaban además, el mantenimiento de los fueros y privilegios tradicionales, es decir, el foralismo .

La primera guerra carlista (1833-1840)

Se desarrolló en cuatro fases:

A. Formación del foco de insurrección vasco-navarro (1833-1835)


Los carlistas intentaron provocar una insurrección general del país. Al no lograrlo se inició la Guerra Civil. El ejército isabelino consiguió reprimir los núcleos carlistas, excepto en el País Vasco y Navarra, donde el coronel Zumalacárregui
creó un auténtico ejército.

B. Las expediciones nacionales (1836-1837)

Los carlistas organizaron la expedición Gómez y la Expedición Real. Fracasó nuevamente el proyecto de tomar Bilbao gracias a la victoria, en el puente de Luchana del general isabelino Baldomero Espartero.

C. Iniciativa isabelina y Convenio de Vergara (1837-1839)

El ejército gubernamental pasó a la ofensiva. La firma del Convenio de Vergara en 1839 fue sellada simbólicamente con el abrazo entre Maroto y Espartero.

D. Final de la guerra en el Maestrazgo (1839-1840)

El general Cabrera y sus tropas se negaron a acatar el Convenio de Vergara y siguieron luchando hasta que el general Espartero tomó Morella (Castellón). En Julio de 1840 los últimos combatientes carlistas se vieron obligados a cruzar los Pirineos. Ante la minoría de edad de Isabel, María Cristina de Borbón asumíó la Regencia a la muerte de su marido Fernando VII en 1833. María Cristina llamó a Martínez de la Rosa, un liberal moderado, a formar un gobierno que hiciera frente a la insurrección carlista. Martínez de la Rosa llevó a cabo la elaboración del Estatuto Real en 1834. Se trata de una Carta Otorgada que establecía unas Cortes bicamerales (Cámara de Próceres y Cámara de Procuradores). El monarca manténía importantes poderes: podía convocar y suspender Cortes cuando quisiera y todas las leyes, además de la aprobación de las Cámaras, necesitaba el consentimiento del rey (derecho de veto).

La escisión de los liberales

La insuficiencia de las reformas de Martínez llevó a que los liberales terminaran por escindirse en dos grupos: moderados y progresistas. Los liberales progresistas, antiguos exaltados, mantendrán hasta 1868 el siguiente ideario: limitación del poder de la Corona, ampliación del sistema de libertades, reformas radicales como la desamortización de los bienes eclesiásticos y de los ayuntamientos, ampliación del cuerpo electoral, elección popular de alcaldes y concejales en los ayuntamientos, liberalismo económico y reducción de la protección arancelaria, constitución de un cuerpo armado, la Milicia Nacional, como garante de las libertades. Sus principales dirigentes fueron Espartero, Mendizábal, Madoz, Olózaga y Prim. A lo largo del reinado de Isabel II y la regencia de su madre María Cristina solo estuvieron en el poder durante breves períodos: 1840-1843 y 1854-56 (Bienio progresista). En un contexto de Guerra Civil, tuvo lugar en 1836 la “ Sargentada o Motín de /a Granja”. Los sargentos de la Guardia Real obligaron a la Reina Regente que descansaba en el palacio de la Granja a suspender el Estatuto Real y proclamar la Constitución de 1812. María Cristina tuvo que llamar a los progresistas al poder con Mendizábal. Una vez en el gobierno, iniciaron un proceso de reforma de la Constitución de Cádiz. El nuevo texto constitucional, la constitución de 1837 tuvo las siguientes carácterísticas: – Soberanía nacional. – División de poderes: Cortes bicamerales (Congreso y Senado). El Senado, nombrado por el rey tras elección de una terna del cuerpo electoral. – Poder ejecutivo: el Rey, con iniciativa legislativa y veto ilimitado.


Designa a los senadores y nombra a los ministros, que debían conseguir la doble confianza. En caso de desacuerdo, el rey podía disolver las Cortes. – Derechos individuales y libertad de imprenta. – No se prohibían otras religiones. Los liberales moderados, antiguos doceañistas en el Trienio, plantearon un programa mucho más conservador: fortalecimiento del poder del rey y restricción de las libertades, sufragio censitario restringido, designación de los ayuntamientos por el gobierno central, supresión de la Milicia Nacional. Este programa se concretó en la Constitución de 1845, Ley de Ayuntamientos (1845) y Ley Electoral (1846). Sus principales dirigentes fueron MARTÍNEZ DE LA ROSA, el general NARVÁEZ y Alejandro MON.

La caída de María Cristina y la regencia de Espartero

La oposición de la Regente a la Ley de Ayuntamientos de 1840, y diversos problemas de la vida privada de María Cristina la forzaron a renunciar y a marchar fuera del país. En su ausencia se nombró a un nuevo Regente: el General Espartero (1841-1843). Durante su regencia, se aceleró la desamortización de los bienes eclesiásticos y se recortaron los fueros vasco-navarros. La firma de un acuerdo librecambista con Inglaterra engendró grandes protestas en Barcelona que fueron duramente reprimidas. El bombardeo de la ciudad llevó a que Espartero perdiera toda su popularidad. Una sublevación militar organizada por los moderados, a la que se unieron algunos progresistas, precipitó el fin de la Regencia de Espartero. Para salir del impasse político, las nuevas autoridades aceleraron la coronación de Isabel II.