Análisis de las Constituciones Españolas y Contexto Histórico (1869-1876)
Las constituciones españolas del periodo comprendido entre la Revolución Gloriosa y la Restauración reflejan profundos cambios políticos y sociales en España. A continuación, se comparan las tres cartas magnas fundamentales de esta etapa:
- Constitución de 1869: Surgió tras la Revolución Gloriosa y estableció una Monarquía Parlamentaria con soberanía nacional, separación de poderes y elecciones por sufragio universal masculino. Garantizaba amplios derechos y libertades, incluyendo la separación Iglesia-Estado y la libertad de culto. No obstante, no satisfacía plenamente a republicanos ni a las clases populares, ya que mantenía el modelo socioeconómico existente.
- Constitución de 1873: Proclamó la República Federal en un momento de gran conflictividad social y guerras. Dividía España en 17 estados autónomos, incluyendo Cuba y Puerto Rico, con un presidente encargado de equilibrar los poderes. Reconocía amplios derechos y libertades y separaba Iglesia y Estado, pero nunca llegó a aplicarse.
- Constitución de 1876: Restauró la monarquía con Alfonso XII, reforzando el poder del Rey, quien podía nombrar ministros, vetar leyes, disolver Cortes y comandar el ejército. Aunque reconocía derechos y sufragio masculino, en la práctica limitaba la participación política y mantenía la religión católica como oficial.
En resumen, la Constitución de 1869 apostaba por libertad y democracia dentro de la monarquía; la de 1873 buscaba autonomía y federalismo en la república; y la de 1876 priorizaba estabilidad y centralización bajo un Rey poderoso.
1. La Revolución Gloriosa
Al final del reinado de Isabel II, los gobiernos autoritarios de Narváez y O’Donnell reprimían a la oposición y cerraban las Cortes. La violencia contra estudiantes y la sublevación de los sargentos de San Gil mostraron el malestar social. La crisis económica provocó caída de la Bolsa, quiebras y carestía de alimentos, afectando también a la industria textil.
El modelo político moderado se agotó con la muerte de sus líderes, y la oposición progresista y demócrata, liderada por Prim, firmó el Pacto de Ostende para acabar con el régimen, contando con el apoyo de Serrano y parte del ejército. La sublevación comenzó con la escuadra de Topete y el manifiesto “España con Honra”, proponiendo un gobierno provisional y Cortes por sufragio universal. Prim y Serrano apoyaron la revuelta, que se extendió por varias ciudades con juntas revolucionarias que reclamaban derechos y reformas. La reina perdió apoyos, las tropas fieles fueron derrotadas, y marchó a Francia, terminando su reinado.
2. El Reinado de Amadeo I
La Constitución de 1869 se promulgó con Serrano como regente provisional y Prim encargado de buscar un nuevo rey liberal y católico aceptado por Europa. El elegido fue Amadeo de Saboya, que juró la Constitución en enero de 1871, pero su reinado duró poco más de dos años debido a la falta de apoyos y las dificultades políticas.
Amadeo era poco carismático y rechazado por el pueblo; la aristocracia seguía apoyando a los Borbones y la Iglesia se mostró hostil por su procedencia italiana y por aceptar la libertad de cultos y nuevas desamortizaciones. Los republicanos organizaron levantamientos y los carlistas iniciaron la III Guerra Carlista (1872-1876) en Navarra y el País Vasco. Además, tuvo que afrontar la Guerra de Cuba o Guerra de los Diez Años, que solo terminó temporalmente con la Paz de Zanjón.
La muerte de Prim en diciembre de 1870 dejó a Amadeo sin su principal apoyo, y el gobierno se mantuvo inestable con coaliciones divididas (progresistas, unionistas y demócratas), 6 gobiernos en 2 años y tres elecciones. Ante estas dificultades, Amadeo I renunció al trono el 10 de febrero de 1873.
3. La I República
Tras la Revolución de 1868, el Partido Demócrata pasó a defender la República Federal, dando lugar al Partido Republicano Federal, liderado por Pi i Margall. Defendían un Estado formado por territorios con autonomía. Dentro del federalismo había dos corrientes:
- Gradualistas: Querían construir la federación desde las Cortes.
- Intransigentes o Cantonalistas: Defendían una federación desde abajo mediante pactos libres, influenciados por el anarquismo. Contaban con el apoyo de las clases populares y campesinas.
Frente a ellos estaban los republicanos unitarios, encabezados por Emilio Castelar, que defendían un Estado centralizado y la unidad nacional.
Tras la renuncia de Amadeo de Saboya, el Congreso y el Senado proclamaron la I República el 11 de febrero de 1873. Su proclamación fue pacífica, pero la República nació con gran inestabilidad y apenas fue reconocida internacionalmente, solo por Suiza y Estados Unidos.
4. El Cantonalismo
El cantonalismo fue un movimiento insurreccional de la I República que unió a los republicanos intransigentes con las ideas de revolución social del anarquismo. Su objetivo era crear cantones independientes que se unirían libremente para formar un Estado federal desde abajo.
El movimiento se extendió por zonas con fuerte presencia republicana, sobre todo en la costa mediterránea, Andalucía y algunos puntos del interior. La mayoría de los cantones fueron reprimidos rápidamente, destacando la resistencia de Cartagena. Cartagena resistió gracias a su fortaleza y al apoyo militar y naval, y aplicó reformas sociales como la jornada laboral de ocho horas, mantuvo relaciones exteriores y acuñó moneda propia. Finalmente se rindió tras concederse un indulto general.
El cantonalismo provocó una crisis política en la I República: dimitieron Pi i Margall y después Salmerón, y con Emilio Castelar la República dio un giro autoritario y reforzó el poder del ejército. El conflicto terminó cuando el general Pavía disolvió las Cortes, poniendo fin a la República federal.
5. La Restauración Monárquica
La restauración monárquica se inició tras el golpe de Estado de Pavía en enero de 1874, que puso fin en la práctica a la república. Durante ese periodo se debatió entre mantener una república moderada o restaurar la monarquía borbónica, opción defendida por los alfonsinos.
El pronunciamiento de Martínez Campos en diciembre de 1874 llevó al trono a Alfonso de Borbón, con el apoyo del ejército y de las clases dominantes. El proceso fue dirigido por Cánovas del Castillo y justificado en el Manifiesto de Sandhurst, que presentaba la monarquía como solución a la crisis política y social. La Restauración estableció un sistema constitucional y parlamentario, pero no democrático: la monarquía era incuestionable, solo gobernaban los partidos dinásticos y las elecciones estaban manipuladas, aun con el sufragio universal desde 1890. El poder quedó en manos de una burguesía oligárquica agraria.
6. Sistema Canovista
El sistema canovista no pretendía volver al liberalismo isabelino, sino implantar un nuevo régimen que solucionara los principales problemas de esa etapa: la intervención del ejército en la política y la inestabilidad política.
Por un lado, se quería apartar al ejército de la vida política. Los partidos políticos debían renunciar a los pronunciamientos militares y los llamados espadones no debían intervenir. El ejército debía subordinarse al poder civil, y por eso el rey estaba al mando de las fuerzas armadas, actuando como rey soldado.
Por otro lado, se buscaba crear un marco de estabilidad política, integrando las distintas corrientes del liberalismo en un proyecto común. Este sistema se apoyaba en la Corona y las Cortes, instituciones tradicionales depositarias de la soberanía. La Corona era la pieza fundamental del sistema, ya que garantizaba el orden, la autoridad y la estabilidad.
7. Turno de Partidos Dinásticos y la Práctica Política: Corrupción Electoral y Caciquismo
Para asegurar la estabilidad política durante la Restauración borbónica, Cánovas del Castillo implantó el turno pacífico entre los dos partidos dinásticos: el Partido Liberal y el Partido Conservador.
- Partido Liberal Fusionista: Creado en 1880 y dirigido por Sagasta, era heterogéneo y reunía distintas corrientes del liberalismo democrático.
- Partido Conservador: Liderado por Cánovas del Castillo, estaba más cohesionado, aunque tras su muerte surgieron nuevas corrientes.
Ambos eran partidos de notables, sin programa ni estatutos, organizados en torno a un líder con apoyos de la élite económica y las clases medias.
En la práctica política, el sistema se sostuvo mediante la corrupción electoral y el caciquismo. Cuando un gobierno tenía problemas, el rey nombraba al líder del partido contrario, que disolvía las Cortes y convocaba elecciones que debía ganar. Para asegurar el resultado se aplicaba el encasillado, elaborando previamente las listas de candidatos. El proceso electoral era controlado por alcaldes, Guardia Civil y caciques locales, que manipulaban el voto. Se usaban métodos fraudulentos como la falsificación de censos y actas, la compra de votos, las amenazas y el pucherazo, garantizando así la alternancia en el poder.
9. Los Inicios de la Alternancia
El sistema de turnos se basaba en la alternancia en el poder entre los partidos conservador y liberal, lo que dio estabilidad política durante varios años. Los primeros gobiernos de Cánovas se caracterizaron por limitar derechos como el sufragio y las libertades de reunión y asociación.
Después llegó Sagasta, líder del Partido Liberal Fusionista. Su gobierno supuso una mayor tolerancia hacia los republicanos y la ampliación del derecho al voto en las elecciones municipales. Tras la muerte del rey, conservadores y liberales llegaron a un acuerdo, el Pacto del Pardo, para garantizar la continuidad del sistema.
Durante la regencia de María Cristina, Sagasta volvió a gobernar. En su gobierno más largo se impulsaron reformas importantes, como la legalización de las asociaciones obreras, la aprobación del Código Civil y el establecimiento del sufragio universal masculino. A pesar de ello, el fraude electoral impidió una verdadera democratización. En los últimos años del periodo aumentaron los movimientos regionalistas, la conflictividad social y los atentados anarquistas. La muerte de Cánovas dejó al régimen sin uno de sus principales apoyos.
10. Galleguismo
La primera manifestación del galleguismo fue el Provincialismo, surgido en el Partido Progresista. Su objetivo era recuperar la unidad institucional de Galicia y reclamar cierta autonomía. Se desarrolló en ambientes universitarios y en la Academia Literaria de Santiago, donde se debatía sobre la cultura gallega. Tras la derrota de Solís, el grupo se dispersó, pero los fusilados de Carral se convirtieron en los primeros mártires del galleguismo.
Murguía, Rosalía de Castro y otros recogieron estas ideas y promovieron el Rexurdimento literario. El provincialismo evolucionó al Rexionalismo, que reclamaba autonomía política, cooficialidad del gallego, fin del caciquismo y políticas económicas para modernizar Galicia. Se dividió en corriente liberal, liderada por Murguía, y tradicionalista, de Alfredo Brañas. Surgieron organizaciones como la Asociación Regionalista Gallega, la Real Academia Galega y periódicos como A Nosa Terra para difundir los ideales del galleguismo.
Más adelante, el galleguismo dio paso al Nacionalismo, desarrollado por autores como Antón y Ramón Villar Ponte, Risco y Castelao, que definieron Galicia como una nación con lengua, cultura, historia y espíritu propios. Criticaron el atraso económico y defendieron la autonomía sin separatismo. Se distinguieron dos corrientes: tradicionalista (Otero Pedrayo, Risco) y democrática (A. Bóveda, Castelao). Se organizaron en las Irmandades da Fala, con un programa político y democrático, aunque con poca implantación social. Más tarde surgieron ORGA y el Partido Galeguista, con gran actividad durante la II República.
11. Independencia de Cuba
Tras la Paz de Zanjón en 1878, España se comprometió a conceder reformas que igualaran los derechos de los cubanos y los peninsulares, como representación política, libertad de comercio y abolición de la esclavitud. Sin embargo, estas reformas se retrasaron por la oposición de los grandes terratenientes, lo que provocó descontento y llevó a una segunda rebelión, la Guerra Chiquita de 1879, rápidamente reprimida, pero que mostró que el conflicto no estaba resuelto.
En 1895, el movimiento independentista liderado por José Martí y el Partido Revolucionario Cubano, con apoyo de Antonio Maceo y Máximo Gómez, inició la revuelta definitiva con el Grito de Baire. España envió al general Campos para negociar y combatir a los rebeldes, pero al fracasar fue sustituido por Weyler, que utilizó métodos muy duros, encerrando a campesinos en aldeas-campo de concentración, donde murieron muchos por hambre y enfermedades. La prensa estadounidense denunció estas acciones, aumentando la presión internacional.
Tras el asesinato de Cánovas, el gobierno liberal sustituyó a Weyler y concedió cierta autonomía y derechos a los cubanos, pero era demasiado tarde y los independentistas continuaron la lucha. Estados Unidos tenía intereses económicos y estratégicos en Cuba y, tras fracasar los intentos de compra a España, optó por la guerra. El pretexto fue el hundimiento del Maine en el puerto de La Habana, atribuido a España. Tras rechazar España el ultimátum, McKinley declaró la guerra. Gracias a su flota moderna, EE. UU. derrotó rápidamente a España en Cuba y en Filipinas, marcando el fin del dominio español en la isla.
12. Independencia Filipinas y Pérdidas Territoriales
Al mismo tiempo que ocurría el conflicto en Cuba, hubo una rebelión en las islas Filipinas. Rizal fundó la Liga Filipina. De esta liga surgió la sociedad secreta Katipunan, que significa “sociedad”, y que buscaba la independencia de Filipinas de España. Esta sociedad impulsó el levantamiento del 86, apoyado por la burguesía mestiza y el pueblo indígena. La política represiva del general Polavieja, que ordenó fusilar a Rizal, no pudo detener la insurrección, liderada por Emilio Aguinaldo.
Tratado de París y Consecuencias
Finalmente, en el Tratado de París se reconoció la independencia de Filipinas y de otras islas del Pacífico.
En 1898 se firmó el Tratado de París, que puso fin al imperio español en América y en el Pacífico. España perdió Cuba, que fue declarada independiente, pero quedó bajo la “protección provisional” de EE. UU. En 1902, la enmienda Platt a la nueva constitución cubana permitió a Estados Unidos intervenir en los asuntos internos de la isla, limitando su soberanía. Además, España cedió Filipinas, Puerto Rico y la isla de Guam (en las Marianas) a EE. UU. a cambio de dinero. Solo le quedaron las islas Marianas, Carolinas y Palaos, que fueron vendidas a Alemania en 1899.
13. Desastre del 98
El Desastre del 98 tuvo graves consecuencias para España. La guerra movilizó a unos 200.000 soldados, sobre todo de clases populares, y causó la muerte de unos 50.000, además de muchos mutilados o enfermos, lo que aumentó el antimilitarismo. Socialmente, no hubo grandes disturbios; la población se mostró pasiva, aliviada de no enviar a sus hijos a la guerra.
Económicamente, se perdieron colonias y mercados, y aumentó la deuda, aunque la crisis fue menor de lo esperado porque regresaron capitales que se invirtieron en España. Políticamente, no hubo cambios inmediatos: Sagasta mantuvo el gobierno hasta 1899, cuando fue reemplazado por los conservadores de Silvela. Los movimientos nacionalistas criticaron la incapacidad de los partidos tradicionales y ganaron fuerza.
Impacto Moral e Ideológico
El desastre fue sobre todo moral e ideológico, generando desencanto por la pérdida del imperio y el papel secundario de España. La Generación del 98, formada por escritores como Valle-Inclán, Maeztu, Baroja, Azorín, Antonio Machado y Unamuno, analizó los problemas de España con crítica y pesimismo.
Como reacción surgió el Regeneracionismo, un movimiento que pedía renovar la política y la economía españolas. Sus miembros, como Joaquín Costa, Lucas Mallada y Ángel Ganivet, atribuían los problemas a la corrupción política y al atraso económico. Proponían modernizar el país, alfabetizar a la población, olvidar las glorias pasadas y, si era necesario, contar con un “cirujano de hierro”, un gobernante autoritario temporal que resolviera los problemas del país.
8. Fin de Dos Conflictos Bélicos (G. Carlista y Cuba)
Tercera Guerra Carlista
La III Guerra Carlista terminó con las victorias del ejército liberal, dirigidas por Martínez Campos en el Maestrazgo y en los últimos focos carlistas de Montejurra y Estella. Tras la derrota, las tropas carlistas se dispersaron y el pretendiente Carlos VII se exilió en Francia. La principal consecuencia fue la imposición de un Estado unitario y centralista, ya que se abolió el régimen foral y los territorios vascos quedaron sometidos al sistema común de impuestos y servicio militar.
No obstante, en 1878 se aprobó el Concierto Económico, que permitía a las diputaciones vascas recaudar impuestos y entregar al Estado una cantidad pactada, el cupo, además de organizar las quintas militares. Este sistema estuvo vigente hasta 1937.
Guerra de Cuba
El fin de la guerra carlista permitió enviar más tropas a Cuba y firmar la Paz de Zanjón, que establecía la abolición de la esclavitud y prometía reformas políticas, como la representación cubana en las Cortes españolas. El incumplimiento de estas reformas provocó nuevos conflictos, como la Guerra Chiquita y la insurrección de 1895. Como consecuencia del fin de estos conflictos, Alfonso XII ganó gran prestigio entre el ejército, siendo conocido como el Rey Pacificador.