Descartes y Nietzsche: duda metódica, certezas y crítica de la razón en la modernidad

1. El punto de partida: escolástica y escepticismo moderno

La filosofía de René Descartes surge en un contexto de crisis del pensamiento tradicional. La escolástica aristotélico-tomista, dominante en la Edad Media, se ve cuestionada por las críticas de Guillermo de Ockham y por la revolución científica renacentista, que ponen en duda la física y el método de Aristóteles. Descartes considera que estos conocimientos no ofrecen seguridad y busca un nuevo punto de partida.

El pensamiento moderno retoma el escepticismo pirrónico, que sostiene que la razón no puede alcanzar verdades absolutas. Descartes parte de esta duda para superarla mediante un método que permita llegar a la certeza.

2. La necesidad filosófica de certeza

Frente al escepticismo, Descartes busca un fundamento absolutamente seguro del conocimiento. Ni la tradición ni los sentidos son fiables; solo la razón, considerada por él como la facultad capaz de distinguir lo verdadero de lo falso, puede ofrecer criterios de verdad.

El conocimiento verdadero requiere intuición (comprensión inmediata de ideas claras y distintas) y deducción (obtener conclusiones necesarias a partir de ideas ciertas). Solo las ideas claras y distintas sirven como base para la certeza.

3. El método y el método de la duda

Descartes adopta el modelo del método matemático, considerado seguro para alcanzar la verdad. Este método consta de cuatro reglas: evidencia, análisis, síntesis y enumeración.

Aplica la duda metódica como herramienta para llegar a la verdad. Es universal (afecta todo conocimiento), teórica (se aplica al conocimiento) y metódica (con fines de certeza). La duda se aplica a los sentidos, al mundo exterior (hipótesis del sueño) y a la razón (hipótesis del genio maligno).

4. Interioridad y certeza racional

Llevada al extremo, la duda parece conducir al escepticismo, pero Descartes descubre una verdad indudable: mientras duda, piensa, y mientras piensa, existe. Surge el principio pienso, luego existo, base de la filosofía moderna.

A partir de esto, el yo es identificado como res cogitans (sustancia pensante), y el criterio de verdad se establece en las ideas claras y distintas, obtenidas desde la interioridad del sujeto, introduciendo el subjetivismo moderno.

5. Certeza de Dios y justificación del hombre y el mundo

Para garantizar que la razón no engaña, Descartes presenta argumentos para la existencia de Dios, concebido como ser infinito, perfecto y veraz, mediante el argumento ontológico y el argumento causal.

La existencia de Dios asegura, según Descartes, la validez de las ideas claras y distintas y permite afirmar la existencia del mundo exterior. Así, distingue tres sustancias: Dios (infinita), el yo (pensante) y el mundo material (extenso). Con ello defiende un dualismo alma‑cuerpo y una visión mecanicista de la realidad.

Comparación entre Descartes y Nietzsche

René Descartes y Friedrich Nietzsche representan dos formas muy distintas de entender la filosofía. Descartes, filósofo del siglo XVII, defendió que el conocimiento seguro debe basarse en la razón. Nietzsche, filósofo del siglo XIX, criticó esa confianza en la razón y cuestionó las ideas tradicionales sobre la verdad y la moral.

Descartes

Descartes propuso el método de la duda metódica, que consiste en poner en duda todo aquello que pueda ser falso para encontrar una verdad completamente segura. De este modo llegó a la famosa conclusión pienso, luego existo, con la que afirma que la única certeza inicial es la existencia del propio pensamiento. Para Descartes, la razón es la principal capacidad del ser humano y, si se usa correctamente, permite alcanzar verdades seguras. Además, defendió que la mente y el cuerpo son realidades distintas: la mente piensa y conoce, mientras que el cuerpo es material.

Nietzsche

Nietzsche rechazó esta forma de entender la filosofía. Negó que existan verdades absolutas y criticó la idea de que la razón sea un medio seguro para conocer la realidad. Según Nietzsche, lo que llamamos «verdad» depende de la cultura, la historia y los valores de cada época. Su expresión «Dios ha muerto» no significa solo el fin de la religión, sino la pérdida de los valores tradicionales que daban sentido a la vida. Frente a ello, defendió la importancia de afirmar la vida y de crear nuestros propios valores. En este contexto aparece la idea del superhombre, la persona capaz de superar la moral tradicional y vivir según sus propias normas.

En conclusión, mientras Descartes confía en la razón para alcanzar un conocimiento seguro y válido para todos, Nietzsche desconfía de la razón y defiende una visión más ligada a la vida, a la libertad individual y a la creación personal de valores.

Búsqueda de un nuevo punto de partida filosófico

Ambos consideran que la filosofía anterior a ellos está en crisis y que es necesario empezar de nuevo. Descartes rompe con la escolástica medieval y Nietzsche con la filosofía y la moral tradicionales.

Crítica al pensamiento heredado

Los dos cuestionan las ideas aceptadas sin examen crítico. Descartes lo hace mediante la duda metódica y Nietzsche mediante la crítica a la moral, la religión y la metafísica.

Centralidad del ser humano

En ambos casos, el ser humano ocupa un lugar central. Descartes parte del sujeto pensante, y Nietzsche del individuo que crea valores y da sentido a su vida.

Descartes y las fake news: la duda metódica en la sociedad de la información

La sociedad actual se caracteriza por una circulación constante y masiva de información. A través de medios digitales y redes sociales, las personas reciben a diario una gran cantidad de noticias, opiniones y datos, lo que dificulta distinguir entre información verdadera y falsa. Este fenómeno, conocido como sobreinformación, ha favorecido la expansión de las fake news, que ponen en riesgo la formación de un juicio crítico.

Aunque este problema parece propio del mundo contemporáneo, la preocupación por diferenciar la verdad del error no es nueva. En la filosofía moderna, René Descartes se planteó de manera sistemática cómo alcanzar un conocimiento seguro y evitar el engaño. Su reflexión parte de una pregunta fundamental: ¿en qué podemos confiar cuando muchas de nuestras creencias resultan dudosas? Tesis: la duda metódica propuesta por Descartes sigue siendo una herramienta válida para enfrentarnos críticamente a la información en la sociedad actual.

Descartes propone la duda metódica como un método para alcanzar la certeza. Esta consiste en poner en cuestión todo aquello que pueda ser dudoso, no para negar la verdad, sino para encontrar un fundamento sólido del conocimiento. En este proceso, Descartes duda de los sentidos, del mundo exterior y de las verdades que ha aceptado sin reflexión, especialmente aquellas aprendidas por tradición o costumbre.

Esta actitud resulta especialmente relevante en la actualidad. En un entorno informativo saturado, muchas personas aceptan contenidos sin analizarlos, guiadas por la repetición, la apariencia de credibilidad o la presión social. Al igual que Descartes advierte contra la confianza ciega en los sentidos, hoy es necesario desconfiar de la información que se presenta de forma inmediata o emocional.

Un elemento central del pensamiento cartesiano es el papel de la razón como criterio de verdad. Para Descartes, no es la autoridad ni la costumbre lo que garantiza el conocimiento, sino el examen racional. Solo aquello que resiste la duda y se presenta de forma clara puede ser aceptado como verdadero. Esta postura contrasta con la aceptación pasiva de información que caracteriza a buena parte del consumo digital actual.

El método cartesiano puede compararse con el pensamiento crítico contemporáneo. Ambos insisten en la necesidad de analizar, cuestionar y justificar las creencias antes de aceptarlas. Dudar, en este sentido, no significa rechazar todo, sino pensar de manera autónoma y responsable.

La filosofía de Descartes ofrece un modelo útil para afrontar los desafíos informativos de la sociedad digital. Su duda metódica enseña a no aceptar como verdadero aquello que no ha sido previamente examinado, promoviendo una actitud activa frente al conocimiento.

En un contexto marcado por la desinformación, esta propuesta sigue siendo actual y necesaria. Pensar por uno mismo, cuestionar lo recibido y usar la razón como guía son actitudes fundamentales para desenvolverse críticamente en el mundo contemporáneo. Así, la lección cartesiana conserva plena vigencia: frente a la confusión informativa, la reflexión personal y la duda razonada siguen siendo caminos esenciales hacia la verdad.

C.A

C.A

El problema filosófico que se plantea es la búsqueda de un fundamento absolutamente seguro e indudable sobre el que construir el conocimiento, es decir, cómo alcanzar una verdad que no pueda ser puesta en duda frente al escepticismo.

La tesis que sostiene Descartes es que, aunque se pueda dudar de todo —de los sentidos, de los razonamientos y de la distinción entre sueño y vigilia—, existe una verdad que es imposible de negar: mientras pienso, existo, formulada en el principio pienso, luego existo (cogito, ergo sum).

Los argumentos que utiliza se basan en la duda metódica. En primer lugar, Descartes duda de los sentidos porque a veces nos engañan. En segundo lugar, duda de los razonamientos, ya que incluso en las ciencias más exactas pueden cometerse errores. Finalmente, introduce la distinción entre sueño y vigilia, según la cual no podemos estar completamente seguros de que lo que percibimos no sea una ilusión. Sin embargo, al dudar de todo, descubre que el acto mismo de dudar implica pensar, y que pensar implica necesariamente existir como cosa pensante.

Esto se encuadra en el corpus filosófico del autor en cuanto que es la búsqueda de un fundamento indudable sobre el cual se construye el conocimiento, partiendo de la duda radical. La filosofía de Descartes gira en torno a cómo fundar el conocimiento en un principio firme e indudable.

El término «verdadero» según Descartes se rige por el criterio de certeza: solo es verdadero aquello que se presenta a la mente con claridad y distinción. Este criterio se alcanza tras aplicar la duda metódica, que elimina todo conocimiento incierto y permite aceptar únicamente aquello que la razón percibe con total seguridad.

El término pienso, luego existo es la primera verdad indudable de la filosofía de Descartes. Se alcanza mediante la duda metódica, universal y teórica, que duda de los sentidos, del sueño y de la razón (genio maligno). Al dudar de todo, Descartes descubre que no puede dudar de lo que piensa y, por tanto, de que existe.

C.B

C.B

El problema filosófico que se plantea es la definición de la naturaleza del ser humano y, de forma inseparable, la determinación de un criterio seguro de certeza que permita distinguir el conocimiento verdadero del falso, superando el escepticismo heredado de la filosofía tradicional.

La tesis que sostiene Descartes es que el ser humano está compuesto por dos sustancias distintas: el alma y el cuerpo. Sin embargo, la esencia del ser humano reside en el alma o pensamiento, denominada res cogitans. Además, afirma que el criterio de certeza del conocimiento se encuentra en las ideas claras y distintas, ya que solo aquello que se percibe con esa evidencia puede considerarse verdadero sin posibilidad de duda.

Los argumentos que utiliza parten de la duda metódica. Al poner en duda todo lo que procede de los sentidos, del razonamiento y de la experiencia, Descartes descubre una primera verdad indudable: mientras duda, piensa, y mientras piensa, existe. A partir del cogito ergo sum, concluye que su esencia no es corporal, sino pensante, lo que demuestra que el alma es una sustancia distinta e independiente del cuerpo. Desde esta primera certeza, establece que todas las ideas que se perciben con la misma claridad y distinción que el cogito deben ser verdaderas.

Esto se encuadra en el corpus filosófico del autor en cuanto que es la afirmación de la prioridad de la res cogitans como fundamento tanto del conocimiento como de la comprensión del ser humano, característica central de la filosofía moderna cartesiana.

El término res cogitans designa al yo como sustancia cuya esencia es pensar, independientemente del cuerpo, que pertenece al ámbito de la res extensa. Esta concepción rompe con la visión aristotélica tradicional y sitúa al pensamiento como núcleo de la identidad humana.

El término «claridad y distinción» se refiere al criterio de certeza cartesiano, según el cual es verdadero todo aquello que se presenta a la mente de manera evidente y sin confusión, criterio que se fundamenta en la primera verdad indudable: el cogito ergo sum.