El sistema canovista: la Constitución de 1876 y el turno de partidos
El sistema canovista se inició tras el Manifiesto de Sandhurst (1874), en el que Cánovas del Castillo defendía la restauración pacífica de la monarquía en Alfonso XII. No obstante, la restauración se produjo mediante el pronunciamiento militar de Martínez Campos en Sagunto (1874), que puso fin a la dictadura de Serrano. Cánovas asumió el gobierno de transición y puso en marcha un sistema político basado en:
- La soberanía compartida entre el rey y las Cortes.
- El bipartidismo.
- Una Constitución moderada.
- El turno pacífico de partidos.
- La subordinación del Ejército al poder civil.
Durante la Restauración se consolidaron dos grandes partidos:
- Partido Liberal Conservador, liderado por Cánovas. Procedía del Partido Moderado y del ala derecha de la Unión Liberal; su base social eran las clases altas y defendía el sufragio censitario, derechos y libertades limitados, el centralismo y el tradicionalismo.
- Partido Liberal Fusionista, liderado por Sagasta. Surgió del Partido Progresista, del ala izquierda de la Unión Liberal y de republicanos posibilistas; su base social eran las clases medias urbanas y defendía el sufragio universal, mayores libertades y una menor influencia de la Iglesia.
El sistema político era oligárquico y no democrático, ya que el turno de partidos se basaba en el acuerdo previo entre conservadores y liberales para alternarse en el poder. Las elecciones eran manipuladas mediante el caciquismo y el fraude electoral, en el que intervenían el Ministerio de la Gobernación, los gobernadores civiles, los caciques y los ayuntamientos. A través del encasillado se decidían los resultados utilizando prácticas como el pucherazo, el voto de difuntos o las amenazas.
La Constitución de 1876, vigente hasta 1923, fue fruto del consenso y dio estabilidad al sistema. Establecía la soberanía compartida, el sufragio censitario (universal desde 1890), amplios poderes para el rey, Cortes bicamerales con un Senado elitista y un Congreso electivo, derechos y libertades restringidos y la confesionalidad católica del Estado.
El reinado de Alfonso XII (1875-1885) comenzó con gobiernos conservadores de Cánovas, seguido de un gobierno liberal de Sagasta y un último gobierno conservador. Tras la muerte del rey se firmó el Pacto del Pardo (1885), que garantizó la regencia de María Cristina de Habsburgo. Durante su regencia destacó un largo gobierno liberal con reformas, aunque desde 1890 el sistema entró en crisis debido a la guerra de Cuba y Filipinas y a la muerte de Cánovas.
El sistema canovista contó con numerosas oposiciones, como el carlismo, los republicanos, los nacionalismos periféricos y el movimiento obrero. Destacan:
- Nacionalismo catalán, con Valentí Almirall y Enric Prat de la Riba, que reclamaba autogobierno.
- Nacionalismo vasco, organizado en el PNV por Sabino Arana, que defendía la independencia, el integrismo religioso y la identidad vasca.
- Movimiento obrero, dividido entre el anarquismo —representado por la FTRE y acciones como la Mano Negra— y el socialismo, organizado en el PSOE por Pablo Iglesias, que buscaba la conquista del poder político por la clase obrera.
Las guerras de Cuba, el conflicto con Estados Unidos y la crisis de 1898
Tras la independencia de la mayoría de las colonias americanas, solo Cuba, Puerto Rico, Filipinas y algunas islas del Pacífico permanecieron bajo dominio español. El fin del Imperio colonial español se produjo en 1898 tras la guerra entre España y Estados Unidos.
Las causas de la pérdida del Imperio fueron diversas: la economía colonial basada en el azúcar y el tabaco; la falta de libre comercio por las leyes arancelarias españolas; la tardía concesión de reformas políticas; el apoyo estadounidense a los independentistas cubanos; y la ausencia de aliados internacionales.
Estas causas provocaron las guerras de Cuba:
- Guerra de los Diez Años (1868-1878), iniciada con el Grito de Yara de Manuel Céspedes y terminada con la Paz de Zanjón, que prometía autonomía, abolición de la esclavitud y representación política. El incumplimiento de estos acuerdos dio lugar a la Guerra Chiquita.
- Guerra Chiquita (1879-1880), consecuencia del incumplimiento de los acuerdos de Zanjón.
- Tercera guerra cubana (1895), dirigida por José Martí, en la que España aplicó una guerra de desgaste y destacó la actuación del general Weyler contra los mambises.
La prensa sensacionalista (la llamada prensa amarilla) y la explosión del acorazado Maine llevaron a Estados Unidos a declarar la guerra a España en 1898. Paralelamente, en Filipinas estalló una insurrección independentista y la flota española fue derrotada en Cavite y Manila.
La guerra, conocida también como la Guerra de los Cien Días, finalizó con la derrota española y el Tratado de París (1898), por el que Cuba se independizó y España cedió Puerto Rico, Filipinas y Guam a Estados Unidos. En 1899, mediante el tratado hispano‑alemán, España perdió sus últimas colonias del Pacífico.
El «Desastre del 98» provocó una grave crisis. En el plano económico supuso la pérdida de los mercados coloniales, aunque también la repatriación de capitales. Políticamente aumentó el desprestigio del sistema de la Restauración y surgió un renovado interés por el norte de África. Ideológicamente originó una crisis de la conciencia nacional, reflejada en el regeneracionismo y en la Generación del 98. El regeneracionismo contó con figuras políticas como Silvela, Maura y Joaquín Costa, mientras que la Generación del 98 estuvo representada por escritores y pensadores como Unamuno, Azorín y Antonio Machado.
Isabel II: las regencias, las guerras carlistas y los grupos políticos
Tras la muerte de Fernando VII en 1833, su hija Isabel II fue reconocida como heredera gracias a la Pragmática Sanción, por lo que su madre, María Cristina, asumió la regencia. Frente a ella, Carlos María Isidro reclamó el trono mediante el Manifiesto de Abrantes, iniciándose el carlismo, que defendía el Antiguo Régimen y contaba con el apoyo de parte del clero y del pequeño campesinado, especialmente en Navarra, País Vasco, Aragón, la Cataluña interior y el Maestrazgo.
A lo largo del siglo XIX se produjeron tres guerras carlistas. La Primera Guerra Carlista (1833-1839/40) enfrentó a carlistas e isabelinos en varias fases: una inicial con el dominio rural carlista liderado por Zumalacárregui; una segunda de expediciones militares fallidas como la de Miguel Gómez; y una fase final marcada por la división carlista entre moderados y exaltados. La guerra terminó con el Convenio de Vergara (1839) entre Maroto y Espartero. Sus consecuencias fueron la orientación liberal de la monarquía, el protagonismo político del Ejército y graves problemas económicos.
Posteriormente hubo una segunda guerra (1846-1849) con Carlos VI y una tercera (1872-1876) con Carlos VII, durante el Sexenio Democrático. El reinado de Isabel II se caracterizó por una gran inestabilidad política y continuos pronunciamientos militares. Durante la regencia de María Cristina surgieron los dos grandes partidos del liberalismo:
- Partido Moderado, heredero de los doceañistas, defendía la soberanía compartida, un sufragio censitario muy restringido, derechos limitados y el freno a la desamortización; estaba apoyado por la alta burguesía y los terratenientes. Destacan Martínez de la Rosa, Narváez y Bravo Murillo.
- Partido Progresista, procedente de los veinteañistas, defendía la soberanía nacional, un sufragio censitario más amplio, amplias libertades y la desamortización; contaba con el apoyo de la burguesía media y pequeña. Destacan Mendizábal y Espartero.
El primer gobierno de la regencia fue el de Cea Bermúdez (1833-1834), que llevó a cabo la división provincial. Le siguió el gobierno moderado de Martínez de la Rosa (1834-1835), durante el cual se promulgó el Estatuto Real de 1834, una carta otorgada de carácter moderado que establecía la soberanía real, un sufragio censitario indirecto, derechos muy limitados y Cortes bicamerales. Posteriormente gobernaron el conde de Toreno y el progresista Mendizábal, que realizó la desamortización eclesiástica.
Tras la caída del moderado Istúriz por el pronunciamiento de La Granja (1836), se formó un gobierno progresista que elaboró la Constitución de 1837, de carácter liberal progresista, que reconocía la soberanía nacional, la división de poderes y amplios derechos, aunque mantenía el sufragio censitario, Cortes bicamerales y la confesionalidad católica. Entre 1837 y 1840 se sucedieron gobiernos moderados hasta la dimisión de María Cristina, que dio paso a la regencia de Espartero. Su gobierno autoritario provocó un nuevo pronunciamiento, encabezado por Narváez en Torrejón de Ardoz (1843), que puso fin a su regencia.
Isabel II: el reinado efectivo, grupos políticos y constituciones
Para evitar una tercera regencia, Isabel II fue declarada mayor de edad en 1843, iniciándose su reinado efectivo, caracterizado por el predominio del Partido Moderado, el camarillismo, la intervención directa de la reina en política y la militarización de la vida política.
Además de moderados y progresistas, surgieron nuevos partidos:
- Partido Demócrata, escisión del Partido Progresista, integró a progresistas radicales, republicanos y socialistas. En su Manifiesto de 1849 defendió la soberanía nacional, el sufragio universal, amplias libertades y la separación Iglesia-Estado; contó con el apoyo de las clases populares.
- Unión Liberal, partido de centro entre moderados y progresistas, estuvo liderada por O’Donnell y Serrano.
Entre 1844 y 1854 se desarrolló la Década Moderada, durante la cual se creó la Guardia Civil y se aprobó la Constitución de 1845, de carácter moderado y conservador, que establecía la soberanía compartida, el sufragio censitario, derechos restringidos, Cortes bicamerales y la confesionalidad católica. En esta etapa se realizaron reformas como la reforma de la Hacienda de 1845 (impuestos de consumos), la implantación del Sistema Métrico Decimal, nuevos códigos Civil y Penal, el Plan Pidal en educación, el Concordato de 1851 y el refuerzo del centralismo administrativo.
Entre 1854 y 1856 tuvo lugar el Bienio Progresista, iniciado por el pronunciamiento de la Vicalvarada, encabezado por O’Donnell. El Manifiesto de Manzanares reclamó reformas políticas, una Constitución más progresista, ampliación de libertades y la restauración de la Milicia Nacional. Tras una revolución popular, Espartero formó gobierno y se elaboró la Constitución de 1856 (non nata), además de leyes como la Desamortización de Madoz y la Ley General de Ferrocarriles. La conflictividad social provocó la caída del gobierno progresista.
Entre 1856 y 1858 regresaron los moderados con Narváez, y entre 1858 y 1863 gobernó la Unión Liberal, etapa de estabilidad y crecimiento económico, destacando una activa política exterior para recuperar el prestigio internacional mediante intervenciones militares en Marruecos, México, la Conchinchina y el Pacífico.
Desde 1863 comenzó la crisis final del reinado, con gobiernos inestables de Narváez, González Bravo y O’Donnell, una grave crisis económica y una creciente crisis política, marcada por sucesos como la Noche de San Daniel, la sublevación del Cuartel de San Gil y varios pronunciamientos. Ante esta situación, progresistas y demócratas firmaron el Pacto de Ostende (1866) con el objetivo de derrocar a Isabel II y convocar Cortes Constituyentes por sufragio universal.
El Sexenio Revolucionario: Constitución de 1869, reinado de Amadeo I y Primera República
El Sexenio Revolucionario (1868-1874) se inició con la caída de la monarquía de Isabel II, provocada por una grave crisis económica y una profunda crisis política, caracterizada por gobiernos inestables y autoritarios. Progresistas y demócratas firmaron el Pacto de Ostende (1866), dirigidos por Prim, con el objetivo de derrocar a Isabel II y convocar Cortes Constituyentes por sufragio universal.
El proceso culminó con la Revolución Gloriosa, iniciada el 18 de septiembre de 1868 por el almirante Topete en Cádiz, a la que se sumaron Prim y Serrano. Tras la Batalla de Alcolea, Isabel II se exilió y se formó un Gobierno Provisional, presidido por Serrano, con Prim, Sagasta y Topete como ministros. En 1869 se celebraron elecciones por sufragio universal masculino, que dieron lugar a la Constitución de 1869, la primera democrática de España. Esta proclamaba la soberanía nacional, el sufragio universal masculino, la división de poderes, amplios derechos y libertades, Cortes bicamerales, una monarquía democrática y parlamentaria y la libertad religiosa, manteniendo, sin embargo, la confesionalidad católica.
A falta de rey, Serrano actuó como regente y Prim como jefe de gobierno. Durante esta etapa se impulsó la implantación del capitalismo, con medidas como la desamortización de minas, la liberalización del comercio y la introducción de la peseta. Persistieron graves problemas como la Guerra de los Diez Años en Cuba, la agitación social y las sublevaciones republicanas. Finalmente, tras una larga búsqueda, fue elegido rey Amadeo I de Saboya.
El reinado de Amadeo I (1871-1873) estuvo marcado por una fuerte oposición política y social (alfonsinos, Iglesia, élites económicas, republicanos, carlistas y movimiento obrero), la inestabilidad gubernamental, la guerra de Cuba, el inicio de la tercera Guerra Carlista y las insurrecciones federalistas. Ante esta situación, Amadeo I abdicó en 1873, proclamándose la Primera República.
La Primera República (1873-1874) tuvo una duración muy breve y estuvo marcada por la inestabilidad, la falta de apoyos y la división entre republicanos federalistas y centralistas. Gobernaron sucesivamente:
- Figueras, que impulsó reformas radicales.
- Pi y Margall, que proclamó la República Federal y elaboró el proyecto de Constitución de 1873, frenado por el movimiento cantonalista.
- Salmerón, que reforzó el orden con apoyo militar.
- Castelar, que gobernó de forma autoritaria.
La República terminó con el golpe de Estado del general Pavía (1874), que dio paso a un gobierno autoritario presidido por Serrano, encargado de restablecer el orden. Paralelamente, Cánovas del Castillo preparó la Restauración borbónica con Alfonso XII, culminada con el pronunciamiento de Martínez Campos en Sagunto, que puso fin al Sexenio y dio inicio a la Restauración.