Filosofía esencial: Descartes, Rousseau, Hume, Kant y Platón sobre conocimiento, ética y política

Descartes: El problema del conocimiento y la realidad

Descartes (1596-1650), filósofo francés del siglo XVII y padre del racionalismo, escribe en un contexto de crisis intelectual tras el hundimiento de la escolástica. Su motivación principal es la búsqueda de una certeza absoluta que sirva de cimiento para las ciencias, evitando el escepticismo. La tesis principal de su pensamiento es que la razón, mediante un método basado en la intuición y la deducción, es capaz de alcanzar verdades universales y necesarias, partiendo de la autoconciencia del sujeto pensante como primera verdad indudable.

Para Descartes, el problema del conocimiento se resuelve mediante la aplicación del método, cuyas reglas permiten dirigir la mente hacia la verdad. Entre sus reglas destacan:

  • Evidencia: aceptar solo lo que es claro y distinto.
  • Análisis: dividir los problemas en tantas partes como sea posible y necesario.
  • Síntesis: conducir los pensamientos desde lo más simple a lo más compuesto.
  • Enumeración: revisar con exhaustividad para no omitir nada.

Al aplicar la duda metódica, Descartes rechaza la fiabilidad plena de los sentidos y de la realidad física, llegando al cogito, ergo sum como primera certeza. A partir de aquí, clasifica las ideas en:

  • Adventicias: procedentes del exterior.
  • Facticias: producidas por la imaginación.
  • Innatas: que pertenecen a la razón por sí mismas.

La existencia de Dios (sustancia infinita) se demuestra, según Descartes, a partir de la idea innata de perfección; esto garantiza que el mundo exterior (sustancia extensa) es real y no una ilusión. Así, la realidad queda dividida en tres sustancias:

  • res cogitans (sujeto, pensamiento)
  • res infinita (Dios)
  • res extensa (materia)

El ser humano constituye un dualismo antropológico donde el alma y el cuerpo están unidos, y la ética se basa en el dominio de la razón para alcanzar la firmeza moral.

En conclusión, Descartes fundamenta la realidad en la metafísica del sujeto y en la garantía divina, estableciendo un sistema deductivo donde el conocimiento parte del interior de la mente. Al comparar con Platón, ambos coinciden en el racionalismo y en cierta desconfianza hacia los sentidos como fuente de verdad. Sin embargo, mientras que para Platón la realidad reside en el Mundo de las Ideas trascendente y el conocimiento es reminiscencia, para Descartes la verdad se encuentra en las ideas innatas de la propia conciencia y la realidad es una estructura garantizada por Dios.

Rousseau: El problema de la sociedad y la política

Rousseau (1712-1778), pensador ilustrado del siglo XVIII, tiene como motivación explicar el origen de la desigualdad humana y proponer un modelo legítimo que recupere la libertad perdida. La tesis fundamental de Rousseau es que el ser humano es bueno por naturaleza (el “buen salvaje”), pero la sociedad y la propiedad privada lo corrompen, por lo que es necesario un nuevo contrato social basado en la voluntad general.

El problema de la sociedad en Rousseau comienza con la distinción entre el estado de naturaleza y el estado civil. En el estado de naturaleza, el ser humano vive en libertad, guiado por el amor de sí y por la piedad. La aparición de la propiedad privada genera la desigualdad, la guerra y la injusticia, dando lugar a un contrato que beneficia a los poderosos.

Rousseau propone en El contrato social la creación de un cuerpo político donde el individuo no obedece a otro hombre, sino a la voluntad general, que busca el bien común. El ciudadano recupera su libertad en la forma de libertad civil. Su ética se basa en la escucha del sentimiento natural y de la conciencia moral, mientras que su antropología defiende la perfectibilidad humana como motor de cambio social.

En conclusión, Rousseau propone una democracia directa donde la soberanía reside en el pueblo, transformando al individuo en ciudadano. Comparándolo con Platón, ambos comparten la idea de que el Estado tiene una función moralizante. Pero difieren en su estructura: Platón propone una sociedad aristocrática y jerárquica dirigida por los filósofos (los que conocen la Idea de Bien), mientras que Rousseau defiende la igualdad radical y la soberanía popular, rechazando cualquier jerarquía que no emane de la voluntad general.

Hume: El problema de la ética y la moral

Hume (1711-1776), representante del empirismo británico, escribe en el siglo XVIII con el objetivo de aplicar el método experimental de Newton al estudio de la naturaleza humana. Su motivación es desmantelar las pretensiones de la metafísica racionalista y fundamentar el conocimiento y la moral en la experiencia. Su tesis principal respecto a la ética es el emotivismo moral: la distinción entre el bien y el mal no proviene de la razón, sino de los sentimientos de aprobación o desaprobación que despiertan en nosotros ciertas acciones.

Para Hume, el conocimiento se limita a las impresiones y a las ideas; por tanto, la razón solo puede juzgar sobre relaciones de ideas o cuestiones de hecho. Dado que la moral nos impulsa a actuar y la razón es «esclava de las pasiones», la razón no puede ser el origen de la ética. Hume denuncia la falacia naturalista, que consiste en pretender derivar un «debe ser» (juicio moral) de un «es» (descripción de la realidad). La moral se basa en la utilidad y en el sentimiento de simpatía o humanidad, que nos lleva a buscar la felicidad de los demás.

El ser humano es, para Hume, un ser movido por el hábito y la creencia; su política debe ser pragmática y basada en la utilidad común más que en derechos abstractos.

En conclusión, la ética de Hume es subjetivista y está centrada en la naturaleza emocional del hombre. Al compararlo con Platón, hay un antagonismo total: Platón es un intelectualista moral que afirma que para ser bueno hay que conocer la Idea del Bien mediante la razón (quien conoce el bien, actúa bien). Hume, en cambio, sostiene que el conocimiento intelectual no garantiza la virtud, pues la moral pertenece al ámbito del sentimiento.

Kant: El problema del conocimiento

Kant (1724-1804), filósofo de la Ilustración alemana, intenta superar la disputa entre el racionalismo y el empirismo en su obra Crítica de la razón pura. Su motivación es establecer los límites y las posibilidades de la razón humana para determinar si la metafísica puede ser una ciencia. Su tesis central es el idealismo trascendental: el sujeto no es un receptor pasivo, sino que construye el objeto de conocimiento mediante estructuras a priori de la sensibilidad y del entendimiento.

El problema del conocimiento en Kant se articula mediante la distinción entre el fenómeno (lo que se nos aparece) y el noúmeno (la cosa en sí, incognoscible). El conocimiento comienza en la experiencia, pero no todo viene de ella. En la Estética trascendental, el espacio y el tiempo son formas a priori de la sensibilidad que organizan las impresiones; las categorías del entendimiento (como la causalidad) unifican los datos sensibles para formar juicios. La ciencia es posible porque tenemos juicios sintéticos a priori.

En el ámbito de la ética, Kant propone pensar en el deber y en la autonomía de la voluntad, donde el ser humano es un fin en sí mismo. Su política defiende un Estado de derecho que garantice la libertad individual y la paz perpetua.

En conclusión, Kant realiza un «giro copernicano» al situar al sujeto en el centro del conocimiento. Comparándolo con Platón, ambos aceptan que existen elementos universales y necesarios en el conocimiento. Sin embargo, para Platón estos elementos son entidades externas y reales (las Ideas), mientras que para Kant son estructuras internas de la mente humana. Además, mientras Platón cree que podemos conocer la realidad absoluta (el Ser), Kant limita el conocimiento humano al fenómeno, declarando que el noúmeno (Dios, alma, mundo) es inaccesible para la razón teórica.

Platón: El problema de la realidad y el conocimiento

Platón (427–347 a. C.), filósofo griego de la Antigüedad Clásica, desarrolla su pensamiento en Atenas tras la crisis de la democracia. Su motivación principal es política y ética: busca fundar un Estado justo basado en verdades absolutas, oponiéndose al relativismo y al escepticismo de los sofistas. Su tesis fundamental es la Teoría de las Ideas, que sostiene la existencia de una realidad inteligible, eterna e inmutable, la cual constituye el verdadero ser y el fundamento de todo conocimiento científico y de toda acción moral.

El problema de la realidad en Platón se define por un dualismo ontológico: el Mundo Sensible (físico, material y sujeto al cambio) y el Mundo Inteligible (las Ideas, modelos perfectos y eternos). La Idea del Bien ocupa la cima de esta jerarquía y es la causa de la realidad y del conocimiento. En cuanto al conocimiento (epistemología), Platón defiende que conocer es recordar: el alma, que preexistió en el mundo de las Ideas, olvida lo aprendido al caer al cuerpo y lo recupera mediante la dialéctica.

En la «alegoría de la línea» distingue entre la opinión (doxa), basada en los sentidos, y la ciencia (episteme), que alcanza las Ideas mediante la razón. Este sistema se vincula con su antropología dualista, donde el ser humano es un alma racional atrapada en un cuerpo, y con su ética, en la que la virtud consiste en el equilibrio de las tres partes del alma (racional, irascible y concupiscible).

En conclusión, Platón establece que la realidad verdadera no es la que percibimos, sino una estructura racional que el alma debe alcanzar para lograr la justicia individual y social. Al compararlo con los autores modernos, vemos que su racionalismo influye en Descartes, aunque él lo enfoca en el sujeto y no en un mundo trascendente. Frente al empirismo de Hume, Platón niega que los sentidos aporten conocimiento verdadero. Rousseau y Platón coinciden en ver la política como una herramienta de mejora moral, pero Platón rechaza la soberanía popular en favor de una aristocracia del saber. Finalmente, frente a Kant, Platón cree en el acceso directo a la «cosa en sí» (la Idea), mientras que Kant limitará el conocimiento humano a lo que se nos aparece (fenómeno).