Antonio Machado
Nació en Sevilla, en el seno de una familia liberal. Vivió en tierras castellanas desde los ocho años. Fue un hombre de ideología progresivamente radical y de un profundo humanismo existencial. Poco antes de la finalización de la Guerra Civil se exilió en Francia, donde murió el 22 de febrero de 1939.
La obra poética de Machado evoluciona desde un suave modernismo inicial hacia una poesía comprometida con los ideales de la Generación del 98. Se trata de una poesía que recorre el camino entre el yo y el nosotros, entre el individualismo y la solidaridad. Podríamos dividir su trayectoria en tres periodos:
A) Etapa modernista
Coincide con su libro Soledades (1903), reeditado posteriormente con el título Soledades, galerías y otros poemas (1907). En él se muestra al poeta de lo interior, de la soledad y de la melancolía. Varias obsesiones se repiten en su obra:
- El paso del tiempo y la nostalgia por la niñez y la juventud perdidas.
- La falta de amor y la correspondencia emocional entre los elementos del paisaje y su estado de ánimo.
Las fuentes, los ríos, los atardeceres y crepúsculos son símbolos del paso del tiempo. El lenguaje es sencillo, connotativo, de ligero cromatismo, léxico de resonancias románticas y métrica variada (prefiere la asonancia y el arte menor; metros como la silva arromanzada junto a coplas, cantares…). En esta etapa recibe las influencias de Rubén Darío, los simbolistas franceses y los románticos tardíos (Bécquer y Rosalía de Castro).
B) Etapa comprometida
Representada por Campos de Castilla (1912), supone su integración en la Generación del 98. El paisaje se convertirá en el reflejo hondo de los estados de ánimo del poeta, pero también del espíritu de las gentes que lo habitan. A partir del paisaje de Castilla, Machado reflexiona sobre la esencia de España, y le salen al camino algunos de los males que le aquejan: la envidia (el cainismo), la pobreza, el atraso. Por otro lado, está el tema de las dos Españas: una superficial y amiga del folclore y la fiesta, la otra reflexiva y profunda (esta es la que considera suya).
C) Tercera y última etapa
Corresponde a Nuevas canciones (1924). Es más reflexiva y, en ella, su pensamiento llega a ser sentencioso. Supone un cierto decaimiento lírico; el autor, mediante metros populares, se centra más en sus crecientes inquietudes filosóficas. En este periodo final tendrán relevancia las Canciones a Guiomar (nombre poético de su último amor) y las Poesías de la guerra, motivadas por la Guerra Civil, donde muestra su defensa de la causa republicana.
Juan Ramón Jiménez
Juan Ramón Jiménez es la figura más importante del movimiento novecentista. Él abre el camino hacia una nueva forma de entender la poesía: pura o desnuda de cualquier sentimentalismo e imperfección. Tiene el mérito no solo de renovar el panorama poético de principios de siglo, sino también de convertirse en el maestro indiscutible de la Generación del 27.
Biografía y concepción poética
Juan Ramón Jiménez nació en Moguer, Huelva, en 1881. Pronto se traslada a Madrid, donde entró en contacto con la nueva sensibilidad modernista, al tiempo que se acentuaba su carácter enfermizo y neurótico. La muerte de su padre le obligó a recluirse en un sanatorio mental, al que regresará largas temporadas. Durante un tiempo vivirá recluido en su casa, entregado obsesivamente a la creación poética, en una labor muy prolífica. En 1917 se casa en Nueva York con Zenobia Camprubí, compañera fiel el resto de su vida. Regresan a Madrid, donde viven hasta 1936. Al comienzo de la Guerra Civil se exilió a América, primero a Cuba y luego a EE.UU., donde continuó su labor creadora y didáctica. En 1956 recibe el Premio Nobel, pero ese mismo año muere su mujer, lo que lo llena de angustia y desvalimiento hasta su muerte, en 1958.
Para él, la poesía era lo único que podía dar sentido a su vida. Combatía su temor a la muerte, a la nada, con la idea de crear belleza, pues solo ella es imperecedera. Juan Ramón creía en la unidad de lo que él llamaba su “Obra”, es decir, concebía sus escritos como un todo orientado hacia la perfección. De ahí que para conseguir llegar a esa belleza poética retocara constantemente sus composiciones, que estaban siempre en un permanente estado de corrección debido a su ansia de perfección.
La trayectoria poética de Juan Ramón Jiménez suele dividirse en tres etapas, que reflejan su progresiva búsqueda de la belleza y la perfección poética:
Etapas de su obra poética
- Etapa sensitiva (1898-1915): Está influida por la poesía de Bécquer, el simbolismo francés y el modernismo de Rubén Darío. Predomina una poesía emotiva y sentimental, caracterizada por la melancolía, la nostalgia y los recuerdos amorosos. El paisaje aparece como reflejo del estado de ánimo del poeta, especialmente en descripciones de jardines, parques otoñales o atardeceres. Entre las obras más representativas destacan Rimas, Arias tristes (dominado por un tono melancólico y escrito en romance octosílabo) y Jardines lejanos. En estas obras el paisaje y el alma del poeta se funden mediante personificaciones. También aparecen temas como el amor idealizado y la muerte. El libro Estío supone una transición hacia la siguiente etapa, pues el autor comienza a abandonar el modernismo y busca una mayor depuración del lenguaje.
- Etapa intelectual (1916-1936): Se inicia con Diario de un poeta recién casado (1916), obra que marca el inicio de una poesía más pura y depurada. Durante su viaje a América descubre el mar, que se convierte en símbolo de la vida, la soledad y el tiempo eterno. En esta fase el poeta elimina los elementos ornamentales del modernismo y busca una expresión más esencial, profunda y sencilla. También experimenta con nuevas formas como el verso libre. En obras como Piedra y cielo se desarrolla la idea del poeta como creador de una realidad poética, casi como un dios que da forma al mundo a través de la palabra. Esta concepción continúa en La estación total, donde se profundiza en la búsqueda de la perfección poética.
- Etapa última o suficiente (1937-1958): Corresponde a los años de su exilio en América. Continúa su búsqueda de la belleza y la trascendencia, llegando a una identificación con Dios entendido como una presencia interior vinculada a la naturaleza y a la creación poética. En obras como Animal de fondo, Dios deseado y deseante o En el otro costado, el poeta concibe a Dios como una realidad presente tanto en el mundo exterior como en el interior del ser humano. De esta forma, el poeta se considera también creador de su propia obra, alcanzando una concepción casi mística de la poesía.
Las Vanguardias: Definición y Rasgos Comunes
En los primeros años del siglo XX se aprecia una creciente inestabilidad en el panorama cultural y artístico europeo, en relación con los acontecimientos políticos, lo que dará lugar a la sucesión rápida y atropellada de numerosos movimientos estéticos, conocidos como movimientos de vanguardia o ismos, todos ellos caracterizados por sus actitudes renovadoras y un afán de experimentación y novedad. El periodo de entreguerras fue el de mayor auge de las literaturas de vanguardia (término procedente de la jerga militar). Los ismos que surgieron en estos años fueron abundantes, aunque fugaces, con la excepción del surrealismo. Cada uno de esos ismos sacude los cimientos de la cultura establecida y supone un caldo de cultivo para la consolidación posterior de otras corrientes más importantes.
Los vanguardistas intentaron realizar una revolución en todos los ámbitos de la sociedad y no solo en el artístico. Su ferviente rechazo al arte contemporáneo implicaba un desprecio por la sociedad que lo había acogido y fomentado. Este es el motivo por el que algunos vanguardistas, fieles a esta revolución social, militaron en partidos políticos, aunque con poco éxito debido a su carácter radical.
Características comunes
Las vanguardias, pese a su diversidad, comparten una serie de rasgos comunes que se basan en su rebeldía contra las propuestas anteriores y en la experimentación. Uno de estos rasgos es la fascinación por la modernidad, por el dinamismo de los avances tecnológicos y de la industrialización. La ciudad moderna y cosmopolita con sus rascacielos, las nuevas formas de comunicación (teléfono), los nuevos deportes, las nuevas máquinas e inventos (automóviles, aviones, luz eléctrica…), todo contribuirá a instaurar nuevos modelos de inspiración artística.
Todos los movimientos comparten también el irracionalismo, que se debe entender como un intento de expresión de las facetas más profundas y recónditas de la mente humana; y el rechazo a las normas, a los convencionalismos y a los principios de la creación estética: todo vale en el arte. Esto está en relación con el carácter provocador de las vanguardias, que trata de llamar la atención sobre ese nuevo arte. Todos parten del rechazo frontal de las manifestaciones artísticas anteriores, especialmente de la literatura burguesa de raíces decimonónicas.
La creatividad y la originalidad se sitúan por encima de todo. Hay un evidente interés por la experimentación, por la búsqueda de temáticas sorprendentes y de nuevas y llamativas formas de expresión. Por último, también cabe señalar la intención puramente lúdica de muchos de estos movimientos. Los vanguardistas evitan el sentido trascendental; para ellos el arte no debe ser patético ni emotivo en exceso, no debe impregnarse de emociones humanas, debe ser algo autosuficiente. Esta idea entronca con el movimiento novecentista, como también la concepción minoritaria del arte, negado a los gustos burgueses y orientado a las minorías.
Entre los principales movimientos de vanguardia se encuentran:
- Futurismo (rechaza el sentimentalismo y muestra admiración por las máquinas modernas).
- Dadaísmo (expresa burla y desprecio del arte tradicional).
- Cubismo (se asemeja al “collage” pictórico).
- Expresionismo (debido a una agitación interior del artista, ofrece una visión deformada de la realidad).
- Surrealismo (que busca expresar el funcionamiento real del pensamiento).
Las Vanguardias en España: Creacionismo y Ultraísmo. R. Gómez de la Serna
Las vanguardias europeas llegaron a España durante la segunda década del siglo XX de forma dispersa, principalmente gracias a la labor divulgadora de Ramón Gómez de la Serna, quien difundió las nuevas corrientes a través de revistas y tertulias literarias. La vanguardia española presenta algunas diferencias respecto a la europea: su actitud fue menos radical, lo que permitió una mayor calidad en las obras; además, los autores españoles adoptaron de manera selectiva las innovaciones vanguardistas y no rechazaron completamente la tradición, sino que combinaron la renovación con los elementos literarios del pasado.
Creacionismo
Uno de los movimientos más importantes fue el creacionismo, impulsado por el poeta chileno Vicente Huidobro. Sus ideas, desarrolladas en París, influyeron en jóvenes poetas españoles como Juan Larrea y Gerardo Diego. Este movimiento defendía que el poeta no debía imitar la realidad, sino crear una nueva realidad poética, del mismo modo que la naturaleza crea un árbol. Así, el poeta se convierte en un auténtico creador, capaz de inventar imágenes y metáforas completamente nuevas. En esta poesía se rompen las normas tradicionales de la gramática y la ortografía y los versos se distribuyen libremente. La obra más representativa de Huidobro es Altazor.
Ultraísmo
El movimiento propiamente hispánico fue el ultraísmo, aunque tuvo una vida breve, aproximadamente entre 1918 y 1922. Este movimiento recoge influencias de diversas vanguardias europeas, especialmente del futurismo y del dadaísmo. Los ultraístas muestran interés por la vida moderna y urbana, representada en elementos como el asfalto, la luz eléctrica, el cine, el deporte o los vehículos, símbolos de velocidad y progreso. Su poesía se caracteriza por el uso de imágenes irracionales, la libertad creativa y el rechazo de los sentimientos tradicionales, que aparecen de forma secundaria o irónica. Entre los principales poetas ultraístas destacan Guillermo de Torre, Pedro Garfias, Rafael Cansinos Assens y nuevamente Gerardo Diego.
Ramón Gómez de la Serna
En este contexto destaca la figura de Ramón Gómez de la Serna, nacido en Madrid en 1888. Aunque estudió Derecho, nunca ejerció y se dedicó a la literatura desde muy joven. A través de la revista Prometeo y de la famosa tertulia del café Pombo difundió en España las ideas de las vanguardias europeas. Antes de la Guerra Civil se trasladó a Buenos Aires, donde murió en 1963.
La obra de Gómez de la Serna se caracteriza por una visión fragmentaria y subjetiva de la realidad, basada en asociaciones sorprendentes que transforman los objetos cotidianos. En ella es frecuente la mezcla de cosificación y humanización, así como el humor, ya que el autor entendía el arte como un juego. Cultivó numerosos géneros literarios, pero su mayor aportación fue la creación de la greguería, una frase breve e ingeniosa que combina metáfora y humor para reinterpretar la realidad cotidiana. Además de estas composiciones, escribió novelas como El chalet de las rosas o El torero Caracho, ensayos sobre la vida madrileña como Pombo y diversas biografías de figuras literarias.
La Generación del 27: Definición, Características Generales y Evolución
La Generación del 27 está formada por un grupo de poetas que, combinando la tradición literaria española con las innovaciones de las vanguardias, constituyeron una de las promociones más brillantes de la literatura española del siglo XX. Sus obras más importantes se publican entre 1920 y 1935. Entre sus principales miembros destacan Federico García Lorca, Rafael Alberti, Pedro Salinas, Vicente Aleixandre, Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Luis Cernuda, Emilio Prados y Manuel Altolaguirre. Como epígono se suele incluir a Miguel Hernández.
El nombre del grupo procede del homenaje celebrado en 1927 en el Ateneo de Sevilla por el tercer centenario de la muerte de Luis de Góngora. Los miembros del grupo compartían características comunes: una sólida formación cultural, origen burgués y afinidades ideológicas generalmente liberales o republicanas. Además, mantuvieron una fuerte amistad y coincidieron en espacios culturales como la Residencia de Estudiantes, donde convivieron con figuras como Dalí o Buñuel y participaron en numerosas actividades intelectuales.
Estética y Temática
Desde el punto de vista estético, los poetas del 27 buscaron el equilibrio entre diferentes tendencias. Intentaron armonizar lo intelectual y lo sentimental, la pureza estética y la expresión humana, así como lo culto y lo popular. Una de sus principales aportaciones fue la síntesis entre tradición y modernidad, ya que tomaron influencias del Romancero, de la poesía del Siglo de Oro y de autores como Juan Ramón Jiménez, al tiempo que incorporaban elementos de las vanguardias.
En el lenguaje concedieron gran importancia a la imagen y a la metáfora, tanto tradicional como irracional. En cuanto a la métrica, combinaron formas clásicas como el soneto con el verso libre. En la temática trataron temas universales como el amor, la vida o la muerte, pero también introdujeron asuntos modernos relacionados con la ciudad, el progreso o los avances técnicos.
Evolución del grupo
La evolución del grupo suele dividirse en tres etapas:
- Primera etapa (hasta 1927): Se caracteriza por la influencia de la poesía pura y de las primeras vanguardias, con una fuerte preocupación por la perfección formal y el uso de la metáfora.
- Segunda etapa (desde 1927 hasta la Guerra Civil): Supone una rehumanización de la poesía, influida por el surrealismo, que dará lugar a obras fundamentales como Poeta en Nueva York de Lorca o Sobre los ángeles de Alberti, además de la aparición de una poesía de compromiso social.
- Tercera etapa (Tras la Guerra Civil): El grupo se dispersa: Lorca muere en 1936 y muchos autores marchan al exilio, mientras que en España continúan escribiendo poetas como Aleixandre o Dámaso Alonso, cuya obra Hijos de la ira refleja una profunda angustia existencial.
“Las Sinsombrero”: Concha Méndez
El término Las Sinsombrero designa a un grupo de mujeres intelectuales —escritoras, artistas o filósofas— vinculadas por edad y contexto cultural a la Generación del 27. A pesar de su gran talento, estas creadoras quedaron durante décadas fuera de los manuales literarios, por lo que solo recientemente han sido recuperadas y reconocidas por su importancia cultural y social.
Origen del nombre
El nombre procede de un gesto simbólico ocurrido en los años veinte, cuando Maruja Mallo, Margarita Manso, Salvador Dalí y Federico García Lorca se quitaron el sombrero en la Puerta del Sol de Madrid como protesta contra las normas sociales. En una época en la que llevar sombrero era obligatorio en público, este gesto fue considerado escandaloso y provocó insultos e incluso agresiones.
Representantes y contexto
Entre las principales representantes de este movimiento destacan las poetas Concha Méndez, Ernestina de Champourcín, Josefina de la Torre y Carmen Conde. En narrativa sobresalen Rosa Chacel y María Teresa León; en pintura, Maruja Mallo; en escultura, Margarita Gil Roësset; y en filosofía, María Zambrano. Todas ellas defendían la independencia femenina y el acceso de las mujeres a la educación y a la vida intelectual. Con la llegada de la Segunda República parecieron abrirse nuevas oportunidades, especialmente gracias a instituciones como el Lyceum Club Femenino, fundado por María de Maeztu. Sin embargo, la Guerra Civil truncó este impulso cultural y muchas de estas autoras fueron olvidadas o se vieron obligadas al exilio.
Concha Méndez
Dentro de este grupo destaca la figura de Concha Méndez, poeta y dramaturga nacida en Madrid que pasó gran parte de su vida en el exilio mexicano. Mantuvo una relación con Luis Buñuel y posteriormente se casó con el poeta y editor Manuel Altolaguirre. Participó activamente en la vida cultural de su tiempo y colaboró con numerosos escritores del 27.
Su poesía suele dividirse en tres etapas:
- La primera etapa presenta rasgos neopopularistas e influencias de Lorca y Alberti, con obras como Inquietudes (1926), Surtidor (1928) y Canciones de mar y tierra (1930).
- La segunda etapa coincide con la Guerra Civil y el exilio, y en ella aparecen temas más dolorosos y reflexivos, como en Niño y sombras (1936), elegía dedicada a su hijo perdido.
- Finalmente, en su última etapa, con libros como Vida o río (1979) y Entre el soñar y el vivir (1981), predominan los recuerdos, la reflexión vital y el sentido de la existencia.
El Teatro Comercial: Comedia Burguesa, Teatro Cómico y Teatro Poético
El teatro español del primer tercio del siglo XX se caracteriza por una gran producción de obras y por la coexistencia de diversas generaciones de dramaturgos. El teatro era entonces el principal espectáculo para el público, que acudía masivamente a las salas. Entre los autores activos encontramos desde realistas como Benito Pérez Galdós, autor del drama Electra (1901), hasta dramaturgos de distintas generaciones como Jacinto Benavente, Carlos Arniches o Pedro Muñoz Seca. En esta época se distinguen dos grandes tendencias: el teatro comercial, destinado a satisfacer al público, y el teatro renovador o experimental, de mayor ambición artística.
El teatro comercial dominaba las carteleras y respondía a los gustos del público y a los intereses de empresarios y actores. Dentro de esta tendencia destacan tres modalidades:
A) Comedia Burguesa
Retrata ambientes de clase media y critica de forma moderada las costumbres de la sociedad burguesa. Su principal representante es Jacinto Benavente, quien recibió el Premio Nobel de Literatura en 1922. Entre sus obras destacan Rosas de otoño (1905) y el drama rural La malquerida (1913). Sin embargo, su obra más original es Los intereses creados (1907), una farsa inspirada en la commedia dell’arte italiana en la que dos pícaros, Leandro y Crispín, manipulan a la sociedad para obtener beneficios, lo que permite criticar la hipocresía y el interés económico que rige las relaciones sociales.
B) Teatro Cómico
Procede de la tradición del sainete y del género chico y se centra en tipos y costumbres populares. Destaca la figura de Carlos Arniches, cuya comicidad se basa en el lenguaje humorístico y en la deformación de expresiones. Entre sus obras más conocidas se encuentran La señorita de Trévelez (1916), que critica la crueldad y el ocio de la burguesía provinciana, y Los caciques (1920), donde se denuncia la corrupción política local. También sobresalen los hermanos Serafín Álvarez Quintero y Joaquín Álvarez Quintero, autores de sainetes ambientados en una Andalucía idealizada y optimista. Por otra parte, Pedro Muñoz Seca cultivó el astracán, un tipo de comedia basada en el humor absurdo y los juegos de palabras, cuyo ejemplo más famoso es La venganza de don Mendo (1918).
C) Teatro Poético en Verso
Recupera temas históricos y legendarios inspirados en el drama romántico y el modernismo, con el objetivo de exaltar mitos nacionales y evadirse de la realidad contemporánea. Entre sus autores más destacados se encuentran Francisco Villaespesa, Eduardo Marquina y los hermanos Antonio Machado y Manuel Machado, quienes escribieron conjuntamente obras como La Lola se va a los puertos, centrada en una cantaora que antepone su pasión por el flamenco a cualquier relación amorosa.
El Teatro Renovador: Tendencias. Federico García Lorca
Frente al teatro comercial dominante en el primer tercio del siglo XX surge un teatro renovador, impulsado por autores que rechazaban el carácter superficial y convencional de la escena española. Estos dramaturgos buscaron nuevas formas de expresión inspiradas en las corrientes teatrales europeas y trataron de renovar tanto los temas como las técnicas dramáticas.
Renovadores de la Generación del 98 y otros autores
- Dentro de la Generación del 98, destacan Miguel de Unamuno y Azorín. El teatro de Unamuno es un teatro de ideas, con escasa acción y predominio de largos monólogos en los que los personajes expresan sus conflictos existenciales. Entre sus obras destacan Fedra, El otro y El hermano Juan o el mundo es teatro. Por su parte, Azorín defendió un teatro antirrealista que incorporaba elementos simbólicos, lo subconsciente y lo maravilloso, como puede observarse en la trilogía Lo invisible.
- También realizaron intentos innovadores autores ajenos a esta generación, como Jacinto Grau y Ramón Gómez de la Serna. Grau alcanzó su mayor éxito con El señor de Pigmalión (1921), farsa tragicómica en la que unos muñecos creados por un artista se rebelan contra él y lo matan, simbolizando el conflicto entre creador y criatura. Gómez de la Serna, por su parte, buscó romper con las fórmulas tradicionales mediante obras que abordaban temas como el erotismo o la crítica de los convencionalismos sociales.
- La Generación del 27 también contribuyó decisivamente a la renovación del teatro español. Autores como Pedro Salinas, Rafael Alberti y Miguel Hernández defendieron un teatro que acercara la cultura a las clases populares, incorporara técnicas vanguardistas y superara el teatro poético tradicional. A ellos se suman dramaturgos como Alejandro Casona y Max Aub.
Federico García Lorca: La figura central
Sin embargo, la figura más importante del teatro español del siglo XX es Federico García Lorca. Su producción dramática puede dividirse en tres etapas:
Etapas dramáticas de Lorca
- Primera etapa: Influida por el modernismo, escribe obras en verso como El maleficio de la mariposa y Mariana Pineda.
- Segunda etapa: Experimenta con nuevas formas teatrales mediante farsas y dramas surrealistas. Entre las farsas destacan La zapatera prodigiosa y Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, mientras que El público y Así que pasen cinco años representan su teatro más vanguardista, caracterizado por el simbolismo y el lenguaje surrealista.
- Tercera etapa (Madurez): Contiene sus obras más importantes, centradas en las grandes pasiones humanas y protagonizadas en gran parte por mujeres. Entre ellas destacan:
- Bodas de sangre: Tragedia sobre el conflicto entre pasión y normas sociales.
- Yerma: Trata el drama de la maternidad frustrada.
- Doña Rosita la soltera: Refleja la frustración amorosa de una mujer que espera inútilmente a su prometido.
- La casa de Bernarda Alba: Drama que denuncia la represión social y familiar que sufren las mujeres en una sociedad dominada por la autoridad y las apariencias.