El Periodo Republicano en España (1931-1936): De la Proclamación a la Guerra Civil

La Segunda República Española (1931-1936)

Introducción. La Segunda República española (1931-1936) fue un periodo de reformas para modernizar España, marcado por una fuerte polarización política y social. La alternancia entre el bienio reformista, el conservador y el Frente Popular generó inestabilidad y conflictividad, que desembocaron en el golpe de Estado de 1936 y el inicio de la Guerra Civil.

Implantación de la II República española (14 de abril de 1931)

La Dictadura de Primo de Rivera finaliza en 1930 por el crecimiento de la oposición política, la crisis económica de 1929 y la pérdida progresiva de apoyos, incluido el ejército y Alfonso XIII. El 28 de enero de 1930 dimite Primo de Rivera, y el rey nombra presidente del Consejo de Ministros al general Dámaso Berenguer, con el objetivo de restablecer progresivamente la normalidad constitucional. Para ello, suprimió la censura, permitió el regreso de los exiliados políticos y toleró la actividad de los partidos. Sin embargo, ni prolongó la dictadura ni restauró la Constitución de 1876. Por ello, la población denominó este periodo como la «DICTABLANDA».

Durante este periodo, la crisis económica se agravó y el republicanismo se reactivó con fuerza, incluyendo a sectores monárquicos como Niceto Alcalá-Zamora. Es por ello que Berenguer no se atrevió a convocar Cortes Constituyentes. Durante la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), los partidos republicanos se habían agrupado en la Alianza Republicana. En agosto de 1930, republicanos y partidos nacionalistas y regionalistas (catalanes, vascos y gallegos) se reunieron en San Sebastián, donde firmaron el Pacto de San Sebastián. En él acordaron una estrategia común para poner fin a la monarquía de Alfonso XIII y proclamar la II República española. Para coordinar las acciones se creó un Comité Revolucionario, presidido por Niceto Alcalá-Zamora. Posteriormente, en octubre de 1930, los socialistas se incorporaron también al pacto.

De este acuerdo se derivaron varias actuaciones fundamentales:

  • Una intensa campaña de prensa contra la monarquía de Alfonso XIII.
  • La planificación de un golpe militar contra la monarquía, donde el Comité Revolucionario lo daría el 12 de diciembre.

El levantamiento fracasó y los capitanes Fermín Galán y Ángel García fueron juzgados, condenados por alta traición y ejecutados. Como respuesta, Berenguer ordenó la detención del Comité Revolucionario, cuyos miembros fueron, en su mayoría, encarcelados. En enero de 1931, Berenguer anunció la convocatoria de elecciones legislativas, pero la mayoría de los partidos políticos decidió no presentarse ante el temor de una manipulación electoral. Ante esta situación, Berenguer dimitió el 14 de febrero de 1931.

Tras su dimisión, Alfonso XIII formó un gobierno de concentración presidido por el almirante Juan Bautista Aznar. Posteriormente, convocaron elecciones municipales y provinciales consideradas «menos peligrosas», presididas por dos grandes bloques: monárquicos y republicanos. Aunque las candidaturas monárquicas obtuvieron una victoria ajustada, el triunfo republicano fue claro en las ciudades con mayor libertad de voto al escapar de los caciques. Las masas populares salieron a la calle reclamando la República y el almirante Aznar dimitió. Los republicanos se consideraron vencedores y el 14 de abril de 1931 se proclamó la II República española, primero en Éibar y posteriormente en Barcelona, Madrid y otras ciudades. Ante el riesgo de una guerra civil, Alfonso XIII dirigió un manifiesto a la nación y marchó al exilio en Roma, donde fallecería en 1940. El Comité Revolucionario se transformó en Gobierno Provisional.

El Gobierno Provisional

El Comité Revolucionario surgido del Pacto de San Sebastián se transformó en Gobierno Provisional tras la proclamación de la República, liderado por Niceto Alcalá-Zamora, donde se representaban tendencias entre republicanos conservadores, la izquierda republicana, los socialistas y los nacionalistas catalanes. Este gobierno tomó una serie de medidas:

  • Reforma militar: Se exigió a los miembros del ejército jurar fidelidad a las instituciones republicanas, pasando a la reserva quienes no lo hicieran.
  • Agricultura: Se aprobaron diversos decretos destinados a mejorar las condiciones laborales de los campesinos, entre los que destacaron la prohibición de desahuciar a los arrendatarios, la obligación de los propietarios de mantener las tierras en producción y la creación de jurados mixtos.
  • Medidas territoriales: Francesc Macià había proclamado el Estado Catalán, pero finalmente se alcanzó un acuerdo con el Gobierno Provisional que permitió la restauración de la Generalitat y la elaboración del Estatuto de Autonomía.
  • Educación: El Estado creó miles de centros educativos, contrató a maestros, suspendió la enseñanza religiosa y puso en marcha las Misiones Pedagógicas.
  • Religión: Se inició la aconfesionalidad del Estado y la libertad de culto.

Con motivo del Primero de Mayo, el cardenal Pedro Segura publicó una pastoral muy dura contra el nuevo régimen, en la que defendía la religión, que consideraba amenazada por la República. Inmediatamente, se provocaron cientos de incendios de edificios religiosos, destacando los casos de Madrid y Málaga, todo ello ante la pasividad del gobierno.

El Gobierno Provisional convocó Cortes Constituyentes para el 28 de junio de 1931. La participación fue elevada y se otorgó una holgada mayoría a los candidatos de izquierda y de centro. Las nuevas Cortes tenían como misión elaborar una nueva Constitución, donde se debatieron cuestiones religiosas y territoriales, lo que llevó incluso a la dimisión del presidente del Gobierno, Niceto Alcalá-Zamora, quien era profundamente católico.

Constitución de 1931

La Constitución fue aprobada el 9 de diciembre de 1931 por las Cortes, gracias al voto favorable de los diputados de izquierdas y de una parte importante del centro. Por el contrario, los diputados de derechas abandonaron la Cámara en el momento de la votación como muestra de su desacuerdo, especialmente por la cuestión religiosa. Al día siguiente de su aprobación se formó un nuevo gobierno presidido por Manuel Azaña y, como presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora.

La Constitución se estructuraba en IX títulos divididos en un total de 125 artículos. Mediante este texto, España quedaba configurada como una república democrática, progresista, descentralizada y laica.

Características principales:

  • Reconocimiento de amplias libertades y derechos: Libertad de culto, de expresión, de reunión y asociación, de residencia y circulación, así como la inviolabilidad del domicilio y de la correspondencia, además del derecho al divorcio.
  • Propiedad privada: Se estableció que la propiedad privada podía ser expropiada por causa de utilidad pública.
  • Sufragio universal: Se implantó el sufragio universal masculino y femenino, lo que supuso que, por primera vez en la historia de España, las mujeres adquirieran el derecho al voto en las elecciones de 1933.
  • Definición del Estado: Una nueva forma de Estado, aunque con controversias porque la Generalitat de Cataluña se había proclamado Estado autónomo dentro de la República.
  • Relación Iglesia-Estado: Se separó el Estado de la Iglesia, por lo que se declaró la inexistencia de una religión oficial y se retiró el apoyo económico a la Iglesia católica.
  • Poderes del Estado:
    • Poder legislativo: Cortes (una sola cámara).
    • Poder ejecutivo: Gobierno y Presidente de la República.
    • Poder judicial: Tribunal de Garantías Constitucionales.