Evolución del Teatro Español: Del Siglo XX a la Escena Contemporánea

El teatro en el primer tercio del siglo XX

En la España del primer tercio del siglo XX había mucho teatro de éxito, pero de escasa calidad y poca originalidad. Conviven varias tendencias:

1. El teatro comercial

Son obras convencionales a gusto del público y de los empresarios teatrales. Se difunde a través de tres corrientes:

  • A) El drama romántico: conocido también como modernista o teatro poético. Es una continuación del teatro del siglo XIX de Echegaray, muy declamatorio y que no alcanza la altura poética de la poesía modernista; más bien se queda en un Romanticismo tardío y decadente. Trató temas históricos en verso, intentando rememorar el pasado glorioso español, y también sentimentales. Destacan Eduardo Marquina (Las hijas del Cid), Francisco Villaespesa (Aben-Humeya) y los hermanos Machado (Las adelfas, La Lola se va a los puertos).
  • B) La comedia burguesa o benaventina: llamada así porque Jacinto Benavente es su máximo cultivador. Se caracteriza por sus ambientes de alta burguesía o campesinado acomodado en melodramas rurales. Este teatro no ahonda en las preocupaciones o prejuicios burgueses, los cuales trata con cierta moralina, ironía y apariencia de crítica. Benavente defendía un teatro que fuera instrumento de ilusión y de evasión. Su mejor obra es Los intereses creados (1907), en la que dos pícaros fingen ser amo y criado para ascender en la escala social.
  • C) El teatro cómico: podía acompañarse con música, canto y baile (opereta, vodevil y revista) o bien sin nada de esto, en cuyo caso nos referimos al sainete y al astracán. El teatro cómico está representado por:
    • Carlos Arniches: quien cultiva el sainete de costumbres populares madrileñas con jerga característica y temática estereotipada sobre los celos, el honor y el ascenso social (El amigo Melquíades). También destaca su tragedia grotesca, donde aúna el sainete con la tragedia para denunciar injusticias sociales como la hipocresía, la ignorancia y el inmovilismo (La señorita de Trevélez, 1916).
    • Pedro Muñoz Seca: destaca como el creador del astracán, género basado en el disparate cómico, con gusto por el chiste verbal (retruécano), el chiste fácil y las situaciones rocambolescas. Destaca La venganza de don Mendo (1918), parodia en verso de los dramas históricos.
    • Los hermanos Álvarez Quintero: contribuyeron a crear la imagen estereotipada de Andalucía y gozaron de gran éxito con sus diálogos graciosos (Mariquilla Terremoto).

2. El teatro renovador o anticomercial

La renovación teatral la representaron en esta época, principalmente, Valle-Inclán y Federico García Lorca, si bien autores como Unamuno o Alberti también participaron de innovaciones como el abandono del realismo, el simbolismo y el teatro como cauce de reflexión filosófica o social.

Ramón María del Valle-Inclán

Comienza su producción teatral con dramas decadentistas cercanos al Modernismo (El marqués de Bradomín, 1906; El yermo de las almas, 1908) para continuar después con un teatro concebido más para ser leído que representado, debido a las audaces puestas en escena imposibles para la época y las acotaciones literarias. Esta tendencia comienza con los dramas de ambiente galaico (ciclo mítico) y sigue con las farsas.

  • Ciclo mítico: obras de ambiente gallego atemporal, regido por fuerzas primarias (poder, sexo, avaricia, miedo). En la trilogía de Comedias bárbaras asistimos a la rapiña de los hijos de un aristócrata por la herencia, y en Divinas palabras a la historia de la familia de un enano hidrocéfalo. El ambiente es sórdido y cruel.
  • Las farsas: Valle-Inclán rompe con la realidad incluyendo personajes disfrazados, de la farándula, y hace parodias o sátiras como en La reina castiza (1920).
  • El esperpento: es una deformación sistemática de la realidad a través de caricaturas cómicas y macabras. La degradación afecta a ambientes (tabernas, burdeles) y personajes (animalizados y cosificados). El ciclo comprende: Luces de bohemia (1920) y Martes de Carnaval. Luces de bohemia cuenta el dantesco viaje de Max Estrella a través de la noche madrileña, convirtiéndose en una parábola trágica de una España deforme e injusta.

Federico García Lorca

Impulsa el teatro como espectáculo total, donde importa tanto la poetización del lenguaje como los recursos escénicos (iluminación, música, canciones populares). Lorca pretendía popularizar el teatro a través de su compañía La Barraca. Su obra está presidida por el conflicto entre el principio de autoridad y el principio de libertad, resultando en una frustración que suele encarnar en mujeres. Se clasifica en:

  • Las farsas: incluye teatro de guiñol (Tragicomedia de don Cristóbal y la señá Rosita) y obras para actores como La zapatera prodigiosa o Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín.
  • El teatro surrealista: o «teatro imposible», abarca Así que pasen cinco años y El público, rompiendo la lógica espacio-temporal.
  • Las tragedias o teatro mayor: ambientadas en el mundo rural con un destino trágico. Destacan Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba (1936), que denuncia las tiranías que coartan la libertad individual.

El teatro durante la Guerra Civil

En los años inmediatos e incluso durante la contienda, continúan las siguientes orientaciones:

  • Sainetes: con Carlos Arniches.
  • Comedia burguesa o drama rural: cultivadas por Benavente, José María Pemán y Alejandro Casona.
  • Comedia poética: heredada de Lorca, con obras de Alberti o Miguel Hernández.
  • Drama testimonial y teatro de urgencia: piezas de propaganda política en ambos bandos, destacando Max Aub y Rafael Alberti (Radio Sevilla).

El teatro desde 1939 hasta nuestros días

Tras la Guerra Civil, el teatro sufre los rigores de la censura y las circunstancias sociales de la dictadura.

Años 40: La comedia burguesa y el humor

  • Comedia burguesa: sigue el modelo de Benavente; un teatro amable e intranscendente. Destacan Luca de Tena y Joaquín Calvo Sotelo.
  • Teatro de humor: Enrique Jardiel Poncela y Miguel Mihura crean la comedia del disparate, caracterizada por un humor absurdo y vanguardista. Obras clave: Tres sombreros de copa (Mihura) y Eloísa está debajo de un almendro (Jardiel Poncela).

Años 50: Teatro realista y Antonio Buero Vallejo

El teatro realista manifestó su oposición a la dictadura tratando temas como la injusticia social y la marginación. Destacan Alfonso Sastre (Escuadrón hacia la muerte) y Lauro Olmo (La camisa).

Antonio Buero Vallejo

Es el dramaturgo más importante de la segunda mitad del siglo XX. Distinguimos tres etapas:

  • Etapa existencial: Historia de una escalera (1949), que refleja la frustración social y personal.
  • Teatro social: denuncias de injusticias, como en El tragaluz (1967), centrada en las secuelas de la Guerra Civil.
  • Etapa de innovaciones: destaca el uso de los efectos de inmersión, donde el espectador percibe la realidad a través de las limitaciones de los personajes (La fundación, 1974).

Años 60 y 70: Teatro experimental o de vanguardia

Surgen autores que buscan nuevas propuestas estéticas frente al realismo social, a menudo enfrentándose a la censura (teatro underground):

  • Fernando Arrabal: creador del teatro pánico, que busca la provocación y la liberación (El triciclo).
  • Francisco Nieva: con su teatro furioso, incorpora elementos del carnaval y el surrealismo.
  • Teatro independiente: grupos como Els Joglars, Els Comediants, La Fura dels Baus, Tábano o Los Goliardos, donde prima la creación colectiva y el director de escena.

Desde 1975 hasta la actualidad

Tras la dictadura, el teatro enfrenta una crisis de público ante nuevas formas de ocio, pero se institucionaliza con la creación del Centro Dramático Nacional y la Compañía Nacional de Teatro Clásico.

  • Autores destacados: Sanchis Sinisterra (¡Ay, Carmela!), José Luis Alonso de Santos (Bajarse al moro) y Fernando Fernán Gómez (Las bicicletas son para el verano).
  • Tendencias actuales: se busca recuperar la conexión con el público mediante un estilo realista, pero con elementos metateatrales.
  • Siglo XXI: conviven dos vertientes:
    • El predominio del texto dramático, representado por Juan Mayorga.
    • La experimentación radical, influida por el happening y la performance.