Factores del proceso de romanización

INTRODUCCIÓN


 La Península Ibérica, territorio al que los romanos llamaron Hispania fue una pieza más del Imperio romano.
El interés de Roma por el territorio hispano obedecía básicamente a motivos económicos y estratégicos. La presencia de Roma en la Península Ibérica se prolongó desde finales del siglo III a.C. Hasta principios del siglo V d.C. Durante este tiempo la Península conocíó un intenso proceso de romanización. El declive del Imperio coincidíó con la presencia, en tierras de la Península, de los pueblos germánicos (visigodos).  DESARROLLO
La conquista de Hispania por parte de los romanos fue un proceso de larga duración  y directamente relacionado con el proceso de romanización, pues el territorio que se conquistó primero fue el más romanizado. Comienza a finales del siglo III a.C. Y   no concluyó  hasta  unos  doscientos  años  después,  a finales del siglo I a. C. Se inscribe en el enfrentamiento de dos imperios en plena expansión para controlar el Mediterráneo occidental, las llamadas guerras púnicas. En el 238 a. C  los cartagineses desembarcaron Gadir (Cádiz) y en pocos años consiguieron dominar a  los  pueblos  del  sur  y sudeste peninsular,  donde fundaron  Cartago  Nova (Cartagena).  En el  220  a. C.,  Aníbal fue elegido jefe del ejército púnico e ideo la conquista de Roma desde la Península Ibérica, atravesando los Pirineos y los Alpes. En su avance  atacó  la ciudad  de  Sagunto (219 a.C), para Roma  esto supónía una vulneración del Tratado del Ebro (226 a.C), ya que la ciudad de Sagunto era aliada de Roma; sin embargo, Aníbal se defiende diciendo que está bajo la zona de influencia cartaginesa. Comienza así la   segunda guerra púnica (218-201 a.C.) que da lugar a la conquista de Hispania en sus diferentes fases. La primera(218-197 a.C.) se inició cuando los romanos, como represalia por la actuación cartaginesa en Sagunto (segunda guerra púnica)  y con el fin de impedir el paso de Aníbal hacia Italia, enviaron a la Península dos ejércitos que desembarcaron en Ampurias en el 218 a.C. Durante doce años lucharon contra los cartagineses, y hacia el 206 a.C. Lograron dominar la costa mediterránea y expulsar a sus enemigos. Tomaron  Sagunto (214 a.C), Cartago Nova (209 a C) y Gades (202 a.C). Supuso la conquista del sur y este peninsular. En la segunda etapa  (197- 133 a. C) se  conquista de la Meseta, y se caracterizó por la feroz resistencia de los pueblos indígenas. La rebelión de los lusitanos y el asedio de Numancia fueron dos episodios relevantes de la resistencia a la ocupación romana. El caudillo lusitano Viriato,  se rebeló contra  Roma  e  inició  una  guerra  de  guerrillas  para  desgastar al enemigo. En el año 139 a. C fue 1asesinado por sus propios oficiales que habían pactado la rendición con Roma a cambio de tierras y privilegios. Para someter Numancia, en el 134 a.C., el Senado  decide mandar a Publio Cornelio Escipion Emiliano (apodado el Africano Menor ) que tras ocho meses de asedio la ciudad se rindió agotada por el hambre y las dificultades.  En esta etapa también se realizó la conquista de las islas Baleares  (123 a.C.) para poner fin a la piratería que tenía lugar en las costas insulares frecuentadas por el comercio marítimo romano.La tercera etapa (29-19 a.C).  A finales del siglo I, ya en época del emperador Augusto, se sometíó a las últimas tribus del norte peninsular, cántabros y astures, con lo que se dio por finalizada la conquista de la Península. 
 
El proceso romanización es el fenómeno por el cual  se produce la  transformación gradual de los pueblos prerromanos, que habitaban en la Península, en ciudadanos del Imperio Romano;  y la asimilación por éstos de sus costumbres, organización política (provincias), jurídica (derecho romano), social y, muy especialmente, la lengua (el latín). El proceso de romanización no fue homogéneo en el tiempo (se intensificó notablemente a partir del siglo I a. C., bajo la paz imperial), ni tuvo la misma incidencia en todas las áreas, ya que fue muy acentuado en todo el litoral mediterráneo y más leve en el interior, en el norte y en noroeste. La romanización supone, allí donde se implantó plenamente, la desaparición de las estructuras indígenas y su sustitución por las de Roma.  Los factores que propiciaron la romanización fueron diversos.  Destacar la organización político-administrativa. Los romanos impusieron en Hispania su organización política administrativa con el objetivo de conseguir un gobierno eficaz y dar cohesión al territorio. Durante la conquista, hacia el año 197 a..C, los romanos organizaron sus dominios en Hispania en dos provincias: la Citerior  (valle del Ebro y franja mediterránea) y la Ulterior (valle del Guadalquivir). En tiempos de Augusto (14 a.C), el número de provincias aumento a tres: la Tarraconensis , la Baetica y la Lusitania .Después Diocleciano (297 d.C.) las dividíó en cinco provincias: Tarraconensis, Carthaginensis, Baetica, Lusitania y Gallaecia. Aún se añadieron en el siglo IV, la Baleárica y la Mauritania- Tingitana.. Se pueden diferenciar  dos tipos de provincias , las senatoriales que dependían directamente por el Senado que no requerían la presencia permanente de legiones ejemplo Baetica, y las imperiales que dependían del emperador y donde el propio emperador nombraba los gobernadores, este es el caso de Lusitania y Tarraconensis. Cada una de las provincias era gobernada por un pretor, un cónsul o procónsul, dependiendo de su  importancia estratégica,  y por un consejo encargado de la cuestiones administrativas, jurídicas, militares y fiscales.  Para la administración de justicia y  hacienda  estaba el cuestor. A su vez , las provincias se dividían en conventus o circunscripciones de carácter jurídico, con sede en las ciudades más significativas. En Roma  las ciudades eran  centros político-administrativos,  económicos,  sociales y  culturales. Se pueden diferenciar aquellas que proceden de  revitalizaron antiguos municipios , como Tarragona(Tarraco), Ampurias (Emporion)o Cádiz (Gades),    o bien nuevas colonias como, Mérida (Emérita Augusta), Zaragoza (Caesaraugusta), fundadas por el ejército imperial o por la administración romana  que  se estructuraron de modo similar  a los campamentos de las legiones romana. De ahí que su plano se organizara a partir de dos calles principales: el cardo (norte-sur), y el decumano ( este-oeste). Las ciudades  podían, a su vez, acogerse a un estatuto diferente: • Estipendiarías : eran las ciudades que habían sido sometidas violentamente por los romanos; eran dependientes del gobernador provincial, estaban sujetas a su intervención en asuntos ciudadanos   y,   además   de pagar un tributo (stipendium), estaban obligadas a suministrar tropas. • Libres: manténían con Roma una conducta amistosa y disfrutaban de una amplia autonomía, no siendo dependientes del gobernador provincial, aunque sí estaban obligadas a pagar los tributos provinciales. • Federadas o aliadas: eran las ciudades libres, conservaban su independencia política, sin sujeción alguna al gobernador provincial, sin obligación de pagar impuestos, ni de admitir en ellas guarniciones romanas. Estas ciudades eran muy escasas en Hispania; acuñaban moneda propia y su única obligación respecto de Roma era la de prestarle ayuda militar y facilitarle víveres. En el curso de la romanización de la Península se fueron convirtiendo las ciudades indígenas en municipios latinos o romanos.  Hacia el año 73 el emperador Vespasiano concedíó el derecho latino (edicto de latinidad) a todas las ciudades de Hispania. Pero no fue hasta el año 212 en que el emperador Caracalla culminó el proceso  en el aspecto político y jurídico (constitución antoniniana), concediendo la ciudadanía romana a todos los súbditos del Imperio.
Desde el punto de vista artístico, las ciudades crecían, en la mayoría de los casos, bajo las reglas del urbanismo romano y se llenaron de monumentos puentes (Mérida o Alcántara), acueductos (Tarragona, Segovia, Mérida), teatros (Mérida o Cartagena), foros, templos, circos o anfiteatros, siendo un instrumento importante en el proceso de romanización. Vías (calzadas) de comunicación son otro factor fundamental en dicho proceso. Con el objeto de controlar su amplio territorio, Roma se dotó de una excelente red de comunicaciones. En Hispania las vías principales eran la Vía Augusta (Valle del Guadalquivir-Italia) que desde Andalucía recorría el levante peninsular hasta llegar a Roma. La Vía de la Plata que unía Emérita Augusta (Mérida) con Asturica Augusta (Astorga) y la Vía Transversal que unía Emérita con Caesaraugusta ( Zaragoza). Estas calzadas se convirtieron en ejes comerciales, pues enlazaban zonas y ciudades del interior entre sí y de éstas con los puertos.   La organización económica: El sistema económico y social romano se fundamentaba en el esclavismo , los esclavos, privados de todo derecho, fueron la mano de obra básica en el trabajo agrícola, artesano y minero. La agricultura. Las tierras conquistadas quedaban en manos del Estado “ager publicus”. Algunas eran devueltas a sus propietarios, otras eran arrendadas por el Estado, la clase senatorial se hizo con enormes extensiones (latifundios) que se organizaron en villas (grandes explotaciones agropecuarias trabajadas por esclavos), cuya producción se dedicaba mayoritariamente a la exportación . Los romanos introdujeron nuevas técnicas, como el barbecho, el regadío y la utilización de animales de tiro que aumentaron su productividad. El aumento de la producción agrícola y del comercio redundó en un crecimiento de la población peninsular. Hispania se convirtió en colonia comercial respecto a la metrópoli. Exportaba al resto del Imperio vinos, aceite de oliva, minerales y esclavos; a cambio  importaba productos manufacturados: cerámica, tejidos y objetos de lujo.  La minería fue el aliciente mayor para la intervención romana en la Península frente a Cartago. Los yacimientos de Mercurio en Almadén (Ciudad Real); el oro en la cuenca del Sil; la plata en  Cartagena y Sierra Morena; el cobre en Huelva, Almería y Asturias.   En cambio, a diferencia de lo que ocurría en otras partes del Imperio, en hispania no había zonas especializadas en una producción artesanal concreta orientada a la exportación,  salvo algunas industrias textiles (lino de Levante) y los derivados del pescado , la famosa salsa de pescado conocida como garum y las salazones de la Bética. La  organización social. Era una sociedad de base esclavista en la que se pueden diferenciar los ciudadanos pertenecientes a las órdenes, una minoría privilegiada(oligarquía) y dominante, que desempeñan los altos cargos políticos , financieros militares y religiosos. En la cúspide se encontraba el orden senatorial, formado por propietarios de grandes explotaciones agrarias, que monopolizaban los altos cargos provinciales y controlaban parte de la administración local. El orden ecuestre controlaban parte del aparato militar, eran también funcionarios. Estaba formado por comerciantes y propietarios de medios de producción e intervénían en la gestión de la vida municipal. Orden decurional ,integrado por los miembros de los senados municipales. Los ciudadanos romanos no pertenecientes a órdenes, gozaban de privilegios políticos y sociales por ejemplo: participaban en las Asambleas y tenían derecho a la beneficencia pública como la entrega de trigo. Los  hombres  libres, pero  no  ciudadanos  carecían  de  derechos  políticos  pero  tenían derechos civiles. Los libertos ,eran antiguos esclavos manumitidos. El antiguo dueño pasaba a convertirse en su patrono y podía exigir al liberto ciertas obligaciones .El estatuto de liberto no se borraba  hasta  la  tercera  generación . Los esclavos,  no   tenían   ni derechos   políticos   ni.  derechos civiles, eran una propiedad de un dueño ,se podía ser esclavo desde nacimiento, ser prisionero de guerra.
 
Se extendíó el Derecho romano,  que  regulaba tanto las relaciones privadas como las políticas y su funcionamiento. El sistema jurídico que nos legó Roma mantiene parte de su vigencia y constituye el núcleo fundamental de todo el derecho de Occidente.  La importación a la Península de los cultos romanos contribuyó a la romanización, aunque sus dioses tuvieron que coexistir con un abigarrado politeísmo de origen indígena, fenicio, griego y otros cultos de origen oriental. Más tarde llegó el cristianismo, que en un largo proceso de tres siglos fue creciendo hasta convertirse en religión oficial. Los cristianos fueron perseguidos hasta la proclamación del edicto de Milán (313) promulgado por el emperador Constantino, que declaró la libertad religiosa.  Quizás el hecho romanizador más evidente fue la implantación del latín, transmitido por soldados y comerciantes. De él derivarían nuestras lenguas como  el castellano, el catalán y el gallego,  y sólo el vasco pudo pervivir como lengua no romance.  Prueba de esta romanización reséñada, son los  numerosos personajes públicos que nacieron en nuestro suelo: emperadores como Trajano, Adriano y Teodosio;  Séneca destacado filosofo estoico; el historiador y poeta Lucano, el geógrafo Mela; y  poetas como Marcial. 
 
CONCLUSIÓN  La Península  antes de la conquista romana estaba habitada por numerosos pueblos independientes (prerromanos) que pasaron a  convertirse en parte integrante de un Imperio, lo que afectará a las estructuras políticas, económicas, sociales de estos pueblos, dándose el  proceso de romanización, que por otro lado fue  un proceso lento, difícil y completo, aunque en el norte no alcanzó tanto relieve.  Se puede contemplar,  a pesar de los siglos transcurridos, restos arquitectónicos  en muchas ciudades de España, algunos mejor conservados o restaurados, y otros en su estado primitivo. Sin ir más lejos, Murcia es un ejemplo perfecto de la huella del proceso de romanización como se puede observar  en la villa romana de Quintilla (Lorca),  en el teatro romano de Carthago Nova (que era uno de los más grandes y ricos de la Hispania romana), o el acueducto romano de Cehegín. .