Grandes Corrientes de la Filosofía: Del Sujeto a la Organización Política

1. Antropología y Libertad: La construcción del sujeto

En la Edad Moderna, Descartes revoluciona la antropología al separar al ser humano en dos sustancias: la res cogitans (alma/pensamiento) y la res extensa (cuerpo). Esta división es fundamental para la libertad, ya que el cuerpo, al ser materia, está sometido a leyes físicas mecánicas (determinismo), mientras que el alma es el espacio de la voluntad libre. Frente a este optimismo racionalista, Pascal señala que el ser humano es una «caña pensante», una paradoja viviente que habita entre lo infinitamente grande (su capacidad de razonar) y lo infinitamente pequeño (su fragilidad física), afirmando que existen verdades emocionales que la razón pura no puede alcanzar.

En el ámbito de la libertad, el debate se expande con tres figuras clave:

  • Stuart Mill: Defiende una libertad social y civil, donde el individuo es soberano sobre sí mismo siempre que sus actos no perjudiquen a terceros.
  • Sartre: Desde el existencialismo, radicaliza esta idea: al no existir un Dios que nos diseñe, «la existencia precede a la esencia». No nacemos con un destino, sino que somos libertad pura y estamos obligados a elegirnos a nosotros mismos en cada instante, lo que conlleva una responsabilidad total y, por ende, angustia.
  • Ortega y Gasset: Introduce el concepto de «circunstancia»: nuestra libertad no opera en el vacío, sino dentro de un mundo y una cultura que nos limitan pero que también nos ofrecen las posibilidades para decidir qué queremos ser.

2. Ética: El debate sobre la verdad moral

El conflicto entre relativismo y universalismo define la historia de la ética. Los Sofistas fueron los primeros en defender que las normas morales son nomos (convenciones), acuerdos humanos que varían según la cultura y el interés del momento. Spinoza profundiza en esta visión subjetivista al afirmar que el ser humano no es libre (todo está determinado por la naturaleza), y que llamamos «bueno» a lo que deseamos porque aumenta nuestra potencia de actuar, no porque sea un valor objetivo. Nietzsche culmina esta crítica denunciando que la moral tradicional (cristiana) es una «moral de esclavos» que glorifica la debilidad, y propone una «transvaloración» donde el individuo fuerte crea sus propios valores basados en la voluntad de poder y la vida.

En oposición, el universalismo sostiene que existen valores válidos para todos:

  • Sócrates: Defendió el intelectualismo moral, la idea de que la virtud es conocimiento: si alguien hace el mal, es por ignorancia, no por maldad.
  • Santo Tomás de Aquino: Argumenta que existe una Ley Natural dictada por Dios y accesible a la razón. Según esta ley, todo ser humano tiene tendencias naturales universales (el deseo de vivir, de procrear y de conocer la verdad) que sirven de guía objetiva para distinguir lo correcto de lo incorrecto, independientemente de la cultura.

3. Teorías de la Felicidad y la Ética del Deber

Las éticas «materiales» son aquellas que proponen un fin supremo para la vida humana:

  • Aristóteles: Sitúa ese fin en la eudaimonía (felicidad), que se alcanza mediante la actividad racional y el hábito de la virtud, entendida como el «término medio» entre el exceso y el defecto.
  • Estoicismo: Busca la felicidad en la paz interior y la aceptación del destino, eliminando las pasiones que nos perturban.
  • Hedonismo de Epicuro: Propone la búsqueda de placeres estables y la eliminación del dolor físico y mental.
  • Utilitarismo de Stuart Mill: Ofrece un enfoque social: la acción moralmente correcta es aquella que maximiza el placer y reduce el sufrimiento para el mayor número posible de personas.

Kant rompe con todos estos modelos por considerarlos «interesados» y heterónomos (te dicen qué hacer para obtener algo a cambio). Él propone una Ética Formal basada en la autonomía de la voluntad. Para Kant, una acción solo es moral si se hace por deber. Su Imperativo Categórico es el test de la razón: «Actúa de tal modo que la máxima de tu voluntad pueda valer siempre como principio de una legislación universal». Esto significa que no debemos buscar nuestro beneficio, sino actuar según principios que desearíamos que todos siguieran, tratando siempre a los demás como seres dignos y nunca como medios para nuestros fines.

4. Política: Poder, Realismo y Producción

La filosofía política estudia cómo se justifica el poder. Aristóteles afirma que el ser humano es un zoon politikon (animal político) y que la ciudad es el espacio natural donde alcanza la perfección moral. Sin embargo, con el Renacimiento, Maquiavelo introduce el realismo político: el Estado no debe buscar la salvación del alma, sino su propia supervivencia y estabilidad. Para Maquiavelo, el príncipe debe ser capaz de actuar con la fuerza del león y la astucia del zorro, separando la eficacia política de la moral privada.

Una visión radicalmente distinta es la de Karl Marx, quien analiza la política desde la «infraestructura» económica. Marx sostiene que la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases, determinada por el modo de producción (esclavismo, feudalismo, capitalismo). Para él, el Estado no es un árbitro neutral, sino una herramienta de la clase dominante para mantener su poder sobre los trabajadores (proletariado). La organización histórica de la producción genera alienación, y la única forma de alcanzar una sociedad justa es mediante la abolición de la propiedad privada y la desaparición final del Estado en el comunismo.