Contexto histórico y social
Durante el siglo XIX, España atravesó una profunda crisis económica y política que culminaría en el desastre de 1898. Se intentó restablecer un sistema democrático, pero la gran crisis de 1917 y el desastre de Annual en 1921, con centenares de militares muertos, derivarían en la dictadura de Primo de Rivera en 1923. Esta etapa estuvo marcada por una gran represión. En 1930 volvería el monarca Alfonso XIII al poder, pero un año después se proclamaría la Segunda República Española, forzando el exilio del rey.
En este contexto surgieron grandes movimientos sociales. En el ámbito teatral, la producción se dividía principalmente en dos corrientes diferenciadas: el teatro comercial y el teatro renovador.
El teatro comercial: Tradición y burguesía
El teatro comercial estaba dedicado a la clase burguesa y se caracterizó por un corte tradicional, huyendo de cualquier innovación. Según sus temas, podemos clasificar esta corriente en tres tipos:
- Teatro en verso: Con gran influencia modernista y raíz romántica, representaba personajes y valores de un pasado idealizado. Destacan autores como Eduardo Marquina (Los hijos del Cid) o Francisco Villaespesa (La leona de Castilla).
- Teatro cómico: Emparentado con el género chico del siglo XIX, trataba temas de costumbres y tipos populares, buscando la comicidad a través del lenguaje. Destacan Álvarez Quintero (El patio) y Carlos Arniches (La señorita de Trévelez).
- Comedia burguesa: Criticaba a la clase media utilizando un lenguaje realista. Destaca la figura de Jacinto Benavente, Premio Nobel en 1922, conocido por sus ingeniosos diálogos. Su obra clave, Los intereses creados, utiliza personajes arquetipos para enfrentar sentimientos sinceros con convencionalismos sociales.
El teatro renovador: La búsqueda de nuevas formas
Muchos autores, cansados del teatro tradicional, impulsaron una renovación estética, destacando los autores noventayochistas:
- Miguel de Unamuno: Buscaba reducir lo ornamental, proponiendo una acción esquematizada con predominio de los diálogos. Destaca su obra El otro.
- Azorín: Intentó alejarse del realismo para llegar al mundo de las ideas, otorgando gran importancia a los diálogos conceptuales, como se observa en Angelita.
- Ramón María del Valle-Inclán: El autor renovador por excelencia. Su obra se divide en cuatro etapas: teatro poético (El marqués de Bradomín), ciclo mítico (El embrujado), ciclo de la farsa y, finalmente, el esperpento. Esta última etapa, con su obra capital Luces de bohemia, introduce un género que deforma la realidad con un tono grotesco e irónico.
Federico García Lorca: La cumbre del teatro poético
Mención aparte merece Federico García Lorca. Su teatro se caracteriza por el uso de símbolos, metáforas e imágenes de gran carga connotativa. Sus temas principales son la frustración, el deseo, la libertad y la represión social.
Sus obras se clasifican en:
- Obras con protagonista femenina: Mariana Pineda.
- Obras surrealistas: Así que pasen cinco años.
- Farsas: La zapatera prodigiosa.
- Tragedias rurales: Yerma y su obra cumbre, La casa de Bernarda Alba.