1. Introducción
En el primer tercio del siglo XX, dos grandes tendencias pugnan por consolidarse en los escenarios españoles: por un lado, el teatro que cuenta con el favor del público burgués, continuador, desde el punto de vista estético, de las formas tradicionales de los últimos años del siglo XIX (teatro comercial); y, por otro, las tentativas renovadoras de quienes pretenden explorar nuevas fórmulas dramáticas, tanto desde el punto de vista técnico como ideológico.
2. Teatro innovador
Al mismo tiempo y al margen de las salas comerciales, surgen voces disidentes que exploran nuevas formas de expresión dramática en consonancia con las corrientes que se abren camino en Europa.
A esos intentos no son ajenos autores de la llamada Generación del 98 ni autores propiamente vanguardistas. Pero, sin duda alguna, la culminación de esa tarea innovadora es obra de dos personalidades cuya producción ha traspasado nuestras fronteras: Valle-Inclán, con su genial esperpento, y Federico García Lorca.
2.1. Teatro de la Generación del 98
Entre sus logros cabe destacar las aportaciones de:
- Unamuno: con su “teatro desnudo” y obras como El otro.
- Azorín: con un teatro antirrealista y obras como Brandy, mucho Brandy.
2.2. Teatro vanguardista
Conviene subrayar los intentos renovadores, que buscan romper con las fórmulas asentadas en los escenarios de la época, de:
- Jacinto Grau: El señor de Pigmalión.
- Ramón Gómez de la Serna: Los medios seres.
2.3. Valle-Inclán y el esperpento
Genial innovador del teatro español, Valle-Inclán rechaza el realismo burgués y propone una total renovación de la escena española en todos sus aspectos. El crítico Ruiz Ramón divide su extensa producción en tres ciclos:
- Ciclo mítico: La acción transcurre en una Galicia mítica e intemporal. Se representa una sociedad arcaica, que se viene abajo, regida por los instintos. Lo forman Las comedias bárbaras, El embrujado y Divinas palabras.
- Ciclo de la farsa: Obras situadas en un espacio propio del siglo XVIII (jardines, cisnes, flores…), en las que introduce personajes de la farándula, el uso de disfraces y el teatro dentro del teatro, buscando la ruptura del efecto de realidad: La marquesa Rosalinda, Farsa y licencia de la reina castiza.
- Ciclo del esperpento: Se inicia en 1920 con Luces de Bohemia, en la que teoriza sobre este nuevo género y ataca las formas burguesas imperantes, y continúa en la trilogía Martes de carnaval. El esperpento consiste en una deformación sistemática de la realidad para desenmascarar las apariencias y dejar al descubierto la verdadera naturaleza de los personajes y acontecimientos. Se abordan asuntos graves desde una perspectiva burlesca; al combinar la seriedad con la risa, brota lo grotesco. Es un intento de presentar la realidad española deformándola: cosifica y animaliza a los personajes, mezcla lo indigno con lo delicado y une el lenguaje lírico con la expresión soez. Es un teatro de crítica de una realidad falsa y de unos valores que ya no tienen sentido.
2.4. El teatro de la Generación del 27: Federico García Lorca
Destacados miembros de la Generación del 27 contribuyen decisivamente a la renovación de la escena española, intentando romper con el teatro comercial, acercar el teatro al pueblo e incorporar las nuevas tendencias vanguardistas. Sin embargo, es Lorca quien alcanza niveles inigualables de calidad artística. Podemos destacar tres etapas dentro de su producción:
Primera etapa: Teatro modernista en verso
- El maleficio de la mariposa (amor imposible entre una cucaracha y una mariposa).
- Mariana Pineda (drama histórico basado en la vida de Pineda, ajusticiada por bordar una bandera liberal durante el reinado de Fernando VII).
Segunda etapa: Búsqueda de nuevas formas
En su afán por experimentar, García Lorca cultiva la farsa, donde desarrolla el conflicto derivado del matrimonio de convivencia entre un hombre mayor y una joven (La zapatera prodigiosa o Amor de don Perlimpín con Belisa en su jardín).
En los años treinta escribe dos obras que constituyen la tentativa más audaz de exploración de nuevas técnicas: El público y Así que pasen cinco años. El profundo simbolismo que encierran ha llevado a buena parte de la crítica a etiquetarlas como “teatro surrealista” o “criptodramas”, y el propio autor las denominó “comedias imposibles”. En ellas explora los deseos e instintos ocultos del hombre.
Tercera etapa: Obras de madurez
En esta etapa encontramos obras que lo han elevado a las más altas cotas del teatro universal. En ellas mezcla la prosa y el verso, utiliza coros como en la tragedia griega y maneja elementos simbólicos y alegóricos:
- Bodas de sangre: Aparecen temas como el amor, la violencia, la muerte y las normas sociales que reprimen los instintos.
- Yerma: Aborda la esterilidad, la opresión de la mujer y el anhelo de realización que choca con la moral tradicional.
- Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores: Habla sobre la espera inútil del amor.
- La casa de Bernarda Alba: La cumbre de su teatro, escrita totalmente en prosa. Inspirada en un suceso real, desarrolla la lucha entre el principio de autoridad (Bernarda) y el principio de libertad (Adela) en un ambiente hermético y claustrofóbico.
El movimiento de renovación teatral impulsado en los años veinte y treinta por Valle-Inclán y por Lorca se vio truncado por la Guerra Civil, periodo en el que se desarrollará un teatro de propaganda ideológica.