Los santos inocentes resumen

  1. LA NOVELA ESPAÑOLA EN LOS AÑOS 40 (LA FAMILIA DE PASCUAL DUARTE Y NADA)

La guerra, que sume a la población en la miseria, supone para la cultura una gran ruptura, una interrupción de las corrientes anteriores. Después de la Guerra Civil la vida literaria española tiene grandes dificultades: muchos escritores han muerto (Unamuno, Valle-Inclán) y la mayoría están exiliados o viven un exilio interior (F. Ayala, Ramón J. Sender…). El contacto con la literatura extranjera se pierde, Las nuevas circunstancias políticas e históricas (censura, miseria, desigualdades, falta de libertades) impiden que se siga con la novela de corte social que se venía haciendo desde la década de los treinta. 

-España sale de la Guerra Civil profundamente destrozada. Lo único visible en la vida cultural será la literatura llamada “triunfalista”. El ambiente de desorientación cultural resulta especialmente acusado en el campo de la novela: lejos de las tendencias estéticas de preguerra y sin modelos narrativos inmediatos, los autores del momento buscan un punto de arranque en la tradición española. La censura realiza su papel, unas veces impidiendo la publicación de toda una obra y otras de algunas partes que consideraba contrarias al espíritu nacional.

– Dos fechas suelen destacarse como significativas de un nuevo arranque del género: 1942, con La familia de Pascual Duarte, de C. J. Cela, y 1945, con Nada, de Carmen Laforet. Podría añadirse, en 1947 la revelación de Miguel Delibes, con su primera novela, La sombra del ciprés es alargada. 

-Dos son las corrientes narrativas, encabezadas por las novelas nombradas más arriba, en las que pueden clasificarse las de esta época:

Tremendismo Existencialismo


El tremendismo entronca con la tradición realista española: la picaresca, el Naturalismo del XIX y la novela social de preguerra, en los años treinta. Aborda la realidad más oscura, llena de violencia explícita, pobreza, determinismo social. El narrador, en primera persona, a veces con un tono de falso autobiografismo; el lenguaje se adecúa al nivel cultural de los personajes; los espacios en los que se desarrolla la acción son pequeños,, como la situación del momento y, por último, los personajes violentos, aislados, condenados a la incomunicación. El autor solo retrata lo más oscuro y primitivo del alma humana. La mayoría de los novelistas de esta corriente defienden ideológicamente al bando vencedor: Ignacio Agustí, Rafael Sánchez Mazas, Gonzalo Torrente Ballester y Camilo José Cela, quien la inicia con La familia de Pascual Duarte (1942), Se distancia del resto de obras por su visión gris y angustiada de la realidad, por su falta de intención moralizante y por la recreación de personajes incomprendidos, solitarios y frustrados; todo ello con una estética cuidada. La obra es una visión peligrosamente realista (a pesar de la censura) de la España del momento.

Temática


La guerra y sus consecuencias.-La incomunicación, que provoca el aislamiento de los individuos y es consecuencia del sinsentido de la existencia. -La incertidumbre de los destinos humanos. Las acciones de los personajes siempre buscan unos valores que den sentido a sus vidas.

Elementos narrativos relevantes

-Narrador

En primera persona, a veces dando al relato un falso sentido autobiográfico.

Estilo

Sencillo, adecuado al nivel cultural de los personajes, cuando son estos los que hablan; pero elaborado y con pretensiones artísticas cuando se deja oír el discurso del narrador.

Espacios

La pequeña ciudad mísera después de la guerra o el campo. Espacios grises, pequeños, pobres y ruines, como era la situación del momento.

Personajes

Violentos, obligados por las circunstancias a sobrevivir. Aislados, condenados a la incomunicación. El autor solo retrata lo más oscuro y primitivo del alma humana. El tremendismo enlaza así con el Naturalismo del Siglo XIX, la escuela de Émile Zola y sus seguidores.


En la novela existencial se trata el tema de la guerra y de sus consecuencias. Los personajes están caracterizados por la incomunicación que provoca el aislamiento de los individuos y es consecuencia del sinsentido de la existencia. Refleja el desolado mundo de la posguerra desde una perspectiva pesimista y existencial. Se trata de novelas que giran en torno a la incertidumbre de los destinos humanos y la ausencia o dificultad de comunicación personal. Sus temas son la soledad, la inadaptación, la frustración, la muerte… Las pueblan personajes marginales, desarraigados, desorientados, angustiados. En cuanto a los aspectos técnicos, tienden a la reducción del espacio;
Los personajes sufren presiones insoportables en un ámbito enrarecido, irrespirable. La mayoría de los autores derivan luego hacia un enfoque social

  Los autores y obras más representativas de esta época son:

 – CAMILO JOSÉ CELA 

La familia de Pascual Duarte (1942). La novela narra un cúmulo de críMenes 

Refleja un radical pesimismo, cercano al existencialismo, el pesimismo ante el mundo y el ser humano. Su tono es distanciado y burlón, con humor negro, desgarrado y cruel. 

  Narra la historia de un campesino extremeño que, condenado a muerte, escribe, mediante una confesión íntima, en primera persona, la historia de su sórdida vida, llena de acontecimientos truculentos, asesinatos, violencia gratuita y horrores diversos. El narrador-protagonista,, narra desde la cárcel las calamidades que la vida le deparó. Ya de niño era brutalmente golpeado por su padre, expuesto al alcoholismo de su madre  o las muertes de sus hijos, la de su mujer Lola y la de su hermano Mario o la prostitución de su hermana. Pero también tuvo momentos de felicidad, como el nacimiento de su hijo Pascualillo, Se da una visión unilateral, por tanto, de los hechos, de las causas que lo han llevado a cometer sus críMenes. Como un nuevo pícaro, (Pascual es el antihéroe), el protagonista narra su biografía para que entendamos cómo ha llegado a ser un condenado a muerte. 


Además, estos sucesos no están ordenados cronológicamente, sino en función de la violencia ejercida. Temporalmente, la novela estructura como en una retrospección.  La publicación de una novela tan desgarrada en un momento de censura política y moral muy estricta, sólo se explica por ser Cela un excombatiente franquista y porque los sucesos se sitúan en la España de posguerra. 

-CARMEN LAFORET 

Nada, ganó la primera edición del premio Nadal en 1944. Se narra en primera persona la experiencia de Andrea, una muchacha que, en los años posteriores a la Guerra Civil, llega como estudiante a Barcelona. Chocará con la realidad de los conflictos con unos personajes que viven atormentados por sus frustraciones y en los que afloran las pasiones más primitivas (odio, egoísmo, intolerancia, instinto de supervivencia…). El espacio marca la dicotomía entre el piso y la universidad y las calles. La primera, oculta su ilusión y su libertad; la segunda, le da alas que acaban cortadas. El “tremendismo espiritual” se deriva del impacto que causa en la joven la comprobación de la distancia que existe entre el sórdido mundo que conoce en Barcelona frente al mundo idílico que ella había imaginado y que se resume en las primeras páginas de la novela. 

El tiempo de la narración es lineal, aunque los sucesos anteriores que han marcado a los personajes nos llegan con analepsis (recuerdos que afloran en el presente). El relato en primera persona permite a la autora bucear en los pensamientos y las impresiones de Andrea. La novela es existencialista e inauguró la corriente del llamado tremendismo español, carácterístico de la narrativa de los años cuarenta.

Más que los testimonios sobre la España de la época, lo carácterístico de los años 40 es la transposición del malestar social a la esfera de lo personal ya que la censura hace imposible cualquier intento de denuncia social. Temáticamente, las novelas de este período girarán en torno a la amargura de las vidas cotidianas, la soledad, la inadaptación, la muerte y a frustración. Las causas se encuentran  por la pobreza, la incultura, la violencia, la persecución política, la falta de libertades… Pero en ninguna de estas novelas encontraremos una crítica o denuncia directa.


1. La denuncia social y la imagen de la España rural

A diferencia de otras obras de Delibes donde la denuncia aparece solapada o implícita, en Los santos inocentes aparece de modo explícito, puesto que su intención es denunciar la injusticia en que viven los desheredados y explotados que la protagonizan, y que son, a su vez, símbolo de todos los humillados. Por eso elige como marco un cortijo, espacio en que en el tiempo de la narración, década de los sesenta del Siglo XX, en la España rural, todavía pervive ese espíritu feudal en el que los pobres viven en un régimen de semiesclavitud.

Los santos inocentes presenta una denuncia moral contra los latifundios, la injusticia social que estos provocan y sus consecuencias en la vida de los protagonistas. Además, se denuncia la jerarquización de la sociedad que provoca la deshumanización de los menos favorecidos. Esta injusticia social se puede apreciar en numerosos signos, tanto físicos (vestimenta, vivienda, trabajo, etc.) como implícitos:

-El desprecio y la falta de atención hacia los criados. Esto se ve reflejado cuando Paco le levanta la voz al señorito de la Jara intentando que este anule la orden de despido de su cuñado Azarías, y el señorito no acepta que alguien de un nivel social inferior le eleve la voz. -Los abusos por parte de los amos. En un momento dado en el que Paco se rompe la pierna durante horas laborales, el señorito Iván le obliga a acudir a una de sus cacerías por mero capricho, poniendo en peligro la salud de su criado.-
Ideología extremadamente inmovilista. La jerarquización social es difícil de cambiar, ya que está muy arraigada tanto en criados como en amos. Las siguientes palabras del señorito Iván lo demuestran: «el que más y el que menos todos tenemos que acatar una jerarquía, unos debajo y otros arriba, es ley de vida, ¿no?».-

Sumisión

Todos los personajes pertenecientes a la clase baja aceptan sin quejas su posición en la pirámide social, ya que desde pequeños han sido enseñados para comportarse de acuerdo a su clase social sin ninguna influencia exterior. Algunos ejemplos de esta sumisión son:


Cuando Paco se entera de los amores de doña Purita con alguien que no es su marido, el señorito Iván, decide guardárselo por miedo a posibles consecuencias por parte del señorito y le dice a su hija Nieves: “En las cosas de los señoritos, tú ver, oír y callar”.

La Régula está siempre dispuesta a acatar las órdenes que el señorito tenga preparadas para ella: abrir el portón o limpiar el cortijo. Además, una frase común en ella es: “A mandar, don Pedro, para eso estamos”.

  • La incultura generalizada de las clases bajas. Se aprecia cuando Azarías intenta contar, pero llega un momento en que la secuencia de números no es correcta. También se puede ver en el momento en el que intentan enseñar a leer a Paco a su ya avanzada edad. O en el lenguaje que usan los personajes de clase baja, plagado de vulgarismos, aunque con un deje terruñero con cierto encanto.

  • La rebelión trágica. Se da al final de la obra a causa de que el señorito Iván mata a la milana de Azarías, provocando la resignación y, posteriormente, la venganza por parte del afectado. En este caso, es una rebelión individual, pero lo que Delibes pretende plasmar es la necesidad de una sublevación por parte del campesinado para acabar con la jerarquización y la injusticia social en la sociedad española rural del momento. Por ello, Azarías queda exento del crimen, debido a su retraso mental y a que es la viva imagen de la rebelión que deberían seguir todos los criados.


Quiere denunciar los abusos del cacique ante el campesino, del poderoso ante el humilde. Reduce el universo a las dos grandes clases sociales: ricos y pobres, sin intermedios, porque se trata de enfrentar dos modos de vida, el de los explotadores y el de los explotados. Denuncia el desprecio y la arrogancia con que los señoritos tratan a sus sirvientes, pero también el conformismo de los pobres que ven como una tras otra sus ilusiones se derrumban al enfrentarse a la voluntad de quienes socialmente están por encima de ellos.

Pero el autor no quiere ser un teórico, por ello no dogmatiza en la novela con extensos parlamentos donde la voz del autor sea la voz de denuncia desde sus propias convicciones individuales. Denuncia a través del comportamiento de los personajes. Son los actos y las palabras los que ponen de relieve la intolerable situación en que viven esos personajes, y por extensión, todos aquellos a quienes representan:

 Por ejemplo: “¿Pero qué demonios pretendes, Azarías? ¿Es que no has visto la nube de zuritas sobre los encinares del Pollo, cacho maricón?” Estas palabras de Iván, esa actitud despreciativa hacia el prójimo es la síntesis del despotismo que los señoritos, los poderosos y explotadores ejercen sobre la gente que depende de ellos. 

 Y frente a esa actitud, la sumisión de los explotados que aceptan sin cuestionarse el orden establecido: “Y Paco, el Bajo, humilló la cerviz”. Delibes no incluye comentarios subjetivos, se limita a referirlo con objetividad, con la intención de mostrar esos dos mundos antagónicos cuyas relaciones transcurren con absoluta normalidad porque cada uno sabe y acepta el lugar que le corresponde en el orden social. 

Sin embargo, Delibes, consciente de ese sistema asentado e injusto, demuestra que ese mundo no es infalible, que soplan vientos de cambio: el comportamiento de Quirce, por ejemplo, que ya no se afana por complacer en todo a su amo. Se obedece, pero sin halagar; se vive, pero sin servilismo. Frente a su padre, él no admite la propina de Iván que le da cuando termina la cacería, y eso contraria al señorito por la rebelión negativa que supone.


 La denuncia de Delibes no es material, es espiritual, es ética: en ningún momento de la novela se alude a la necesidad de una distribución de la tierra o a una expropiación de la misma. Denuncia la falta de solidaridad y respeto hacia el prójimo amparándose en la fuerza y el poder del dinero. A Régula le molesta la injusticia que se ha cometido con su hermano cuando lo despiden, pero por la ruptura de los lazos en que se fundamenta esa pertenencia al clan, al cortijo, que lo liga la hacienda a la que pertenece; ella no lo ve desde el punto de vista del autor o del lector, desde la opresión en que se hallan sometidos.

Está clara la visión del campo frente a la ciudad, porque aunque los amos tienen un cortijo en el campo, viven en la ciudad. Esa perspectiva muestra a los humildes campesinos que sobreviven a duras penas, arrastrando su analfabetismo, sus miserables salarios, su gran desamparo, sus viviendas infrahumanas y su inseguridad, al arbitrio de los antojos de los amos. Muestra un mundo rural propio de la época en España, el latifundio, con todas las injusticias que conlleva. Para Delibes son dos mundos antagónicos, el del campo, donde se vive cerca de la naturaleza y el de la ciudad, en la que se han perdido todo arraigo y todos los valores.

El lenguaje también sirve para caracterizar esa España rural que es, una combinación de recursos del habla familiar y de la lengua vulgar, así como de un léxico específico que carece la lengua urbana (el trueque de pronombres “se me”, los nombres de los siervos, el apodo, la anteposición del artículo al nombre y los vocablos pertenecientes a cuatro campos léxicos: los accidentes del terreno, la flora, la fauna y los términos de caza).


Se ha comentado que la reivindicación de Delibes, la denuncia de la injusticia social en que viven los explotados, no arranca de postulados marxistas, sino desde una ética cristiana: Los personajes no protestan, resignadamente aceptan y se callan, pero de su silencio nace su solidaridad. Arremete contra la falsa religiosidad de los ricos, obispo incluido; ni siquiera la Marquesa escapa a la crítica; ella cumple con un precepto cristiano, la caridad, pero es una caridad que nada tiene que ver con la justicia. Y esa es la gran denuncia de Delibes, que se acepte como habitual, como natural, un inmovilismo perpetuado durante siglos. 

En definitiva, para concluir este apartado, diremos que Delibes, profundamente cristiano, era un gran amante de la España rural, especialmente la castellana (aunque en Los santos inocentes refleja el campo extremeño), en donde encontraba algunas de las cualidades esenciales del ser humano y en donde resultaba posible vivir en contacto con el medio natural. Podríamos decir que, para él, el campo español se caracteriza por su pureza y su pobreza. Esta es evidente, pues los campesinos tienen que vivir en condiciones de vida muy dura, casi medievales. Aquella -la pureza- se ve también en la novela, pues los miembros de la familia de Paco, aunque sean pobres, se quieren, se ayudan y respetan; son solidarios los unos con los otros (a diferencia de los señores, entre los cuales las relaciones están marcadas por el odio, la infidelidad, el egoísmo…)

Por ejemplo, Régula recrimina a Quirce cuando este se burla de su tío Azarías porque no sabe contar, le dice que no está bien reírse de un inocente. O asegura ante la marquesa, cuando esta le sugiere que interne a Azarías en una institución psiquiátrica, que, mientras ella viva, un hijo de su madre no vivirá en un lugar extraño. En la familia, todos quieren y cuidan dentro de sus posibilidades a la Niña Chica. Paco acepta convivir en casa con su cuñado Azarías, porque se da cuenta de su indefensión. Como padres, él y Régula solo quieren que sus hijos estudien y aprendan y lleven una vida mejor que ellos.

Pero este amor ecológico, esta pasión por los pueblos de España y por sus gentes, no impide a Miguel Delibes ver la realidad de una civilización esencialmente urbana, que condena a los habitantes de los pueblos al abandono, el atraso y la humillación, al tiempo que critica los defectos del latifundismo cuasifeudal en que viven los jornaleros en Extremadura, sometidos a un régimen de explotación y miseria socialmente injusto.