Reinos cristianos de la península

2.1. Al Ándalus: la conquista musulmana de la Península Ibérica. Emirato y califato de Córdoba. Aprovechando las disputas internas entre los visigodos, en el 711 un ejército musulmán compuesto por bereberes y una minoría árabe desembarco en la Península y derrotó al rey visigodo Rodrigo en la batalla de Guadalete. Dirigidos por Tarik y Muza, gobernador del norte de África, tomaron la capital de Toledo, y en menos de un lustro la casi totalidad de la Península. En el 720 dominaban el territorio, excepto la cornisa cantábrica y la franja oeste de los Pirineos. La rapidez de la conquista se debíó a la fragilidad de la monarquía visigoda y a la firma de acuerdos o capitulaciones con las poblaciones locales y la nobleza. Tras la conquista, la Península se incorporó a la comunidad política musulmana con el nombre de Al-Ándalus. La estructura política de los territorios conquistados sufríó transformaciones entre el 711 y el 1031. La organización política de Al-Ándalus se divide en tres etapas: el emirato dependiente (711-756), Al-Ándalus se convirtió en un emirato dependiente, sometido a la autoridad política y religiosa del califa, que gobernaba desde Damasco. Los musulmanes fijaron su capital en Córdoba, y aunque intentaron ocupar los territorios situados al otro lado de los Pirineos, fueron frenados por los francos en la batalla de Poitiers (723). En el 750 la familia de los abasíes se hizo con el control del califato de Damasco después de eliminar a los Omeyas, pero Abd al-Rahmán sobrevivíó y llegó a Al-Ándalus donde tomó la capital. El emirato omeya independiente (756-929), en el 756 Abd al-Rahmán se proclamó emir independiente del califato de Bagdad, que poseía independencia política y militar, y reconocía la autoridad religiosa del califa de Bagdad. Entre sus sucesores destacaron Al-Hakam I y Abd al-Rahmán II. Surgieron problemas internos como los enfrentamientos entre la capital y las ciudades fronterizas y las tensiones por el aumento de la presión fiscal sobre mozárabes y muladíes. En el exterior, mantuvieron las fronteras con los cristianos del norte, pero se les castigó con expediciones militares. El califato de Córdoba (929-1031), en 929 Abd al-Rahmán III se proclamó califa, asumíó el liderazgo político, militar y religioso y rompíó con la autoridad del califa de Bagdad. También reunificó y pacificó Al-Ándalus, incrementó los ingresos obtenidos por los impuestos y organizó un gran ejército. En la segunda parte de su gobierno detuvo los avances conseguidos por los cristianos y establecíó un protectorado en el norte de África. Convirtió el califato en la principal potencia islámica. Su nieto Hissam II no gobernó y dejó el poder en manos de Almanzor. Los musulmanes alcanzaron continuas victorias y las raízas contra los cristianos fueron constantes y provechosas. Tras la muerte de Almanzor (1002) sus hijos conservaron el poder hasta 1009. El califato desaparecíó en 1031. 2.2. Al Ándalus: reinos de taifas. Reino nazarí. Al desaparecer el califato, Al-Ándalus quedó dividida en taifas (pequeños y efímeros Estados en ocasiones enfrentados entre sí). Poco a poco fueron absorbidos por los reinos cristianos, excepto tras la llegada de almohades y almorávides, que temporalmente lograron reunificar el territorio. La mayoría de los primeros reinos de taifas alcanzó un destacado desarrollo cultural. Para sobrevivir tuvieron que pagar parias (tributos) a los reinos cristianos. Desaparecieron por enfrentamientos y conquista entre ellos o con las monarquías cristianas. En 1085, la toma de Toledo por Alfonso VI alarmó a las taifas restantes, que pidieron ayuda a los almorávides, los cuales habían formado un Imperio en el Magreb con rigorismo religioso. Éstos en 1086 acudieron a la Península y derrotaron a los castellanos en Sagrajas. La pérdida de territorios ante nuevos avances de los cristianos, la aplicación de impuestos extraordinarios y el rigorismo religioso redujeron sus apoyos. Incapaces de hacer frente a la situación no pudieron evitar su desintegración. Los almohades eran un pueblo bereber que al desplazar a los almorávides constituyeron un Imperio en el norte de África. Caracterizados por la ortodoxia y la intransigencia religiosa, acudieron a la Península en respuesta al llamamiento de las taifas. En el Siglo XII unificaron Al-Ándalus y establecieron la capital en Sevilla. Su desintegración comenzó tras su derrota ante Alfonso VIII en las Navas de Tolosa (1212).Aparecieron terceras taifas, pero solo sobrevivíó Granada.

Un nuevo pueblo, los benimerines, intentó invadir Al-Ándalus pero fue derrotado en la batalla del Salado (1340). El reino de Granada fue el último Estado musulmán de Al-Ándalus y sobrevivíó dos siglos por su habilidad diplomática y su cohesión interna. Fue gobernada por la dinastía nazarí. Sus territorios se extendían por Almería, Málaga y Granada, y alcanzó su época de esplendor cultural en el Siglo XIV. El reino nazarí de Granada fue conquistado por los Reyes Católicos en 1492.