La evolución de la población y de las ciudades. De la sociedad estamental a la sociedad de clases
Durante el siglo XIX, la población española creció de forma continuada, pasando de 11 millones de habitantes en 1800 a 18,6 millones en 1900, debido principalmente a la disminución de la mortalidad por la mejora de la alimentación. Sin embargo, el crecimiento fue lento en comparación con otros países europeos porque España mantuvo el ciclo demográfico antiguo, con alta natalidad y alta mortalidad, agravado por las guerras carlistas y coloniales, las enfermedades infecciosas como la tuberculosis y las crisis de subsistencias derivadas de la escasa modernización agrícola.
En las últimas décadas del siglo se intensificaron las migraciones:
- Interior: Se produjo un importante éxodo rural que provocó el crecimiento de ciudades como Madrid, Barcelona, Bilbao o Valencia, impulsado por la industrialización y el aumento de los servicios.
- Exterior: Entre 1880 y 1914, cientos de miles de españoles emigraron a América, especialmente a Argentina, debido a la pobreza y al escaso desarrollo económico.
A comienzos del siglo XIX, España seguía siendo un país mayoritariamente rural y con mentalidad heredada del Antiguo Régimen. No obstante, durante el reinado de Isabel II, las ciudades comenzaron a expandirse con nuevos ensanches e innovaciones como el ferrocarril, el alumbrado de gas, el tranvía y el teléfono. En el ámbito cultural, la renovación intelectual llegó con el krausismo, impulsado por Sanz del Río y Francisco Giner de los Ríos, lo que derivó en la creación de la Institución Libre de Enseñanza en 1876.
Las desamortizaciones y la transformación económica
La economía española del siglo XIX estuvo marcada por las desamortizaciones y una industrialización tardía. Los liberales abolieron los mayorazgos y la Mesta para modernizar la estructura agraria:
- Desamortización de Mendizábal (1836-1837): Expropiación de bienes de la Iglesia para reducir la deuda pública.
- Desamortización de Madoz (1855): Afectó a los bienes comunales de los municipios.
La industrialización se concentró en el sector textil catalán y la siderurgia vasca y asturiana. El desarrollo del ferrocarril, regulado por la Ley de 1855, fue clave para la integración del mercado interior, a pesar de su diseño radial. En el ámbito financiero, la creación del Banco de España (1856) y la adopción de la peseta (1868) fueron hitos fundamentales.
La crisis de la Restauración: regeneracionismo y oposición
Tras la crisis de 1898, surgió el regeneracionismo, liderado por figuras como Joaquín Costa, que denunciaba el caciquismo. El revisionismo político intentó reformar el sistema desde dentro:
- Antonio Maura: Intentó una «revolución desde arriba» (1903-1909), fracasando tras la Semana Trágica de Barcelona.
- José Canalejas: Impulsó reformas sociales y la Ley del Candado hasta su asesinato en 1912.
La oposición creció con el republicanismo (Lerroux), los nacionalismos periféricos y el movimiento obrero, representado por el PSOE y la CNT.
El impacto de los acontecimientos internacionales
El reinado de Alfonso XIII estuvo marcado por la inestabilidad:
- Conflicto en Marruecos: El desastre de Annual (1921) y el expediente Picasso evidenciaron la crisis del sistema.
- Primera Guerra Mundial: España se mantuvo neutral, viviendo un boom económico seguido de inflación y descontento social.
- Crisis de 1917: Se manifestó en el ámbito militar (Juntas de Defensa), político (Asamblea de Parlamentarios) y social (huelga general).
La influencia de la Revolución rusa y el pistolerismo en las ciudades industriales crearon el caldo de cultivo para el golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923.
La Dictadura de Primo de Rivera y el final del reinado de Alfonso XIII
Este periodo marca el colapso definitivo del sistema de la Restauración y el inicio de una nueva etapa autoritaria que desembocaría en el fin de la monarquía.