Realismo y Naturalismo: La novela, la poesía y el teatro en la segunda mitad del siglo XIX
En el periodo de la Restauración, se vuelve a instaurar la monarquía borbónica y se consolida el Estado liberal. Con él, la burguesía se convierte en la clase triunfadora, mientras que las masas populares permanecían cada vez más empobrecidas, lo que provocó la fundación de los primeros sindicatos y federaciones obreras. En cuanto al pensamiento, se desarrollan las ciencias experimentales, la teoría de la selección natural de Darwin, así como el krausismo y el positivismo, de gran incidencia en el surgimiento de estas corrientes estéticas.
El Realismo y el Naturalismo
El realismo y el naturalismo tienen como objetivo fundamental representar los aspectos de la realidad de la forma más creíble o verosímil posible, como decía Benito Pérez Galdós: “Imagen de la vida es la novela”. Ambas corrientes proceden de Francia, aunque los postulados naturalistas, más extremos que los realistas, no prendieron con tanta fuerza en España y se mitigaron bastante con toques de espiritualismo cristiano.
La obra que marca el nacimiento del realismo en España es La gaviota, escrita en 1849 por Fernán Caballero, seudónimo de Cecilia Böhl de Faber. Una serie de autores, como Pedro Antonio de Alarcón, Juan Valera o José M.ª Pereda, fueron introduciendo el realismo en España, pero es en la década de los 80 cuando vive su mejor momento con novelistas de la talla de Benito Pérez Galdós, Leopoldo Alas ‘Clarín’, Emilia Pardo Bazán o Vicente Blasco Ibáñez.
Características de la novela realista
Las características propias de la novela permitieron que fuera el medio donde mejor se desarrollaron estas corrientes. El autor realista pretende:
- Reflejar la realidad de manera objetiva, partiendo de la observación rigurosa y la documentación.
- Abundancia y minuciosidad en las descripciones (ej. La tribuna o Los pazos de Ulloa de Pardo Bazán).
- Uso de acontecimientos históricos (ej. Los episodios nacionales de Galdós).
- Empleo de diálogos vivos, monólogo interior y estilo indirecto libre (ej. Fortunata y Jacinta).
- Narración lineal y cronológica con un narrador potente.
El naturalismo, por su parte, sentía predilección por personajes en situaciones extremas, a menudo seres inadaptados en conflicto con la sociedad, como se observa en La Regenta de Leopoldo Alas ‘Clarín’.
Poesía y Teatro del siglo XIX
En la poesía, a partir de 1850, surge la tendencia al intimismo con figuras como Carolina Coronado, Gustavo Adolfo Bécquer y Rosalía de Castro. Bécquer destaca por la sencillez y desnudez de sus Rimas, mientras que Rosalía de Castro reivindica el “rexurdimento” gallego en Follas Novas y Cantares galegos.
En el teatro, la transición del Romanticismo al realismo se marca por el costumbrismo. Destacan:
- El género chico y el sainete: Con autores como Carlos Arniches.
- La alta comedia: De corte realista y crítico, con Manuel Tamayo y Baus (Un drama nuevo).
- Teatro de fin de siglo: José Echegaray (El gran galeoto) y la renovación de Benito Pérez Galdós (Electra, La loca de la casa).
Modernismo y Generación del 98
El inicio del siglo XX está marcado por el Desastre del 98. El modernismo, influido por el Parnasianismo y el Simbolismo francés, llega a España de la mano de Rubén Darío (Azul). Los modernistas buscan la renovación estética, la musicalidad y el cosmopolitismo.
La Generación del 98 (Unamuno, Baroja, Azorín) se centra en la esencia de la identidad española y el problema de España. Sus novelas, o “nivolas”, son breves, con inquietudes existenciales y filosóficas. Destacan obras como Niebla de Unamuno o El árbol de la ciencia de Pío Baroja.
Generación Novecentista de 1914
La fecha clave es 1914. Esta generación, con José Ortega y Gasset a la cabeza, propone un enfoque más racional y metódico. Su lema, “España es el problema, Europa la solución”, refleja su deseo de modernización. El ensayo es su género predilecto. En poesía, Juan Ramón Jiménez evoluciona hacia la “poesía desnuda”, buscando la esencia pura de las cosas en obras como Diario de un poeta recién casado.