Evolución y Características del Realismo y Naturalismo Literario

Contexto histórico

El Realismo y el Naturalismo fueron dos movimientos artísticos que trataban de representar el mundo de forma objetiva y minuciosa. Se desarrollaron durante la segunda mitad del siglo XIX como reacción opuesta al Romanticismo y bajo la influencia del pensamiento positivista, que defendía que el conocimiento debe partir de la observación racional del mundo. Este cambio estuvo impulsado por las profundas transformaciones sociales derivadas de las revoluciones industrial y científica, protagonizadas por la burguesía y el proletariado, lo cual influyó directamente en la perspectiva que el autor adopta frente a sus personajes y el entorno que los rodea.

El Realismo

Las obras realistas intentaban representar la realidad con fidelidad; por ese motivo, el realismo se cultivó sobre todo en la narrativa, dado que el teatro y la lírica son géneros más adecuados para otros fines comunicativos. Sin embargo, pueden mencionarse algunos autores y obras de teatro y poesía pertenecientes a la segunda mitad del siglo XIX:

  • El teatro: Abandonó la exageración romántica, sustituyéndola por la representación de situaciones creíbles mediante comedias destinadas al público burgués (género en el que destacó José Echegaray) y obras sociales (Joaquín Dicenta y Benito Pérez Galdós, autor de Electra).
  • La poesía: Perdió protagonismo y se aproximó a un estilo más cercano a la prosa a través de dos corrientes: una que parodia al Romanticismo (Ramón de Campoamor) y otra que aborda temas filosóficos (Gaspar Núñez de Arce).
  • Otros autores: Pervivieron algunos autores tardíos del Romanticismo ajenos a la corriente realista, como Gustavo Adolfo Bécquer y Rosalía de Castro.

La narrativa realista

La narrativa fue el género más cultivado en el realismo, destacando especialmente la novela, caracterizada por retratar a la burguesía. Aunque existen obras que anticipan el realismo como La Gaviota (Cecilia Böhl de Faber), la etapa realista comienza en 1870 con la publicación de La Fontana de Oro (Pérez Galdós).

Características de la novela realista

  • Técnicas narrativas: Utilización frecuente del diálogo mediante el estilo directo, el monólogo interior o el estilo indirecto libre.
  • Descripciones detalladas: Introducción de descripciones extensas, pues el entorno desempeña un papel esencial, lo que produce un ritmo narrativo lento.
  • Psicología de personajes: Los personajes son creíbles y complejos; se analiza su psicología interior y sus sucesos son verosímiles.
  • Objetividad y crítica: Búsqueda de la objetividad e interés por temas contemporáneos. El autor reproduce fielmente la realidad y adopta una actitud crítica ante problemas sociales como la desigualdad o la corrupción.

Autores fundamentales

  • Benito Pérez Galdós: Principal novelista del realismo. Su evolución abarca desde las novelas de tesis (Doña Perfecta), pasando por sus grandes novelas sociales (Fortunata y Jacinta, Miau, Tristana), hasta sus obras de tono espiritual (Misericordia). Su gran proyecto fue la escritura de los Episodios Nacionales.
  • Leopoldo Alas (Clarín): Autor de La Regenta, obra cumbre que retrata a la sociedad española decimonónica a través de la ciudad ficticia de Vetusta.
  • Otros autores: José María de Pereda (Peñas arriba) y Juan Valera (Pepita Jiménez).

El Naturalismo

Durante los últimos años, el realismo se radicalizó, llevando al extremo sus características en una nueva tendencia: el Naturalismo. Este movimiento se centra en los aspectos negativos y desagradables de la sociedad, considerando al ser humano como un producto de la naturaleza, determinado por su ambiente y herencia genética.

  • Enfoque: Analiza con crudeza las condiciones de vida de las clases más desfavorecidas y marginadas, mostrando entornos miserables y patologías.
  • Estilo: La voz narrativa es completamente objetiva e impersonal.
  • Autores clave: Su iniciador fue el francés Émile Zola. En España, destacó Emilia Pardo-Bazán con Los Pazos de Ulloa, donde critica la decadencia de la nobleza, y Vicente Blasco Ibáñez, autor de Cañas y barro.