Fundamentos de la Filosofía de Karl Marx: Alienación, Capital y Crítica Histórica

Conceptos Fundamentales del Pensamiento Marxista

1. Alienación

La alienación hace referencia a la circunstancia en la que vive toda persona que no es dueña de sí misma, ni es responsable última de sus acciones y pensamientos. Para Marx, es la condición en la que vive la clase oprimida en toda sociedad de explotación, en toda sociedad que admite la propiedad privada de los medios de producción.

Este concepto describe la situación a la que puede llegar un sujeto cuando no se posee a sí mismo, cuando la actividad que realiza le anula, le hace salir de sí mismo y convertirse en otra cosa distinta a la que él mismo es y, en consecuencia, comportarse de un modo contrario a su propio ser. Según Marx, existe una enorme separación en la sociedad capitalista entre el trabajador y el fruto de su trabajo, pues el mismo hombre trabajador se ha convertido en una mercancía más que se vende en el mercado.

Su actividad, su trabajo, no lo vive el hombre como algo que le pertenezca realmente, como algo que forme parte de sus proyectos: si trabaja lo hace por dinero, no porque la actividad se quiera por sí misma, o porque sirva a otros fines de la sociedad. Pero, además, los objetos producidos no le pertenecen al trabajador, los vive como ajenos. Para Marx, la forma principal de alienación es la económica, puesto que de ella dependen todas las demás. Se da en el trabajo y se refiere al hecho de que en esta actividad el sujeto productivo sufre una expoliación del producto de su trabajo, de su propia actividad y, en último término, de sí mismo.

2. Capital

El capital constituye la base del sistema de producción capitalista, basado no en la producción de bienes necesarios para la supervivencia, sino en la producción de bienes para ser intercambiados, comprados y vendidos, mediante un equivalente universal.

El valor para Marx es el trabajo, pues este es su fuente. El valor económico de los bienes se mide por la cantidad de trabajo empleada en su producción y, por tanto, el capital es el valor acumulado y desprendido del trabajo; o sea, el valor del trabajo alienado. El capital se constituye como valor de cambio y desde el valor de cambio y, además, se incrementa y puede continuar su proceso de forma imparable.

No obstante, Marx vaticinaba contradicciones internas del capital debido a esta acumulación progresiva de valor y su consiguiente monopolización, lo que le llevaría, junto a la progresiva depauperización del proletariado, a una crisis de producción: mucha producción y escasa venta, lo que sería el crash. A su vez, el capital en forma de dinero es otra mercancía más regida por las leyes del mercado.

3. Trabajo

Se trata de la actividad por la que el hombre transforma la realidad para satisfacer sus necesidades físicas y espirituales. En las sociedades de explotación, el trabajo se vive como una experiencia alienada y no como una actividad de autorrealización. Marx caracteriza al hombre como un ser dotado de un “principio de movimiento”, principio que determina su impulso para la creación y para la transformación de la realidad.

El hombre no es un ser pasivo, sino activo, y el trabajo o la actividad personal es la expresión de sus capacidades físicas y mentales; el lugar en donde el hombre se desarrolla y perfecciona o, más exactamente, donde se debería desarrollar y perfeccionar.

Comparativas Filosóficas: Marx en el Contexto de la Modernidad

Marx y Kant: Finalidad de la Historia y Naturaleza Humana

En ambos autores aparece una valoración positiva del conflicto y los dos entienden que la historia tiene una finalidad. El fin de la historia en ambos no es trascendente: en Marx, el fin de la historia es la desaparición del modo de producción capitalista y la instauración del comunismo; para Kant, la historia debe caminar hacia una paz perpetua.

Por otro lado, una diferencia esencial reside en su concepción de la historia: para Marx sería el desarrollo de la materia (o de las condiciones materiales de vida), mientras que para Kant la historia es el desenvolverse a través de los ideales ilustrados, como la libertad, la autonomía y la emancipación.

El fin de la historia es distinto para ambos: la sociedad sin clases sociales de la que nos habla Marx no es lo mismo que esa gran unión cosmopolita de pueblos que describe Kant en su obra. En cuanto a la concepción del ser humano, para Kant, el hombre es esencialmente razón, y este es el atributo que le diferencia de los animales, liberándolo del instinto y la necesidad; la cultura es una oportunidad de liberación. En cambio, para Marx, la esencia del ser humano es el trabajo y la actividad, y la cultura es interpretada con desconfianza, pues a menudo puede asumir una función ideológica que contribuya a mantener la contradicción de base de la infraestructura.

En conclusión, Kant es un perfecto representante de la Ilustración y defensor de sus ideales. Marx, por su parte, quiere romper con la concepción de la filosofía entendida como pura teoría o contemplación de la realidad, aplicando la praxis para cambiar el mundo. Marx acusa a Kant de ser otro filósofo más que se limita a contemplar el mundo.

Marx y Feuerbach: Materialismo y Alienación Religiosa

El materialismo de Feuerbach es la inversión del idealismo hegeliano. Feuerbach afirmará que lo divino y las ideas son un mero reflejo de la realidad material. Por ello, si para Hegel el punto de partida para comprender la historia de las ideas es el Espíritu, para Feuerbach el punto de partida ha de ser el hombre que vive en el mundo real y material.

Marx es también materialista y su crítica al materialismo de Feuerbach consiste en que el hombre no es un ser pasivo ante la realidad, sino capaz de transformarla. El materialismo de Marx deriva en ateísmo, característica que tiene en común con Nietzsche.

Según Feuerbach, el secreto de la teología es la antropología. Es decir: el ser divino no es sino el resultado del acto de proyectar al infinito la esencia del hombre. Dios no es sino el conjunto de los atributos humanos convertidos en infinitos. Marx admite la crítica de Feuerbach a la religión, pero cree que la superación de la alienación religiosa no pasa solo por una mera crítica intelectual, sino que debe ser precedida por una transformación radical de las condiciones materiales en que viven los hombres.

La principal herencia con la que Marx busca saldar cuentas es con el Idealismo. Feuerbach fue el primero en desentrañar todo este sistema de operaciones formales en su crítica al cristianismo, pero Marx va a darle una vuelta más a la cuestión, ya que la falta de Feuerbach fue pensar que el problema se resolvía únicamente en la teoría.

Marx y Hegel: Dialéctica y Realidad Material

Hegel es idealista y Marx materialista. Esto, a grandes rasgos, significa que para Hegel la realidad es racional, ideal y conceptual; para Marx, en cambio, solo la vida material sensible y el hombre de carne y hueso son reales.

La dialéctica, en el pensamiento de Hegel, es el modo en que el Infinito se desenvuelve en la Historia. Es un proceso en tres momentos de los cuales los dos primeros son contrarios (tesis y antítesis) y el tercero es una reconciliación armoniosa de ambos (síntesis). Marx afirmará también que la realidad procede dialécticamente, pero el sujeto de la dialéctica no es el Espíritu, sino la humanidad. Marx toma el concepto de dialéctica de Hegel pero elimina toda interpretación religiosa o teológica. Considera que la fuerza negadora, el motor de la historia, es la lucha de clases.

La alienación en Hegel corresponde al segundo momento de la dialéctica: es el procedimiento por el cual la Idea (tesis) se hace otra cosa radicalmente distinta de sí misma, la Naturaleza (antítesis). En Marx, la alienación se refiere a la explotación del hombre por el hombre; al momento en que la clase oprimida trabaja para producir mercancías que no le pertenecen a ella, sino a la clase dominante. La causa de la alienación en Marx es el derecho de propiedad de la clase dominante sobre los medios de producción y la fuerza de trabajo.

Según Hegel, el Espíritu es el responsable del desarrollo de la historia. Sin embargo, para Marx, la filosofía como pura teoría justificativa es vacía. Finalmente, Hegel es ambiguo, mientras que Marx parece tener muy claro cuál es el destino de la historia humana: el fin de las diferencias de clase.