La novela después de la Guerra Civil

TEMA 5: La poesía del grupo poético del 27: etapas, autores y obras representativos


Desde el Barroco, nunca en la literatura española se había dado una concentración de talento como la que se dio en el periodo de 1920 a 1936. Es por eso por lo que esta época se conoce como la Edad de Plata de la literatura española. Los autores que forman esta generación tienen puntos comunes en sus vidas: solo hay doce años de diferencia entre el mayor y menor de ellos; su formación intelectual es semejante y casi todos pasaron por la Residencia de Estudiantes. Además todos colaboran en las mismas revistas literarias (Revista de Occidente y Litoral, principalmente)
El acontecimiento que les une fue la celebración del tricentenario de la muerte de Góngora en el Ateneo de Sevilla, con unos actos que reivindicaban el valor del poeta cordobés. De 1920 a 1936 sus vidas están muy unidas, pero la guerra y el exilio los dispersarán. No hay un líder del movimiento, pero sí parece clara la influencia de poetas como Juan Ramón Jiménez, además de otros ya fallecidos como Bécquer y el mencionado Góngora.
Cultivan una lírica tradicional, en la que se incluye tanto la poesía popular como la influencia culta gongorina, pero también incorporan todas las innovaciones de las vanguardias, y es esta inusual uníón entre tradición y modernidad lo que hace que la poesía se renueve completamente con este grupo. El tener como modelo a Góngora, les hace buscar la perfección formal y conceptual, al mismo tiempo que desean renovar el lenguaje poético huyendo del sentimentalismo y de la retórica vacía. En definitiva, la principal carácterística del grupo es el equilibrio entre lo popular y lo culto, entre una poesía minoritaria y otra para un público más amplio y entre la búsqueda de la poesía pura (deshumanizada) y el compromiso social.


Todo este equilibrio se manifiesta en las tres etapas por las que atraviesa el grupo poético:-

Desde los primeros poemarios (1920) hasta 1927:

sienten una enorme influencia de Bécquer y de las primeras vanguardias. En general, predomina una lírica formalista y el empleo de la poesía pura (el arte por el arte deshumanizado, sin contacto con la realidad externa) –

Desde 1927 a la Guerra Civil (1936

: comienza a notarse cierto cansancio del puro formalismo. Se inicia un proceso de rehumanización, con un mayor compromiso con la realidad. Se dan las primeras obras surrealistas. Pasan a primer término temas más humanos como el amor, el deseo de plenitud, las frustraciones, las inquietudes sociales o existenciales. –

Desde 1936 en adelante

El grupo se dispersa definitivamente. Lorca muere fusilado en 1936. Los demás -salvo Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso y Gerardo Diego- se exilian. Cada cual sigue su rumbo, pero sin abandonar el camino de una poesía profundamente humana. En el exilio, es común en todos los poetas el tema de la patria perdida, de la nostalgia por aquello que se ven obligados a abandonar. En los que permanecen en España, la poesía deriva hacia un tono angustiado y existencial, influenciado por la etapa de miseria de la posguerra.

Autores y obras:



Pedro Salinas

Es uno de los principales exponentes de la poesía pura. El tema principal de su obra es el amor (La voz a ti debida)

Rafael Alberti

Su larga vida le hizo pasar por todas las etapas del movimiento, desde la poesía pura hasta el compromiso social, pasando los movimientos de vanguardia (principalmente el Surrealismo) Cultivó también la poesía popular. (Marinero en Tierra)

Federico García Lorca:

combina magistralmente los elementos folklóricos tradicionales de la poesía popular (Romancero gitano)
con las vanguardias (Poeta en Nueva York)

Luis Cernuda

Está considerado como el “poeta del amor”, tema central de su obra. Pasa por todas las etapas de la generación, y cultiva otros temas como la nostalgia de su infancia sevillana y el deseo de libertad, casi siempre relacionada con su homosexualidad (Los placeres prohibidos)


Jorge Guillén


Fue el creador del concepto “poesía pura”, a la que dedica sus primeros años (Cántico)
Ya en el exilio, se lamenta por la pérdida de la patria (Clamor)

Gerardo Diego


Destaca por su variedad de estilos, desde el más vanguardista al más tradicional. Su obra más famosa es Alondra de verdad.

Dámaso Alonso


Además de escritor, destaca por sus estudios filológicos sobre el estilo de los autores. Permanece en España tras la guerra y crea la poesía angustiada y desgarrada, de fuerte compromiso social, opuesta a los cánones de la poesía pura. (Hijos de la ira)

Vicente Aleixandre


Quizás es el poeta del grupo que más cultivó el Surrealismo (Ámbito).
Tras la guerra, permanece en España, con la nostalgia como tema central de su poesía.

Manuel Altolaguirre


Es el más espiritual e intimista, con mucha influencia de Salinas y San Juan de la Cruz. Canta al amor, la soledad y la muerte en poemas de gran musicalidad en obras como Las islas invitadas.


UNIDAD 9: El teatro desde 1939 hasta nuestros días: tendencias, autores y obras representativos. La situación del teatro tras la Guerra Civil es de crisis general: autores fallecidos durante la contienda (Valle-Inclán, Lorca, Unamuno), otros parten al exilio (Alberti, Casona, Max Aub) y entre los que se quedan en España, o abandonan su carrera o apenas estrenan. Además, el teatro estará sometido a una fuerte censura, el público y los empresarios no están dispuestos a la innovación y aparecerá un competidor feroz: el cine. En la inmediata posguerra predomina todavía la comedia burguesa de Jacinto Benavente, un teatro conservador y comercial que busca entretener y moralizar a la burguésía con una crítica muy superficial. Sin embargo, llega una primera innovación con el denominado teatro de humor (teatro cómico), con situaciones absurdas pero que esconden una fuerte crítica social. Destacan Enrique Jardiel Poncela, con Eloísa está debajo de un almendro (1940); y Miguel Mihura, con Tres sombreros de copa, (escrita en 1932 pero estrenada en 1952) que se anticipa al teatro del absurdo, con diálogos ilógicos que critican de forma grotesca la realidad de la posguerra. En los años 40 es conveniente nombrar también a los autores que escriben y estrenan sus obras en el exilio, como Max Aub (San Juan) y Alejandro Casona, que estrena en Buenos Aires La dama del alba y Los árboles mueren de pie. A mediados de los 50 y años 60 continúa, por un lado, la tendencia del teatro burgués y comercial, aunque con mejor construcción dramática y calidad en los diálogos. Destacan Alfonso Paso (Vamos a contar mentiras) y Antonio Gala, con un lenguaje muy poético (Los verdes campos del Edén) Por otro lado, el estreno de Historia de una escalera (1949), de Antonio Buero Vallejo, supuso un giro radical en el teatro de posguerra porque inaugura el drama realista o social, con unos protagonistas víctimas de la opresión de la sociedad en que viven y que muestran su angustia existencial. El teatro de Buero Vallejo defiende la libertad, la verdad, la justicia y la solidaridad frente a la opresión, la mentira, la injusticia o el individualismo. Aparte de Historia de una escalera, su obra más destacada es El tragaluz En esta línea destaca Alfonso Sastre, defensor de un teatro de agitación y compromiso revolucionario (Escuadra hacia la muerte). 


Frente al posibilismo de Buero que buscaba aprovechar cualquier resquicio que permitiera la censura franquista para intentar cambiar la sociedad desde dentro, Sastre optó por un teatro radical (imposibilismo) que apenas encontró forma de poderse representarse por la censura.  Los autores de los sesenta recogen esta herencia del Realismo social en obras donde se denuncia la injusticia y las condiciones precarias de los trabajadores. Destacan en esta línea Lauro Olmo, José Martín Recuerda y Carlos Muñiz. Ya en los últimos años de la dictadura de Franco se desarrolla un teatro innovador donde la crítica social se complementa con recursos vanguardistas y experimentales. Se potencian todos los lenguajes escénicos (luces, decorados…) para componer un espectáculo total y colectivo. Tenemos dos tendencias: a) Una alegórica, con personajes que encarnan una idea, y presencia de símbolos en la escena, lo que requiere la interpretación del espectador, representada por autores como José Ruibal en obras como El asno. B) Otra experimental, que busca nuevas fórmulas, con un lenguaje y unos elementos escénicos diferentes. Dentro de la experimental, Buero Vallejo desarrolla el efecto de inmersión, que introduce en el drama al espectador (se apagan las luces en obras de ciegos: El concierto de San Ovidio o se va la voz cuando hay sordos: El sueño de la razón); Francisco Nieva destaca con su teatro furioso, basada en obras de acción disparatada y con influencias de Valle-Inclán, y Fernando Arrabal, con un teatro total presidido por la libertad creadora, el tono provocador y la mezcla de lo absurdo con lo cruel e irónico (El cementerio de automóviles) A partir de esta tendencia renovadora/experimental, nacen los grupos de teatro independientes. Buscan nuevas formas de expresión basadas en el experimentalismo que se hacía en Europa (Stanislavski, el teatro del absurdo de Ionesco o Beckett). Usan todos los recursos escénicos posibles (luz, sonido, formas del circo, etc.) y rompen la barrera entre escenario y patio de butacas. Algunos de estos grupos se han profesionalizado y siguen hoy día como Els Joglars. El fin de la dictadura en 1975 trae consigo la restauración de las libertades democráticas y eso posibilita la recuperación del teatro que había permanecido censurado (Lorca, Valle-Inclán, Alberti…). Nos encontramos con una gran diversidad de tendencias, todas ellas surgidas en los años anteriores.


 a) Obras de técnica vanguardista que siguen las experimentaciones del periodo anterior (Nieva, Arrabal y Grupos de Teatro Independientes); b) Obras de técnica y orientación realista, como Las bicicletas son para el verano de Fernando Fernán Gómez; y de tema histórico como ¡Ay, Carmela!, de José Sanchís Sinisterra. C) José Luis Alonso de Santos desarrolla la comedia de costumbres, ambientada en la ciudad moderna con problemas como el paro, la delincuencia o la droga (La estanquera de Vallecas o Bajarse al moro). Llegados al Siglo XXI, el panorama hasta la actualidad es variado y cambiante. Predomina el teatro comercial y el teatro de compañías institucionales como El Centro Dramático Nacional. Además, en nuestros días, se da un boom inusitado del género del musical (Mamma Mía, Hoy no me puedo levantar…). 


Tema 3: La novela desde 1975 hasta la actualidad: tendencias, autores y obras representativos El final del franquismo y el inicio de la democracia supusieron el final de la censura y la incorporación plena de España al bloque occidental y capitalista. Este contexto favorece la difusión del género novelístico, que adopta las mismas técnicas del mercado capitalista, afianzándose como un potente sector económico. – Se produce un cansancio de la novela experimental, lo que lleva a los autores de nuevo a querer recuperar el placer de contar historias con un lenguaje cuidado y una estructura lineal. – La novela de esta época acoge prácticamente todas las tendencias, modalidades, discursos, temas, experiencias y preocupaciones personales. – La individualidad. Cada novelista elegirá la orientación que le resulte más adecuada para encontrar un estilo propio con el que expresar su mundo personal y su particular visión de la realidad. – En las últimas décadas conviven: a) Novelistas importantes de toda la posguerra: Delibes, Cela y Torrente Ballester. B) Algunos novelistas de la “Generación del 50”: Juan Goytisolo, Juan Marsé, Carmen Martín Gaite, etc. C) Los novelistas del 75, que siguen publicando en su mayoría. Entre las tendencias más importantes destacamos: La novela poemática: Se trata de una corriente narrativa que se acerca mucho a la poesía. El narrador (muchas veces narrador autobiográfico) se introduce en la intimidad personal, expresando sentimientos y emociones. Lo hace con una expresión cuidada e intensamente lírica, muy cercana a la poesía, buscando la perfección formal. Dentro de este tipo de novela podemos encuadrar Makbara, de Juan Goytisolo, La lluvia amarilla, de Julio Llamazares, o Madera de Boj, de Camilo José Cela, entre otras obras. La novela histórica: Con la aparición de la democracia, los autores recrean el pasado, a veces con la mera intención de entretener al lector, pero la mayoría con la intención de reinterpretar la historia aportando su propia visión ideológica. Dentro de esta corriente podemos destacar las novelas de la saga de El capitán Alatriste, de Arturo Pérez Reverté, Crónica del rey pasmado, de Torrente Ballester o En busca del unicornio, de Juan Eslava Galán. Destaca el interés por narrar o ambientar historias en la Guerra Civil española y la posguerra en novelas como 


La noche de los tiempos, de Antonio Muñoz Molina, Soldados de Salamina, de Javier Cercas, Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez, o la saga de Almudena Grandes Episodios de una guerra independiente. Dentro de este género podríamos incluir también las novelas que en los últimos años han reflexionado sobre nuestro pasado más reciente, como la exitosa Patria (2016) de Fernando Aramburu, que se introduce en el problema del terrorismo en el País Vasco. La novela de memorias: Encuadraremos aquí aquellas novelas en las que el novelista narra acontecimientos reales de su propia vida, a menudo con un lenguaje lírico o con un cuidado estilo. En estos relatos se difumina la frontera entre la realidad y la ficción. Dentro de ellas podemos destacar obras como Mortal y rosa, de Francisco Umbral o El cuarto de atrás (1978), de Carmen Martín Gaite. Pero el mapa actual de la novela es mucho más complejo que todo esto. Hace falta tiempo y perspectiva para poder sintetizar la enorme variedad de tendencias del mercado. Se puede señalar, como carácterística generalizada, el cambio en los canales de comunicación que ha supuesto la popularización de Internet. Entre los novelistas de este período sobresalen, por la coherencia de su trayectoria y el reconocimiento crítico, tres autores: Eduardo Mendoza, Javier Marías y Antonio Muñoz Molina. A) EDUARDO MENDOZA publicó en 1975 La verdad sobre el caso Savolta, novela policíaca que, en buena medida, puede considerarse el punto de partida de la narrativa actual. En obras posteriores, Mendoza ha mostrado su excepcional capacidad paródica y humorística: Sin noticias de Gurb y El misterio de la cripta embrujada actualizan y subvierten de forma hilarante los tópicos de los géneros de misterio, policíacos y de ciencia ficción. Otra obra destacada es La ciudad de los prodigios (1986), en la que se recrea la evolución histórica y social de la ciudad de Barcelona en el período comprendido entre las exposiciones universales de 1888 y 1929. B) La obra de Javier MARÍAS constituye una de las apuestas más originales de las últimas décadas. Las novelas y cuentos de este autor se distinguen por la presencia de una serie de temas obsesivos, como el misterio de la identidad personal y la reflexión sobre el tiempo. Tiene un estilo elaborado y envolvente. Entre sus obras destacan Todas las almas, Corazón tan blanco, y Mañana en la batalla piensa en mí. 


c) Antonio MUÑOZ MOLINA consigue combinar con armónía el rigor en la construcción del relato y la preocupación por elaborar un argumento atractivo para el lector. Sobresalen entre sus obras El invierno en Lisboa (1987), una magnífica novela de intriga; El jinete polaco, evocación autobiográfica que juega hábilmente con los tiempos del relato; y Plenilunio, acertado intento de renovar el género policíaco. En este auge de la novela y con la pujanza de editoriales y premios, la nómina de autores es muy grande, pero cabe destacar la pujanza de las escritoras, como Almudena Grandes, Rosa Montero, Elvira Lindo, Julia Navarro, Marta Sanz o Sara Mesa.


La narrativa del Siglo XX hasta 1939

En la narrativa del Siglo XX aún perviven novelas de corte realista y naturalista, con autores como B. Pérez Galdós o Vicente Blasco Ibáñez. Pero, ya en 1902, se observa el inicio  de una época de modificaciones en la narrativa que son reflejo de la llamada crisis de fin de siglo (sensación de decadencia, perdida de fe en la ciencia, el progreso y la razón, etc.) y que observaremos en los novelistas de la Generación del 98.  En 1914, aparece el Novecentismo o Generación del 14, movimiento cultural de intelectuales universitarios que se opone a todas las anteriores tendencias y que propugna un arte deshumanizado. Alrededor de los años veinte, las Vanguardias, movimientos efímeros, rompedores y experimentales, comienzan a dejar sus frutos en la novela. A partir de los años treinta la narrativa inicia un camino de rehumanización que culminará en la novela social de los años 50, sufriendo el duro impacto que tuvo la Guerra Civil sobre el espacio narrativo.

LA NARRARIVA DEL GRUPO DEL NOVENTAYOCHO se inaugura en 1902 con la aparición de obras fundamentales como  La voluntad de Azorín, Amor y pedagogía de Unamuno y Camino de perfección de Baroja y Sonata de otoño de Valle-Inclán.  Las novelas de estos autores comparten una serie de carácterísticas como la crítica de los males de España, el pesimismo ante la situación histórica, la influencia de la filosofía o el subjetivismo (no se persigue la reproducción exacta de la realidad, como en el Realismo, sino la expresión de la realidad interior, filtrada por las percepciones, reflexiones y perspectivas de los personajes, que en muchas ocasiones reflejan la mentalidad del propio autor). Por otra parte, la novela se entiende como un género totalizador en el que cabe todo: reflexión filosófica, ensayo, lirismo, etc.


Miguel de Unamuno trata temas como la tradición, la intrahistoria y el concepto de España, la conciencia trágica de la existencia y la sed de eternidad. Estos temas se plasman en sus «nivolas», caracterizadas por la desnudez narrativa, la audacia formal, una máxima presencia del diálogo y ausencia de hilo argumental previo. Entre sus obras sobresalen Amor y pedagogía, Niebla, La tía Tula y San Manuel Bueno, mártir

Ramón María del Valle-Inclán es el gran creador del esperpento, subgénero dramático basado en la burla aparente, la crítica profunda y la animalización de los caracteres. Su trayectoria novelística  comienza por una etapa de Modernismo inicial (Sonatas); continúa con una fase intermedia (ciclo de la Guerra Carlista: Los cruzados de la causa, El resplandor de la hoguera, Gerifaltes de antaño); y, por último,la etapa del esperpento con el ciclo de novelas tituladas genéricamente «Elruedo ibérico»: Tirano Banderas, La corte de los milagros, Baza de espadas.

La narrativa de Pío Baroja es una mezcla de pesimismo y vitalismo; posee también ciertos tonos moralistas, radicales e individualistas. Sus obras nos presentan el proceso de aprendizaje de la vida de sus protagonistas a través de la experiencia y el diálogo. Baroja concibe la novela como «un saco donde cabe todo»; su aspiración es «escribir con sencillez». Su extensa producción novelística puede dividirse en las trilogías «La lucha por la vida» (La busca, Mala hierba, Aurora roja), «Tierra vasca» (Zalacaín el aventurero, La casa de Aizgorri, El mayorazgo de Labraz) y «La raza» (La dama errante, La ciudad de la niebla, El árbol de la ciencia).

José Martínez Ruiz, «Azorín» posee un estilo narrativo impresionista, con fuertes dosis de lirismo; una sintaxis nominal, preferencia por la frase corta, y predominio del presente en los tiempos verbales; sus novelas presentan una estructura fragmentada con predominio de lo descriptivo, reduciendo la trama argumental a lo mínimo; s


e aprecia asimismo un uso abundante del diálogo y una mínima acumulación de detalles. Algunas de sus obras son La voluntad, Las confesiones de un pequeño filósofo, o Doña Inés.
LA NARRATIVA DEL NOVECENTISMO O GENERACIÓN DEL 14se caracteriza por su anti-Realismo, anti-Romanticismo y anti-noventayochismo.Los escritores son cosmopolitas y europeístas. Defienden la pureza formal y estilística de sus obras, que pretenden configurar un arte selectivo y minoritario. Poseen una sólida formación universitaria y un marcado talante liberal. Se decantan por una novela deshumanizada, alejada del sentimiento; pretenden reflexionar sobre la inteligencia creadora del hombre. Destacan Gabriel Miró y Ramón Pérez de Ayala.
Gabriel Miró escribe novelas en las que prioriza el cuidado de la forma sobre el contenido como Las cerezas del cementerio, El obispo leproso, y Nuestro padre San Daniel.
Ramón Pérez de Ayala se caracteriza por su intelectualismo, lirismo, reflexión crítica, estilo retórico y academicista: La pata de la raposa, Troteras y danzaderas, A. M. D. G., Belarmino y Apolonio, Tigre Juan. En los años veinte surgíó una narrativa relacionada con LAS VANGUARDIAS Y LA GENERACIÓN DEL 27.
Su iniciador fue Ramón Gómez de la Serna. En general, en estas obras influyen las ideas de Ortega y Gasset, y los autores plantean la novela  como un juego intelectual, donde la trama se disuelve, la acción es mínima, se desdibujan los personajes, y lo que importa es la originalidad, el humor, la fantasía, el ingenio, el uso de la imagen y la metáfora y la construcción fragmentada. Se trata de una novela deshumanizada. Las novelas de Ramón Gómez de la Serna se inspiran en su biografía y reflejan el  mundo de su época. Concede relevancia a los temas prohibidos, en especial al sexo, y muestra su constante obsesión con la muerte. En El Novelista trata la historia de un novelista en busca de historias para sus novelas.


El humor y el ingenio serán las notas predominantes en novelas como Amor se escribe sin hache, de Enrique Jardiel Poncela.
Sin embargo, hacia 1930 comienza a rechazarse el arte y la literatura deshumanizados.  Entonces escribirán NOVELAS DE INTENCIÓN SOCIAL, es decir, humanizadas, escritores como Ramón J. Sender (Míster Witt en el Cantón), Rosa Chacel (Memorias de Leticia Val) o Max Aub (Campos). Muchos de estos escritores seguirán su producción en el exilio. Durante la Guerra Civil, se leerán en la zona republicana a autores como Sender, Arconada o Arturo Barea; en tanto que en la zona nacional, se escogerá a Concha Espina o a Agustín de Foxá.