Nihilismo y la transmutación de valores
Friedrich Nietzsche considera que la cultura europea ha llegado a su decadencia y al nihilismo. El nihilismo se define como la decadencia de los anteriores valores de la vida y la pérdida del sentido de la existencia. Es la vía del conocimiento que mantiene como verdad aquello que es fruto de una racionalización.
No es simplemente una teoría filosófica, sino la consecuencia de la historia de nuestra cultura occidental; una consecuencia propia de la muerte de Dios, de la ausencia de valores, de la falta de metas y respuestas. Representa el derrumbamiento de la divinidad, donde se ha perdido el sentido de orientación de nuestra existencia. Es el tiempo del último hombre, que da luz a un nuevo ser y a una nueva cultura.
La naturaleza del nihilismo
El nihilismo es un proceso ambivalente y dialéctico:
- Ambivalente: Posee dos caras. Por un lado, la negativa (el nihilismo pasivo), esencia de la tradición platónico-cristiana y símbolo de decadencia y desintegración de valores. Por otro lado, la positiva (nihilismo activo), entendida como voluntad de poder, característica peculiar de la vida y propia de aquellos que lograron entender su significado, apresurándose a destruir las ruinas de los viejos valores para construir otros nuevos, transmutando los existentes.
- Dialéctico: Es un movimiento o fuerza que va de lo negativo a lo positivo; consiste en negar para afirmar y destruir para crear.
La vida y la voluntad de poder
La vida es voluntad de poder: voluntad de ser más, de vivir más, de superarse, de demostrar una fuerza siempre creciente; es, en esencia, voluntad de crear. La voluntad de poder no es un mero poder de conservación, sino una voluntad de expansión, de desarrollo del poder, de fuerza y de potencia vital que está presente en todo ser vivo.
El mundo, el hombre y la vida son voluntad de poder. Su interés por los valores morales hace que la voluntad de poder sea, en gran medida, una voluntad creadora de valores nuevos y aniquiladora de los tradicionales. También en el conocimiento se revela la voluntad de poder, ya que conocer es dominar. Todo conocimiento supone valoración y selección: interesan unas ideas y se abandonan otras, según beneficien o no a la vida.
Apolíneo y dionisíaco
Este concepto se remonta a los presocráticos. La obra griega no es solo fruto de la dimensión apolínea, sino también de la dionisíaca. Las fuerzas originarias de la cultura griega habían sido dos fuerzas estéticas que se combaten mutuamente, pero que no pueden existir una sin la otra. La tragedia clásica griega nos muestra estas dos fuerzas que componen la realidad:
- Lo dionisíaco contiene los valores de la vida. El espíritu dionisíaco deriva del dios Dionisos (Baco en Grecia), asociado a las tinieblas y la noche, la borrachera, el desenfreno y la música. Es el flujo profundo de la vida misma, lo pasional, que rompe todas las barreras de la realidad concreta e ignora todas las limitaciones.
- Lo apolíneo contiene los valores de la razón. El espíritu apolíneo deriva del dios Apolo y simboliza la luz, la armonía racional, la perfección, la serenidad, la medida y el límite. Es el principio de individualización de las realidades sensibles, del orden social y de todo lo determinado y delimitado.
El arte trágico es una valiente y sublime aceptación de la vida, un «sí» a la vida a pesar del dolor que esta comporta. La realidad básica y fundamental es lo trágico: la vida y la muerte, la luminosidad del día y las tinieblas de la noche.
La crítica a Sócrates
Sócrates es un personaje antigriego y antitrágico, adversario de Dionisos. Sócrates supone el triunfo de la razón sobre lo trágico, un mundo al revés donde los elementos morales e intelectuales se impusieron. Considerado por Nietzsche como un gran corruptor, Sócrates impone el optimismo de la ciencia y prefirió la muerte a la vida.
Es necesario recuperar la visión trágica del mundo. Nietzsche es el gran defensor de la actitud dionisíaca de aceptación de la vida tal como es. En la realidad hay dolor y destrucción, pero el camino superior para enfrentarse a esta realidad no es la renuncia ni el ascetismo, sino el arte, un arte que afirme la vida en su plenitud.
Superhombre
El superhombre pretende superar el nihilismo a través de la muerte de Dios, la voluntad de poder y la teoría del eterno retorno. En este nuevo tiempo, no hay ideales, normas, principios ni valores por encima de nosotros mismos. Mientras que el hombre de la vida moderna solo busca la comodidad y el placer cotidiano sin metas ideales, el hombre nuevo constituirá el polo opuesto al último hombre.
El superhombre es el nuevo Dios, un Dios terrenal que va a crear nuevos valores: los valores de la vida. Tiene un carácter terrestre y está aferrado a esta tierra. Es la meta hacia donde camina la historia, un estado al que llega el ser humano cuando haya renunciado y rechazado la actual tabla de valores (el ideal cristiano-judaico-democrático). Es una mezcla de sensibilidad y coraje, de intuición y poder.
Las tres transformaciones
El superhombre es fruto de sucesivas transformaciones de autosupresión, representadas por tres imágenes:
- El camello: Se arrodilla para cargar con el peso que le arroja el gran Dragón (los valores tradicionales y el «tú debes»).
- El león: Representa la fuerza de la humanidad que se rebela y ya no está dispuesta a seguir sometida a las leyes divinas y humanas (el «yo quiero»).
- El niño: Representa la inocencia, el olvido y un nuevo comienzo; es mirar las cosas sin los prejuicios de los mayores.
Con la llegada del superhombre surge una nueva visión de la moral, el mundo y el ser humano. Se supera el nihilismo con un nuevo tipo humano confiado en sus fuerzas, sin más leyes que las propias y que se da a sí mismo la finalidad que le apetece.
Eterno retorno
No hay más mundo que este; Nietzsche niega cualquier trasmundo. El eterno retorno tiene un sentido axiológico y moral: es el supremo valor, la fidelidad a la tierra, el sí a la vida y al mundo surgido de la voluntad de poder. Simboliza que este es el único mundo, un mundo que gira sobre sí mismo pero que no avanza linealmente hacia un fin externo. A través del deseo de que todo sea eterno, la filosofía de Nietzsche se convierte finalmente en una filosofía afirmativa.