Novela y teatro españoles (1900–1936): Baroja, Unamuno, Valle-Inclán, Lorca y las vanguardias

Pío Baroja

Pío Baroja fue el novelista más prolífico de la generación de principios de siglo. Organizó su producción en trilogías, que inicia con los cuentos de Vidas sombrías (1900) y continúa con Camino de perfección (1902).

Obra más significativa: El árbol de la ciencia (1911), una novela triste, filosófica y parcialmente autobiográfica.

Baroja distingue dos etapas de su creación novelística, a las que hay que añadir una tercera correspondiente a los últimos años de vida del autor:

Primera etapa (1900 a la I Guerra Mundial)

Escribe obras muy importantes, con protagonistas caracterizados por su inadaptación social y su enfrentamiento con el mundo y su suerte.

  • Algunas obras del momento: Camino de perfección (1902), El árbol de la ciencia (1911).

Segunda etapa (hasta la Guerra Civil española)

Es un fecundo creador de novelas, muchas de ellas de aventuras.

  • Proyecto más ambicioso del momento: la serie Memorias de un hombre de acción (veintidós novelas publicadas entre 1913 y 1935).

Tercera etapa (durante el franquismo)

La capacidad creativa de Baroja decae. Su obra más relevante de este periodo son sus memorias. Baroja proclamó la libertad absoluta para el escritor.

La novela es un género en el que cabe todo: desde la reflexión filosófica o psicológica hasta la aventura y la crítica.

Rasgos de su narrativa

  • Novelas centradas en un personaje —activo y dominador o pasivo y sin voluntad—.
  • Abundancia de acción y diálogos.
  • Marcada presencia del narrador a través de comentarios y reflexiones.
  • Descripciones impresionistas a base de pinceladas.
  • Cierto desaliño expresivo (exagerado por los críticos).

Miguel de Unamuno

Miguel de Unamuno concibe la novela como medio de expresión de problemas filosóficos y existenciales.

El eje de su producción literaria es el ansia de inmortalidad, relacionada con el conflicto entre fe y razón, que da lugar a una fe agónica.

Entre sus novelas destacan: Niebla, Abel Sánchez.

Ramón del Valle-Inclán

Este autor evoluciona desde el esteticismo modernista de las Sonatas al vanguardismo de los esperpentos en Tirano Banderas.

Su producción novelística se organiza en cuatro bloques:

  • Las Sonatas
  • La trilogía sobre la Guerra Carlista y los esperpentos
  • Tirano Banderas
  • La serie inconclusa del Ruedo Ibérico

La novela novecentista (1914–…)

En torno a la figura del filósofo José Ortega y Gasset se reúne un grupo de intelectuales que postula la pureza normativa y estilística de sus obras; pretenden mostrar un arte selectivo y minoritario.

Poseen una sólida formación universitaria y un marcado talante liberal; se decantan por una novela deshumanizada, alejada del sentimiento. Su pensamiento se basa en el europeísmo, el optimismo vital y el reformismo político.

Novelistas que destacan

Ramón Pérez de Ayala (la novela intelectual)

Creó una novela experimental, preocupada por el tema de la conciencia; utilizó una técnica teatral e historias intercaladas, ensayando distintas formas de plantear el perspectivismo narrativo.

Principales novelas: AMDG (1910), Tigre Juan (1924), considerada su mejor obra.

Gabriel Miró (la novela sensorial)

Cultiva una novela predominantemente lírica, en la que prima la emoción; abundan minuciosas descripciones con fuerte carga sensorial a través del predominio de la sinestesia.

Obras más significativas: Las cerezas del cementerio (1910), Nuestro padre San Daniel (1921).

La novela vanguardista (1920–)

Los movimientos artísticos de vanguardia pretendieron una ruptura radical con todo el arte anterior. En la novela se manifiesta esta ruptura por la descomposición de la trama tradicional, el culto al mundo moderno, urbano y tecnificado, y una actitud lúdica y escapista, con predominio del tono sarcástico e irónico.

En España destacan dos autores vanguardistas:

Ramón Gómez de la Serna

Autor enormemente prolífico, animador cultural y literario del Madrid de los años 20 y 30, e impulsor de los movimientos de vanguardia.

En sus novelas presenta una visión imaginativa, a veces disparatada e inverosímil, de la vida contemporánea, con un fuerte componente autobiográfico, donde impera el tema erótico y la obsesión por la muerte.

Obras: La viuda blanca y negra (1918), El incongruente (1921), Cinelandia (1923).

Benjamín Jarnés

Representa al grupo de narradores que complementa a los poetas de la generación del 27. Sus novelas giran en torno a un único personaje y proclaman un ideario de libertad y de afirmación del goce de vivir. Formalmente, se caracterizan por su fragmentarismo y su virtuosismo estilístico.

Obras: Locura y muerte de nadie (1929), Escenas junto a la muerte (1931), Lo rojo y lo azul (1932).

Teatro: líneas principales

El teatro de la época se divide en tendencias comerciales y renovadoras, con autores que transitan desde el teatro tradicional hasta propuestas experimentales y poéticas.

1. Teatro comercial

Obras convencionales que responden a los gustos de un público mayoritariamente burgués y a los intereses de empresarios y grandes actores. Conviven varias líneas:

a) La comedia burguesa de Jacinto Benavente

Es un teatro concebido como instrumento de evasión e ilusión. Destacan Rosas de otoño y Los intereses creados. Resalta por su habilidad escénica, su ingenio y la fluidez de sus diálogos.

b) El teatro cómico

Concebido como medio de diversión y evasión. En él destacan los hermanos Álvarez Quintero (La reja, El patio).

c) El teatro poético

Dramas históricos en verso que pueden relacionarse con el deseo de evasión del presente característico del fin de siglo. Genera obras antirrealistas que mitifican nostálgicamente el pasado español, exaltando valores tradicionales conservadores.

Lo cultivan autores como Eduardo Marquina (En Flandes se ha puesto el sol, Las hijas del Cid), Francisco Villaespesa (El alcázar de las perlas) y los hermanos Machado (La Lola se va a los puertos).

2. Teatro innovador

Carácter experimental y al margen de los gustos del público y de los intereses comerciales. Incorpora nuevas técnicas escénicas, dando especial importancia a la escenografía. Abandona el realismo y recupera formas teatrales primitivas: tragedia, auto sacramental y farsa.

Con la excepción del teatro de Lorca, en general se trata de obras con escasa presencia en los teatros de la época, pero más sugerentes e innovadoras desde un punto de vista estético. Además del teatro filosófico y experimental de Unamuno y Azorín, las dos grandes figuras del teatro español de esta etapa son Valle-Inclán y Lorca.

2.1 Ramón del Valle-Inclán

Se caracteriza por su ruptura con las convenciones del teatro comercial y una constante renovación temática y formal. Su teatro evoluciona desde el esteticismo modernista a una literatura crítica, basada en una feroz distorsión de la realidad: el esperpento.

Su obra dramática puede clasificarse en tres ciclos:

Ciclo mítico

Incluye obras ambientadas en una Galicia arcaica, violenta y patriarcal, un espacio mítico regido por fuerzas primarias. Las Comedias bárbaras y Divinas palabras son representativas de este ciclo.

Farsas

Piezas cómicas breves, de carácter burlesco y satírico, con introducción de elementos grotescos, en las que recrea burlonamente un siglo XVIII galante y cortesano. Anticipan la estética del esperpento: La marquesa Rosalinda, Tablado de marionetas.

Esperpentos

Se definen por la denuncia de un mundo dominado por la brutalidad y el absurdo. En este ciclo lo grotesco se mezcla con lo trágico. La obra más representativa es Luces de bohemia, que es una crítica feroz de la miseria, la corrupción y la ignorancia de la España de principios de siglo.

2.2 El teatro de Federico García Lorca

Federico García Lorca, principal dramaturgo de la generación del 27, desarrolla una fórmula dramática esencialmente humana y poética, de alcance universal y radicalmente opuesta al teatro comercial de su tiempo. El tema central de su obra es la frustración.

La frustración aparece proyectada mediante motivos temáticos recurrentes: el amor y el sexo como fuerzas vitales que mueven al hombre (aunque suelen terminar en fracaso), la muerte y el destino trágico de los personajes, y las normas e imposiciones sociales como causa principal de la frustración y la marginación de los seres diferentes (especialmente las mujeres), condenados a un destino trágico.

Lorca concibe el teatro como un espectáculo total, en el que la escenografía, el color, la luz, la danza y la música adquieren protagonismo junto a la palabra. Su teatro tiene raíces universales, con influencia de Shakespeare, la tragedia griega y el teatro clásico español. El lenguaje dramático de Lorca combina prosa y verso y presenta una gran intensidad simbólica, con raíces populares y cultas.

Su obra dramática puede clasificarse del siguiente modo:

1. Teatro simbolista y poético

Comienza componiendo un teatro simbolista cuyo tema primordial es la frustración amorosa, sin el componente trágico de sus últimas obras. Engloba sus primeras piezas: teatro poético y de títeres.

  • El maleficio de la mariposa, primera obra del autor, con fuerte influencia del teatro simbolista europeo.
  • Mariana Pineda, renovación del drama en verso modernista.
  • Farsas: Retablillo de don Cristóbal, La zapatera prodigiosa.
2. Obras de vanguardia (en torno a 1929)

En estos años Lorca experimenta con el lenguaje surrealista, dando lugar a obras audaces e imaginativas, en las que realiza una reflexión metateatral sobre la «verdad oculta» tanto del individuo como del teatro. No fueron representadas en su tiempo; son los «misterios» o «comedias imposibles»: Así que pasen cinco años, El público, Comedia sin título, en las que rompe con la lógica, juega con la simbología de los personajes y da entrada al mundo de los sueños.

3. La plenitud

A partir de los años treinta, Lorca da un giro hacia un teatro más social, buscando un público más amplio. En esta línea escribe Doña Rosita, o el lenguaje de las flores, que aborda el drama de la soltería como frustración vital.

La fórmula dramática que le dio mayor éxito es la trilogía dramática de la tierra española, con tres obras centrales del teatro del siglo XX: Yerma, Bodas de sangre y La casa de Bernarda Alba. Compuestas entre 1932 y 1936, se basan en el drama rural y recrean de forma poética la realidad andaluza, alcanzando gran intensidad dramática; constituyen síntesis y plenitud de la dramaturgia lorquiana.