Transformaciones y Conflictos en la Segunda República Española (1931-1936)

El Bienio Reformista (1931-1933)

Tras la aprobación de la Constitución de 1931, el presidente Alcalá-Zamora encargó el gobierno a Manuel Azaña, quien gobernó con apoyo socialista. Su objetivo fue aplicar un amplio programa de reformas para modernizar España y resolver problemas estructurales, aunque tuvo que hacerlo en un contexto económico muy difícil debido a la crisis que provocó el paro, entre otros factores.

  • Reforma agraria (1932): Pretendía modernizar la agricultura y mejorar la vida de los campesinos. Se creó el Instituto de Reforma Agraria, que expropiaba tierras mal cultivadas o poco explotadas a cambio de una indemnización. Su aplicación fue lenta por falta de presupuesto y la oposición de los terratenientes.
  • Reforma educativa: Buscaba reducir el analfabetismo extendiendo la educación pública. Se proyectó la construcción de escuelas y la contratación de maestros. Destacan las Misiones Pedagógicas, con la participación de figuras como Federico García Lorca y Luis Cernuda.
  • Reforma militar: Intentó crear un ejército moderno y fiel a la República. Se obligó a los militares a jurar fidelidad, se redujo el número de oficiales y se reorganizó la estructura castrense, lo que provocó rechazo en sectores conservadores.
  • Reforma laboral: Impulsada por Francisco Largo Caballero, estableció la jornada de 40 horas, el derecho a huelga y la negociación colectiva, regulando también el trabajo en el campo, lo que generó oposición entre empresarios y patronos.

En el ámbito territorial, se aprobó el Estatuto de Autonomía de Cataluña, provocando una fuerte división entre centralistas y autonomistas. El gobierno enfrentó una fuerte oposición: en 1932, Sanjurjo intentó un golpe de Estado fallido, surgieron grupos de extrema derecha como la Falange y el caso de Casas Viejas, con su dura represión policial, debilitó gravemente al ejecutivo, provocando la dimisión de Azaña y la convocatoria de elecciones en 1933.

El Bienio Conservador (1933-1935)

Las elecciones de 1933, las primeras con voto femenino, dieron la victoria a la derecha. El presidente Alcalá-Zamora encargó formar gobierno a Alejandro Lerroux, con el apoyo de la CEDA. Este periodo se caracterizó por frenar o anular las reformas del bienio anterior:

  • Se paralizó la reforma agraria y se devolvieron tierras a antiguos propietarios.
  • Se detuvieron las reformas militares y educativas, se favoreció a la Iglesia y se bloquearon los estatutos de autonomía.
  • Se colocó en puestos clave a militares como Francisco Franco, Emilio Mola y Manuel Goded.

En 1934, la entrada de la CEDA en el gobierno fue vista por la izquierda como un peligro de fascismo, desencadenando la Revolución de Octubre. En Asturias, los mineros protagonizaron una insurrección duramente reprimida por el ejército bajo el mando de Franco. En Cataluña, se proclamó el Estado catalán, pero la rebelión fue sofocada. El gobierno se debilitó por divisiones internas y escándalos de corrupción, como el Estraperlo, provocando la caída de Lerroux y nuevas elecciones en 1936.

El Frente Popular (1936)

En las elecciones de febrero de 1936 ganó el Frente Popular, una coalición de partidos de izquierda. Manuel Azaña volvió al poder y posteriormente fue nombrado presidente de la República. El nuevo gobierno aplicó el programa pactado:

  • Concedió una amnistía a los encarcelados por la revolución de 1934.
  • Restauró la autonomía de Cataluña.
  • Retomó la reforma agraria y restituyó cargos municipales de izquierdas.

Sin embargo, la situación política y social se deterioró rápidamente con huelgas, conflictos laborales y violencia política. La tensión alcanzó su punto máximo con los asesinatos del teniente José del Castillo y, como represalia, del líder monárquico José Calvo Sotelo en julio de 1936. Este hecho aceleró la conspiración militar y, el 17 de julio de 1936, se produjo la sublevación del ejército, iniciando la Guerra Civil Española.