Fundamentos del Materialismo Histórico y la Crítica a la Sociedad

SOCIEDAD / POLÍTICA

En conclusión, la infraestructura determina la conciencia. Por tanto, para acabar con la alienación no basta con cambiar de opinión (teoría), sino que es necesaria una praxis revolucionaria. La dialéctica de la lucha ha estado presente en todas las épocas, dando lugar a la sustitución de unos «modos de producción» por otros: de un sistema de producción primitivo a otro esclavista y, de este, al feudal hasta llegar al modelo capitalista.

En la actualidad, esta lucha de clases se centra en dos grupos o clases sociales antagónicas: la burguésía (propietaria de los medios de producción) y el proletario (que solo posee su fuerza de trabajo). Desde aquí, Marx pronostica que las contradicciones inherentes al capitalismo, unidas a una intervención revolucionaria por parte del proletario, determinarán el fin de la burguésía a manos de su antítesis: el proletariado. Siguiendo la dialéctica de la historia, el capitalismo dará paso al comunismo en dos fases:

La primera, la del Estado socialista, entendiendo por tal una «dictadura del proletariado«: un modelo de Estado en el que el poder esté en manos del proletariado para poder llevar a cabo su programa político. Para lograrlo será clave la supresión de la propiedad privada.

Esta primera fase habrá de ser superada, dando paso al comunismo, caracterizado por la supresión del Estado y de toda división entre clases sociales.

Dios

Para Marx, la religión es «el opio del pueblo»: una mera ideología que persigue adormecer la praxis revolucionaria, ofreciendo «consuelo» en un más allá ilusorio (el cielo o paraíso), con el fin de olvidar las situaciones de explotación e injusticia. Según Marx, la fuente y el origen de toda alienación es de tipo económico, dado que son las condiciones materiales de la infraestructura económica y social las que determinan nuestras ideas y construcciones mentales, así como las instituciones políticas de una determinada sociedad (superestructura)
.  En este contexto, la función de la superestructura consiste en legitimar y justificar esa alienación económica, por lo que esta se convierte en el origen y la fuente de toda otra alienación, ya sea social, política, jurídica, filosófica o religiosa. En este sentido, el trabajo alienado conduce a la alienación social, dando lugar a una sociedad dividida. La alienación económica determina también la existencia de un Estado que depende y justifica las desigualdades nacidas del trabajo (alienación política)
, creando leyes que protegen a toda costa la propiedad privada (alienación jurídica)
.

Según Feuerbach, la solución a la alienación religiosa consistía en una toma de conciencia de que Dios no es más que una creación del ser humano: una proyección de su esencia. Para Marx, la solución que propone Feuerbach es teórica, con lo que no soluciona nada. En este sentido, la alienación religiosa solo será superada cuando cambien las condiciones materiales que dan lugar a la misma; es decir: cuando se supere la alienación económica que está en el origen de la religión

ANTROPOLOGÍA

Sostiene que el hombre no es un ser espiritual, como un alma o un «yo pensante», tal y como defendían Hegel y los filósofos idealistas, sino que es un ser natural, puramente material y esencialmente activo.
Según Marx, el ser humano tiene necesidades que solo se satisfacen mediante el trabajo.
Gracias a esta actividad, el hombre se apropia de la naturaleza para poder reproducir su vida, pero no lo hace de forma pasiva: la humaniza al plasmar sus ideas y sus proyectos en ella. De este modo, mediante la transformación del mundo, el hombre se realiza a sí mismo como persona.

Este proceso implica una doble relación fundamental. Por una parte, existe una relación natural con la «naturaleza» por la que el hombre sobrevive; por otra, se establece una relación social, ya que el trabajo fuerza a los individuos a cooperar entre sí. Para Marx, el hombre solo llega a ser humano mediante el trabajo, y sostiene que el lenguaje, la autoconciencia y el mismo pensamiento tienen una base material porque surgen de esta actividad. Por todo ello, concluye afirmando que «la esencia del hombre surge del trabajo».

Sin embargo, en el sistema capitalista, el hombre al trabajar «contradice su propia esencia». Lejos de realizarse, termina deshumanizándose en un proceso llamado alienación.
Marx reformula este término para explicar cómo una persona es desposeída de algo que le pertenece, generándose una «falsa conciencia» o una imagen distorsionada de la realidad. La fuente de toda esta alienación es de tipo económico, ya que las condiciones


materiales de la infraestructura (la base económica de la sociedad) son las que determinan la superestructura (nuestras ideas, leyes e instituciones políticas).

Dentro de esta infraestructura, Marx diferencia entre las fuerzas productivas (herramientas, tecnología y la propia fuerza de trabajo humana) y las relaciones de producción (las relaciones sociales y las clases sociales que surgen del trabajo). En el capitalismo, el trabajo es alienado porque el hombre no puede humanizar la naturaleza; queda convertido en una mera mercancía que se compra y vende por un salario. Esta situación genera una alienación social que divide a la sociedad en clases, una alienación política donde el Estado protege la propiedad privada mediante las leyes y la fuerza, y una alienación religiosa.

Sobre la religión, Marx afirma que es el «opio del pueblo».
Se trata de una ideología que adormece la praxis revolucionaria ofreciendo un consuelo en un «más allá» ilusorio (el paraíso) para que el trabajador olvide las situaciones de explotación e injusticia que sufre en su vida material. Marx critica a Feuerbach porque considera que su solución es solo teórica. No basta con «ser consciente» de que Dios es una creación humana; la alienación religiosa solo se superará cuando cambien las condiciones materiales de la infraestructura económica. Por lo tanto, el ser humano solo podrá realizarse en una sociedad que sea justa, racional y libre, algo que solo se conseguirá mediante una praxis revolucionaria que transforme el modo de producción.

ANTROPOLOGÍA

Este sería, más o menos, el proceso:

Con la multiplicación de la especie, los bienes empiezan a escasear. Ello fuerza al individuo a cooperar con otros, por pura necesidad, olvidando poco a poco su bien más preciado: su «libertad natural«.

Aparece de este modo la familia (una pequeña forma de «sociedad») y las primeras formas de «lenguaje» dirigidas a la cooperación o trabajo.

Por otra parte, al verse obligados a convivir y trabajar unos con otros, surgen las comparaciones.
A partir de este momento, el individuo construye su identidad en referencia «al otro» y no a uno mismo. De este modo aparecen sentimientos desconocidos por el ser humano, tales como la vanidad, la envidia, la rivalidad o el desprecio hacia el otro.

Más tarde, con la aparición de la metalurgia y de la agricultura, surge la propiedad privada y, con ella, la desigualdad.

A diferencia de Locke, Rousseau está convencido de que la propiedad privada no tiene su origen y fundamento en el trabajo, sino que es fruto de la usurpación, el robo o la apropiación de lo que es de todos. Un robo que dará lugar a la violencia, generando así un clima de inseguridad. Será este clima de inseguridad y de violencia, junto al poder de convicción demostrado por los ricos a la hora de convencer al resto de la conveniencia de poner fin a las hostilidades, lo que empuje al individuo a abandonar el estado de naturaleza y vivir en sociedad.

Pero al hacerlo acabará pagando un precio muy alto. En concreto, el sano «amor a sí mismo» que caracteriza al ser humano por naturaleza desaparecerá, hasta ser suplantado por el «amor propio» o egoísmo. Lo mismo ocurrirá con esa piedad o compasión natural que sentía ante el sufrimiento de otro ser humano. Toda esa bondad natural será sofocada por el odio y la envidia.

Este será el precio a pagar por vivir en sociedad. Mediante un pacto o contrato, los individuos renuncian a sus derechos con la esperanza de vivir en un clima de seguridad y paz (paz social). Por su parte, el Estado se compromete a garantizar el «orden» en dicha sociedad, entendiendo el término «orden» en su sentido más amplio. Y es que el Estado no solo será el encargado de garantizar que no se produzcan conflictos, sino que se empleará a fondo para mantener el «orden establecido». Un «orden» que es totalmente injusto y desigual, pues se ha edificado sobre el robo y la propiedad privada. Para garantizar ese «orden social», el Estado se servirá de las leyes y del uso de la fuerza. Unas leyes que, con el fin de asegurar la propiedad privada, no dudan en anular la libertad natural y la autonomía del individuo. Según Rousseau, en el origen de las leyes de toda sociedad están el robo y la usurpación.

La conclusión a la que llega Rousseau tras este análisis no puede ser más demoledora:

«la vida en sociedad corrompe al hombre»

El Estado no solo es el responsable de las desigualdades económicas y sociales, sino que también es culpable de la pérdida de libertad y autonomía del individuo y de su degeneración moral.