La novela después de la Guerra Civil

Rasgos de estas novelas son:

-Temática centrada en los problemas existenciales : la lucha por la supervivencia, la angustia ante la muerte, la fugacidad de la vida, la soledad…

– Protagonistas marcados por el pesimismo: la trama se centra en el mundo interior de un solo personaje protagonista y en la lucha interna que sufre (el protagonista es un inadaptado, antiburgués, rebelde, amoral, fracasado, que a veces llega a la destrucción total).

– Preocupación por España: Reflejan la inquietud por la decadencia política y social de España.

– La historia, lo que se cuenta, pierde importancia, el argumento se fragmenta o reduce (escasa acción y mucha reflexión), ya que no interesa retratar la realidad exterior, sino la repercusión de esta en la conciencia de los personajes.

– Narración fragmentada: la narración suele fragmentarse en estampas, en una selección de momentos significativos del protagonista, mezclados con reflexiones.

– Reaparición de la novela dialogal (el narrador cede la voz a los personajes que a través de sus diálogos expresan sus conflictos existenciales).

– Antirretoricismo: las novelas, en general, se caracterizan por un estética antirretoricista, con frases breves que transmiten su pensamiento de forma sencilla.

Pío Baroja, Baroja, que escribíó escribíó fundamentalmente talmente novelas, novelas, fue un hombre marcado por su persona personalidad pesimista y su car a y su carácter solitario y am io y amargado, lo que le l gado, lo que le llevó a reflexionar sobre l reflexionar sobre los comportamientos portamientos humanos, denunciando nunciando a menudo a menudo la crueldad crueldad y poniéndose siempre siempre del lado de los necesitados y de sitados y de los marginados. Marginados. Sus novelas reflejan una concepción pesimista de la vida y del mundo: la vida es incomprensible, dolorosa, cruel. Muestran su visión crítica del ser humano y su postura hostil hacia la sociedad.


Principales rasgos de sus novelas:

– Marcada presencia del narrador a través de comentarios y reflexiones.

– Novelas centradas en un personaje: alternan protagonistas inadaptados, insatisfechos, enfrentados con el mundo que se abstienen de actuar porque toda acción causa dolor con protagonistas activos, aventureros, arrogantes, que reflejan una aspiración ideal del autor.

– Temas más frecuentes: el retrato de las clases más bajas de ciudades como Madrid; la recreación de ambientes y situaciones cotidianas, como si fuera un testigo presencial; la descripción de paisajes en los que sumerge al protagonista; la descripción de sus propias vivencias en forma de memorias.

-Acción y diálogos abundantes.

– Descripciones impresionistas a base de pinceladas o unos pocos detalles físicos y psicológicos.

– Estilo claro, de prosa espontánea y ágil, de frases cortas y párrafo breve.

Fue un prolífico novelista en cuya obra se pueden distinguir tres etapas:

PRIMERA ETAPA: Etapa de mayor creatividad. Destacan: Camino de perfección, La busca, El árbol de la ciencia, Zalacaín el aventurero o Las inquietudes de Shanti Andía… Son las novelas que reflejan mejor la personalidad de Baroja y que expresan más claramente el espíritu del 98. Presentan a personajes que intentan buscar sentido a su existencia; algunos son seres en conflicto consigo mismos y con el medio, que acaban sucumbiendo; otros son hombres de acción que sueñan con la libertad.

SEGUNDA ETAPA: Predominan las obras de temática histórica. Lo más interesante de este periodo es la serie Memorias de un hombre de acción, que cuenta las aventuras de un antepasado del autor, Eugenio de Avinareta, conspirador y guerrillero del Siglo XIX. Son un intento de escribir novela histórica en la línea de los Episodios nacionales de Galdós.

TERCERA ETAPA: Desaparecen de sus escritos la fuerza crítica y los ataques a la sociedad. Tampoco aparecen héroes de acción. De esta última época destacan sus memorias, tituladas Desde la última vuelta del camino.


 (Premio Nobel de Literatura en l989) Aunque su obra es muy variada, se pueden apreciar en ella unos temas comunes: la guerra civil y sus consecuencias; y la sociedad española en su conjunto, a la que satiriza grotescamente. Toda su narrativa refleja un profundo pesimismo. Su actitud es la de un espectador distanciado y burlón, con un humor negro, amargo, desgarrado y cruel. Sin embargo, a veces manifiesta ternura por algunos seres desvalidos y adopta un tono lírico. En general, ofrece una visión deformadora del mundo, cercana al esperpento de Valle-Inclán. Su estilo se caracteriza por la riqueza expresiva en la descripción de tipos y ambientes; también se distingue por su afán de experimentar nuevas técnicas narrativas. 

Primera etapa (años cuarenta): a ella corresponden La familia de Pascual Duarte y Pabellón de reposo. En La familia de Pascual Duarte se narra la historia de un campesino extremeño quien, condenado a muerte, recoge por escrito su sórdida vida, llena de acontecimientos truculentos, asesinatos, violencia y horrores diversos. Se advierten en ella variadas influencias: la novela picaresca, las novelas naturalistas… Todo ello unido da como resultado una obra que, al seleccionar los aspectos más desagradables de la realidad y recrearse a veces en ellos, propone una nueva estética que se denominó Tremendismo.

Segunda etapa (años cincuenta): introduce el Realismo social con La colmena, (considerada la obra maestra de Cela )Publicada en Buenos aires, debido a la censura, marca la transición entre la narrativa existencial de los 40 a la nueva novela social: en ella se presenta la miseria física y moral del Madrid de la posguerra en un mosaico de decenas de personajes (más de 300) que se entrecruzan e intentan sobrevivir. Adelanta así rasgos de la narrativa social como el del personaje colectivo ( no hay un protagonista definido), la concentración espacio-temporal (tres días y zonas concretas de Madrid) y la tendencia a la objetividad del narrador. La estructura “novela reloj”, se fragmenta en múltiples secuencias breves.

Tercera etapa (desde los años sesenta): se deja influir por la corriente experimental. A esta época pertenecen novelas como San Camilo, 1936, en la que refleja de manera grotesca los primeros días de la Guerra Civil en Madrid y Mazurca para dos muertos, ambientada en la Galicia rural de los años 30.